sábado, 6 de noviembre de 2021

EL TERRORISTA BOYE

Publicado en Minuto Crucial el 29/10/202021



1988. Durante 249 días de ese año, el empresario Emiliano Revilla estuvo secuestrado por ETA en un zulo bajo una vivienda de la calle Belisana, cerca de Arturo Soria, en Madrid. A menos de 100 metros, un familiar mío tenía allí su casa. Alguna vez en aquellos días estuve yo en ella sin que fuéramos conscientes ninguno del calvario que estaría pasando tan cerca de nosotros ese hombre. Suplicio que sólo acabó con el pago de una cantidad a ETA que, según algunas fuentes, habría rondado los 1000 millones de pesetas y otras aventuran en el doble.

El que sí era muy consciente de aquel sufrimiento era Gonzalo Boye, un por entonces veinteañero chileno miembro de un grupo terrorista de su país, el MIR, que fue detenido en 1992 en Madrid y condenado en 1996 por colaborar en el secuestro del empresario soriano. Por esa acción recibió un suculento pago de ETA, según se dice en la sentencia. Fue condenado a 14 años de prisión y al pago de 200 millones de pesetas que no consta que haya realizado. Emiliano Revilla nunca se los reclamó.

Estamos hablando del mismo Gonzalo Boye que ahora es abogado de Valtonic, Puigdemont y, según hemos sabido estos días, también de Alberto Rodríguez, exdiputado de Podemos. Se sacó su carrera de Derecho en la cárcel, donde descubrió que la mejor forma de atacar nuestro sistema democrático es desde dentro y en la que, como el conde de Montecristo, tuvo tiempo de planificar su venganza, en este caso, contra el país que lo acogió.  Ha sido abogado, entre otros, de Marcial Dorado, el narco gallego que apareció en una foto con el ahora presidente de la Junta de Galicia, Feijóo. También lo fue de ultraderechistas colombianos y en su despacho ha colaborado como perito informático el también ultraderechista Emilio Hellín, asesino de Yolanda González en 1980. De modo que su militante izquierdismo tiene, como casi todo en esta vida, un precio valorable en billetes.

Cuando se le cita en los medios, nunca se alude a su pasado. En mentideros de juristas y periodistas se le tiene por persona peligrosa y vengativa. Incluso, al parecer, es posible que se haya dedicado a demandar con cantidades millonarias a periodistas que sacaban su historia a relucir para reclamarles un presunto “derecho al olvido”. O sea, que no le interesa que se lo encasille por su pasado.

Lo que pasa es que a lo mejor es el futuro el que se va a empeñar en recordarnos quién es en realidad, porque es posible que acabe en la cárcel de nuevo. Está imputado por blanqueo y falsificación en un caso contra uno de sus “insignes” clientes, el narco Sito Miñanco. La lista de  esos clientes, como vemos, no parece la típica de un activista de izquierdas: narcos, asesinos, golpistas… La pena podrían ser otros 6 años en los que, posiblemente, le daría tiempo a sacarse otra carrera. En esa cabeza cabe todo.

Por todo ello, sorprende quizá que una persona como Alberto Fernández, que se dice pacífica e inocente del delito de haber pateado a un policía recurra a este personaje. Bueno, digo yo que a alguno le sorprenderá, a mí no. En Podemos y en el resto de la izquierda radical llevan muy a gala lo de ser antisistema y eso no se queda en meras actuaciones pacíficas o declaraciones. Ahí tenemos a Isa Serra,  Rita Maestre o “el Pancetas” del SAT como ejemplos.

La izquierda que tenemos hoy no tiene nada de social ni de moderna sino mucho de violenta y profundamente atrasada y brutal. No es la izquierda alemana ni la francesa. Ni es el laborismo británico ni tampoco nada parecido a los demócratas norteamericanos. Es algo muy similar a la izquierda iberoamericana, trufada de odio, de resentimiento y de violencia. De esa izquierda profundamente antiespañola y radical llegaron el propio Boye, Pisarello, Echenique o Dante Fachín, entre otros. Tenemos una izquierda que no quiere construir nada sino tras haberlo derribado todo antes.

Un día aclaman las lágrimas de cocodrilo de Otegi y al otro salen a la calle a defender a los presos etarras que, para ellos, no están en la cárcel por asesinos sino que son “presos políticos”. También, en definitiva, es una izquierda que defiende a narcotraficantes a la vez que pide la legalización del cannabis. Todo en ellos es muy coherente…

Lo mejor que podemos hacer es encerrarlos lo antes posible porque, si no, acabaremos encerrados por ellos, como Boye hizo con Emiliano Revilla y como Otegi hizo con Luis Abaitua.  Eso, si no nos matan antes, porque estamos en manos de terroristas y nosotros mismos, con nuestra indolencia, nos ponemos el cañón de su pistola en nuestra sien.

El agujero del donut

Publicado en Minuto Crucial el 15/10/2021

 

Si España fuera un donut, Madrid no existiría. Esa frase taaaaaaaan ingeniosa la hemos oído desde siempre a periféricos más o menos achispados. A personas que cargan contra “Madriz” o “Madrit” con una falsa superioridad que, en realidad, responde a envidias o complejos que sus psicólogos no han sabido tratar. Ser la capital desde 1561 no es gratis y escuchar estas idioteces forman parte del precio que los madrileños pagamos por ese pecado. Eso y ser el manifestódromo de todos los ofendiditos nacionales e importados.

Los escasos y cortos periodos en los que, desde entonces, estuvo fuera la capitalidad fueron bien por los intereses especulativos del Duque de Lerma, bien por la guerra contra el francés de 1808, con las Cortes de Cádiz, o durante la Guerra Civil, cuando el gobierno republicano se trasladó a Valencia como paso previo a su obligado exilio. Fuera de esos 3 breves periodos, en Madrid se ha concentrado siempre la administración del Estado. Una decisión racional motivada sobre todo por la situación geográfica dentro de la península ibérica y que buscaba, precisamente, servir de unión y contrapeso necesario entre diversas partes de España.

Pues bien: hete aquí que, en lo que muchos consideran el estado más descentralizado de Europa, el Gobierno actual considera necesario el traslado físico de organismos, instituciones o empresas públicas a otros lugares. Las razones que esgrimen son dos, a cual más torticera: Por un lado aseguran que es para que toda España se sienta partícipe del Estado y apoyar la concordia y, por otro, para combatir ese falso concepto tan “2030” que es el de la “España vaciada”.

Y ambas cosas son mentira. Por un lado, el que haya un menor sentimiento de españolidad no es culpa de que las instituciones estén en Madrid. Es culpa de una política errada (y también herrada)  de abandono de lo que nos une. El otorgar a los presidentes autonómicos la representación del Estado en sus territorios, como dice la Constitución, no ha servido más que para que desde sus cargos se pueda dinamitar el Estado mismo y sus fundamentos, como se ha visto en Cataluña y se ve cada día desde Asturias a Baleares y desde el País Vasco a la Comunidad Valenciana.  Por ejemplo, Urkullu, que no se siente español sino sólo vasco, o Aragonés, que no se siente español sino sólo catalán, no pueden ser los representantes del Estado en sus territorios. Que ya sólo esas declaraciones deberían bastar para inhabilitarlos.

Por otro lado, lo de combatir la despoblación de las zonas rurales no se hace llevando la Dirección General de Política Energética y Minas a León o la Secretaría General de Pesca a Sanlúcar de Barrameda. Entre otras cosas porque no lo van a hacer. Es una falacia pensar que, como si esto fuera la China de Mao, se puede trasladar a miles de funcionarios de un lugar a otro sin protesta alguna. Como si al señor que opositó y trabaja para el Museo de Arqueología de Madrid, le venga estupendo trasladarse a Fregenal de la Sierra, por otra parte, precioso pueblo pacense.

Nos quedaremos sin ver el Traslado de Ministerio de Defensa a Melilla;  el de Interior, al Barrio del Raval, antiguo “barrio chino”, en Barcelona; el de Universidades, a las 3000 viviendas de Sevilla; el de Trabajo, a Marinaleda; el de Justicia, a Hernani; el de Cultura, a Magaluf  o la Secretaría de Estado Turismo a Benidorm.  O a lo mejor es que van a obligar, por decreto, a trasladar las funciones de ‘El Rey León’ (diez años lleva ya) a otros lugares. Importantes ciudades en las que algunos otros musicales que han durado también años en Madrid, o incluso han estado varias veces, han aguantado sólo 2 semanas y sin llenar. ¿De eso también tenemos la culpa en Madrid?

Y no, tampoco es eso lo que quieren. Lo que van a hacer los mismos que lamentan la fuga de empresas  privadas de Cataluña es trasladar las públicas, o los organismos que deseen, a sus nichos de votos. No a pueblos o ciudades pequeñas para beneficiarlos, sino a lugares importantes y ya poblados  cuyo voto interesa fidelizar para beneficiarse ellos. Por ejemplo, a Valencia. Es prácticamente seguro que en el próximo Congreso del PSOE, a celebrar en esa ciudad, se anunciará algo en este sentido, así que no se rían de lo Benidorm que dije antes. No es la valenciana, precisamente, una comunidad con problemas de despoblación. Lo que si sucede es que las encuestas dan un empate técnico en las próximas elecciones, con grave riesgo de que una alianza PP-VOX acabe con el vergonzante pacto del Zoológico, digo… del Botánico.

Es sólo ese interés electoral el que mueve todas y cada una de las decisiones de este Gobierno. El mismo interés que hace que haya ido su presidente cuatro veces a La Palma pero que no fuera ni una sola al Zendal, a los hospitales de Madrid en pandemia  o a inspeccionar los daños causados por Filomena.

No quieren descentralizar. Quieren comprar votos. Si quisieran ayudar a la España despoblada, fomentarían las comunicaciones en una Extremadura que aún tiene vías de tren del s. XIX y llevarían el AVE a Portugal, nuestro hermano atlántico. O fomentarían la extensión de nuevas tecnologías a zonas rurales, crearían semilleros de empresas de industria agropecuaria en Andalucía, Castilla y León o Aragón.  O fomentarían la creación de filiales de grandes empresas en territorios menos poblados, asegurando un mejor trato fiscal, excelentes comunicaciones y facilitando infraestructura y suelo gratis, que lo hay en abundancia, durante 40 o 70 años,  sin pasar por las miles de ventanillas locales, provinciales, autonómicas y nacionales que son necesarias para cualquier trámite. Hay muchas cosas que se pueden hacer y que no harán.

Nada queda hoy de aquel espíritu de la Generación del 98, la que, desde todas partes de España, buscó definir su identidad centrándose en Castilla, en sus gentes  austeras, en sus costumbres, en su tradición y en sus llanuras ya entonces despobladas. Ahora es un insulto común entre los independentistas catalanes, cuyos votos sostienen a este gobierno, llamarnos a los demás “castellanos”, con ese retintín que les sale del odio inoculado lentamente durante los últimos 40 años y permitido por gobiernos indolentes del PP y cómplices del PSOE.

Como dice Ayuso, a Madrid lo dan ya por perdido. Ya sólo les queda rentabilizar esa pérdida despedazándolo  y repartiendo sus miembros entre los secuaces, que esperan con las fauces abiertas, del Gobierno más antiespañol, más cobarde y más traidor que hemos tenido desde Fernando VII.

La vivienda, como bien social.

Publicado en Minuto Crucial el 08/10/2021.

 

Nuestra Constitución, como casi todas, es una transcripción literal de derechos fundamentales mezclada con generalidades engoladas, indefiniciones calculadas y errores de apreciación. Todo ello choca con la excesiva reglamentación de algunos asuntos que debería dejarse para los desarrollos legales. Fruto de todo eso es, además de muchas otras cosas, el artículo 47, que dice: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.”

Casi todos los constitucionalistas están de acuerdo en que esto es un “desideratum”, un deseo o aspiración al que debe tender el ordenamiento general de la sociedad. Pero es que los hay que leen esto y, con las entendederas que la Naturaleza les ha dado, creen que donde dice “derecho” debe poner “obligación de los demás a darme por la cara”. Y no es así.

Por supuesto que la vivienda forma parte de los derechos fundamentales del hombre aunque no de forma directa sino indirecta. El Estado ha de proveer al individuo de unas oportunidades en las que él pueda disfrutar de ella con sus propios medios. Y eso es lo que dice el art. 25 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre:  “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.” A lo que está obligado el Estado es a eso, a facilitar un medio social y económico en el que desenvolvernos laboralmente para acceder a la vivienda.

Pero es que también parto de la base de que no considero la vivienda como un bien más de mercado, como una mercancía. En eso me distancio mucho de los liberales clásicos. Cuando una administración local desarrolla un plan de urbanismo y planifica una zona de nuevas viviendas en un bien limitado como es el suelo, no podemos estar en manos de especuladores que lo acaparen y perviertan el destino de ese suelo. La vivienda ha de tener distinto tratamiento mercantil del que deben tener el resto de bienes. No es un bien como otro.

Por ello, se ha de regular que los grandes tenedores de viviendas pongan lo antes posible las mismas en el mercado y a precios accesible y hay que incentivar fiscalmente el alquiler tanto para el inquilino como para el propietario, además de darles a ambos garantías y estabilidad. Quien tiene docenas de viviendas para negociar con ellas debe aceptar que la administración marque unas reglas mucho más estrictas de lo que lo hace con otros bienes porque en España el acceso a la vivienda es extremadamente difícil para mucha gente y especialmente los jóvenes. Y parte de la función del Estado, obligada por ese artículo 47, es esa.

Sin embargo, esto no debe ser igual con los pequeños, que yo definiría como quienes tienen hasta 5 viviendas en propiedad. A ellos, además de ofrecerles los beneficios fiscales antedichos, no les establecería ninguna obligación ni prohibición en cuanto a qué hacer con ellas y sí habría que insistir en su protección como propietarios en cuando a los problemas que puedan ocasionar inquilinos morosos. Todo de cara a promover, pero no obligar, a la puesta en alquiler de sus viviendas.

Pero esta intervención en el mercado de la vivienda no es más que un parche, no es la solución al problema de la misma. La solución sólo pasa por un plan de construcción y compra de viviendas para la creación de un parque público de alquiler que, de forma transparente, sirva para la emancipación de los jóvenes y de quienes se juzgue oportuno que lo disfruten.

Esos contratos de alquiler a precios sociales deben ser temporales, nunca permanentes salvo por razón de la elevada edad del inquilino o situaciones de dependencia o asimilables. Y las revisiones estarían sujetas a que subsista la situación de necesidad. No deben volverse a cometerse dos errores que, entre otros, propiciaron la subida del precio de las viviendas en España, que fueron la desgravación fiscal, incluso por segunda vivienda, y la construcción de vivienda social para su venta.

Por otra parte, un intervencionismo de los precios en el mercado de alquiler, sin otras medidas accesorias de ventajas fiscales y garantías a los propietarios frente a los inquilinos, sólo puede propiciar, como ha sucedido ya en Berlín o Barcelona, el efecto contrario al buscado: la contracción de la oferta y la subida de precios. Y la regulación que propone el Gobierno va, por desgracia, en esa línea. En esto son tan inútiles como en lo demás. Ninguna sorpresa.

 

 

 

miércoles, 29 de septiembre de 2021

TODOS A LA CÁRCEL II

Publicado en Minuto Crucial el 24/09/2021

Estamos asistiendo al rodaje de la segunda parte de la película más berlanguiana de Berlanga. El maestro lo tendría hoy muy fácil para dirigirla. Sólo hay que ir al Congreso y gritar ¡acción!

Tenemos un gobierno con una extraña relación con las cárceles. Desea tipificar como delitos los de apoyar al bando ganador en la Guerra Civil, lanzar piropos por la calle o que los médicos se nieguen a abortar. A la vez, lo contrario: dejar de considerar delitos la quema de banderas españolas o los insultos al Rey. También hay en el Gobierno, y entre quienes lo apoyan, el deseo de ilegalizar partidos plenamente constitucionales sólo porque practican una oposición contundente, como la que casi nunca, con la excepción de UPYD y de unos pocos en el PP, han tenido en frente. De seguir así, dentro de poco será delito negar el cambio climático, llamar moros a los moros o defender el papel de España en el Descubrimiento de América.

Y por otro lado, y aquí está la paradoja, su continuidad depende también de las cárceles. Tiene ahora mismo al menos tres frentes carcelarios con grandes posibilidades de dinamitarlo hasta los cimientos: una ministra investigada por traer ilegalmente a un terrorista saharaui, un bolivariano pendiente de extradición que sabe mucho de la financiación de Podemos y, para colmo, a Puigdemont en Cerdeña, que es como una bomba colocada bajo la mesa de “negociación” con el Gobierno de la Generalidad, como aquella que colocara Claus von Stauffenberg bajo la mesa  de Hitler en la Operación Valkiria.

El gobierno más indigno de la Historia reciente de España, dirigido por el mismo partido de Filesa, GAL, Roldán, ERES, Faffe…  ahora depende más de la Justicia que de los votos. Mejor dicho, de que NO haya justicia. Así se entiende mucho mejor el deseo irrefrenable de los partidos en el Gobierno por controlarla. Y el de los medios de comunicación subvencionados y la asociación de “Jueces contra la Democracia” para poner a los suyos al mando.

Si estos tres frentes, y alguno más, se le ponen cuesta arriba, es más que probable que tengamos elecciones la próxima primavera. No podemos tener impunemente un Gobierno que introduce ilegalmente a terroristas en España o recibe financiación ilegal de Venezuela o Ecuador. Y lo de Puigdemont podría ser, probablemente, un obstáculo tanto para la pretendida mesa de negociación (rendición, más bien) como para la elaboración de los presupuestos. Con Puigdemont en Estremera y las hordas lazis quemando la calle un día tras otro, a ver qué partido nacionalista va a ser el guapo de prestar su voto a Sánchez para los presupuestos. Ni catalán, ni vasco, ni valenciano ni gallego. Y los necesita a todos.

Así que, como de costumbre, tenemos que confiar más en la Justicia que en los electores para desalojar al bellaco de la poltrona monclovita. Si por sus electores fuera, España se dividiría en las ocho naciones que ha contado Iceta, con sus ocho empresas públicas de energía, ocho ministras de igual-dá, ocho selecciones de fútbol y ocho presidentes con pensión permanente revisable al alza, como Sánchez y Aragonés. Por cierto, esa pensión vitalicia bien vale una reverencia a la bandera regional catalana mientras se quema impunemente la española todos los días en Cataluña.


LA MESA DEL MONÓLOGO.

 Publicado en Minuto Crucial el 17/9/2021


Ya hemos tenido la primera sesión de esa mesa tan deseada por el nacionalismo, la de la postración del Estado ante los independentistas catalanes. Su sola celebración ya supone un triunfo para ellos, como así se han encargado de repetir engolados hasta el cansancio. Y lo es porque esa negociación da carta de naturaleza al “conflicto”, esa palabra ya usada por los etarras para definir lo que no era más que su lucha terrorista contra la democracia. El mismo pretendido conflicto entre Cataluña y España que, en realidad, es una declaración de guerra permanente entre una mitad de Cataluña a la otra mitad y al resto de españoles. Esa mesa es como la Rendición de Breda pero al revés: España postrada ante sus enemigos.

El nacionalismo es un pozo sin fondo y ninguna negociación, cesión, componenda o arreglo temporal logrará apartarlo de su último fin que es la independencia. Pero no hablo sólo del catalán. Hablo también del resto de movimientos periféricos y centrífugos que van desde el BNG a Compromís pasando por el PNV. Todos ellos apoyado por personajes socialistas tan nefastos y antiespañoles como Francina Armengol, María Chivite o Ximo Puig, que asientan su poder local en el apoyo del nazionalismo excluyente y en el comunismo de las franquicias de Podemos.

El siniestro Iceta, el que ha contado las naciones que hay en España y al que le salen nada menos que ocho, ha comparado este proceso con las negociaciones tras la guerra del Vietnam. Sin reírse nada. Pues no, ahí le ha debido bailar el año. La comparación correcta debe ser con los pactos de Munich de 1938, en los que Francia e Inglaterra entregaron lo que no era suyo, Checoslovaquia, a Hitler para intentar contentarle. Aquí pasa igual: Sánchez amaga con querer entregar lo que no es suyo, la soberanía nacional, a los golpistas catalanes para ver si se aplacan. Y no, no se aplacarán con nada que no sea el reconocimiento de lo que no fueron nunca, una nación, y la independencia, algo que tampoco tuvo Cataluña jamás.

Así que no hay que equivocarse. Esto no es un asunto de buenas intenciones traicionadas. El fondo aquí es que, como en la mesa de la última cena de Jesucristo, todos deberían sentarse en el mismo lado. Todos en la mesa comparten la idea de que los españoles hemos de ceder cosas fundamentales para que los nazionalistas no echen de nuevo, como decía mi padre, el carro por el pedregal. Que será inútil el intento porque terminarán echándolo.

Sánchez es seguramente más listo que los independentistas y también los venderá a ellos. A pesar de estar ideológicamente de acuerdo, como lo expresa su definición de España como “plurinacional”, está haciendo todo este paripé para  alargar la legislatura lo más posible y recoger los frutos electorales de una previsible recuperación económica mundial. Y después, a pocos meses para que finalice, romperá ofendidísimo la mesa y se declarará lo que no es, un patriota español, para intentar recoger de nuevo el voto del centro izquierda, tradicionalmente aborregado, que se hinchará de decirnos “¿Lo veis? ¿Veis como no es un vendido antipatriota?”. Pues no, no lo vemos. Y no lo vemos porque sí lo es. Es un traidor de tomo y lomo que vendería hasta a su señora madre con tal de mantenerse un día más en el cargo, cosa que no es nada previsible a partir de que acabe la legislatura, día en el que Sánchez pasará, como expresidente, a disfrutar de un sueldo vitalicio y una prebendas que jamás mereció.

A la hora de escribir esto, el CIS de Tezanos, con el desahogo que le caracteriza, se atreve a pronosticar un aumento de votos para el PSOE y una disminución para el PP. Eso, con el mismo desparpajo con el que nos amenazó en abril con una victoria de la izquierda en las elecciones del 4 de mayo en Madrid. Ni Rapel, Aramís Fuster o la bruja Lola juntos tienen tanta desvergüenza. No tienen en cuenta en absoluto la cantidad de españoles de bien que, desde todos los rincones de España, están cada día más asqueados de ese grupo de indeseables que está a los mandos.

En resumen, en esa amplia mesa no estará Cristo pero todos serán Judas. El vino será la sangre de los españoles que la derramaron por la unidad y permanencia de España, nuestros derechos y tradiciones y el pan será nuestra carne lacerada por las mentiras y los insultos de todos ellos. Eso, mientras se lo consintamos, claro.

 

 

 

 

 

 

 

 

miércoles, 15 de septiembre de 2021

La quinta columna de Occidente.

 Publicado en Minuto Crucial el 8/9/2021

 

Algunos se sorprenderán con la rapidez de la caída del ejército afgano a manos de los talibanes. Pues no hay motivos para la sorpresa si se tiene un poco de conocimiento. No tenían lo que más hace falta tener a un ejército: la motivación. Está bien lo de armarlos y entrenarlos pero la motivación no se puede insuflar como el aire a un globo. En frente tenían a una panda de no más 70.000 milicianos que se transportan en moto y no tienen armamento pesado pero sí una voluntad de hierro y la creencia de sentirse superiores, que es el arma definitiva.

Occidente se ha gastado miles de millones en armamento y formación pero ese arma no se la podía dar porque ni siquiera nosotros la tenemos ya. Ahora ese ejército, con ese armamento y formación, está en manos de los talibanes y engrosan sus filas. O sea, hemos alimentado a nuestros enemigos.

Y es que vamos por el mundo cohibidos, permitiendo que Rusia invada Crimea, que petimetres como López Obrador o Castillo nos insulten, que Al Assad encuentre en Putin el aliado ideal, que China esté copando el comercio mundial y los recursos naturales de América y África, que en el África Negra esté creándose otro “estado islámico”…

Estamos a merced de los fantasmas ajenos porque estamos llenos de propios: Vietnam no se perdió en las selvas del sureste asiático sino en las manifestaciones frente a la Casa Blanca; lo de Yugoeslavia sólo fue posible a causa de la división y reticencias europeas y no se arregló  hasta que EEUU intervino; el golpe definitivo al ISIS lo tuvo que dar Putin; Libia es un estado fallido porque se derribó un régimen pero no se construyó otro; Irán pronto será una potencia nuclear; Irak quizá no acabe como Afganistán porque tiene petróleo pero es posible que Occidente tenga que volver allí… En definitiva, Occidente está a la defensiva desde Corea, en 1953.

¿Y por qué? Porque tenemos unas generaciones anestesiadas, que no han vivido en sus carnes los horrores de ninguna dictadura, que creen que todo se soluciona cantando “Imagine”, poniendo dibujitos y velas y con pancartas del “no a la guerra”. Cada pancarta de esas en una señal a los enemigos de que esto se desmorona, es una sonrisa de un barbudo con turbante. Occidente es poco menos que un cascarón vacío, corroído por las termitas rojiverdes, dependiente de sus enemigos en materias primas y energía, con miedo. Sí, con miedo.

Bueno, no todos tienen miedo. Los que no tienen miedo, Mohamed o Yussuf, viven en Bruselas, Barcelona, Oslo, Londres, Berlín o Ceuta. En este último lugar tienen representación en su parlamento y desde allí trabajan para oscuros intereses. Esos no tienen ningún miedo porque saben que el futuro es suyo. Están trabajando día a día para preparar la caída de Occidente. Son nuestro “ejército afgano”, los primeros que ayudarán desde dentro cuando los del alfanje se planten en nuestras fronteras, como en el 711. Y entonces será el fin de las políticas inclusivas, de las leyes LGTBI, de las jornadas de 35 horas, de las “transiciones ecológicas”, de la agenda 2030, de los semáforos con falda y las matemáticas con perspectiva de género. Ya no habrá “observatorios” para la defensa de los derechos de la mujer.

El reto de Occidente no es tecnológico, económico ni militar. Sólo la OTAN tiene 3,7 millones de soldados. Una décima parte de ellos, con toda la tecnología disponible, bastaría para acabar con las milicias talibanes en menos de 6 meses. Y cuantos más soldados, más material y menos tiempo, más barato saldría. El coste viene dado siempre, sobre todo, por el tiempo de intervención.

 Pero los rojiverdes, organizados en asociaciones, fundaciones y partidos, saldrían a la calle como salieron con la guerra de Irak y los políticos mediocres temerían perder sus puestos. Porque siempre habrá un Zapatero al acecho, como hubo un Chamberlain o un Petain, dispuesto a pactar con el enemigo y a aliarse con las otras “civilizaciones”.

No estamos dispuestos a ver volver a nuestros soldados en ataúdes porque no creemos que haya que defender la libertad. Pensamos que la libertad se defiende y se impone sola gracias a su superioridad moral. Pero los afganos, sobre todos las afganas, se empeñan en decirnos que no es así, que hay que luchar y morir por la libertad, como se ha hecho cientos de veces a lo largo de la Historia.

Es hora de hacer valer la superioridad ética y moral de Occidente. Y su fuerza para imponerla. Es hora de políticos valientes que sepan, como supo Roosevelt en 1944, que mandando a soldados a morir a Normandía, a 6000 km. de sus casas, estaban defendiendo la libertad de EEUU y de Occidente. Y que todo ese sacrificio valdría la pena. Por cierto, gracias a ese sacrificio inmenso, que nunca agradeceremos lo bastante, hay aún democracia en Europa. Debemos apoyar a cualquier político como ellos y denostar con todas nuestras fuerzas a los equidistantes, moderados, dialogantes y serviles. O sea, a rojos, verdes y nazionalistas varios.

Donde haya un pañuelo en la cabeza no habrá libertad. Habrá un quintacolumnista dispuesto, como en Troya, a salir del caballo de madera por la noche para acuchillarnos a todos.  Y si lo empezamos a tenerlo claro, quizá aún estemos a tiempo de salvar a nuestros hijos de vivir en un califato.

 

 

La silla eléctrica europea.

Publicado el 30/7/2021 en Minuto Crucial

 

Que a Europa le hace falta mucha energía no sólo es una metáfora aplicable en otros sentidos, es que le hace falta de verdad. Europa es un gigante con pies de barro por culpa de su dependencia energética. Mucho se puede escribir sobre esto pero aquí me ceñiré hoy a los trazos más gruesos.

Las reservas petrolíferas del mar del Norte son muy importantes pero no tienen la capacidad de abastecer a toda Europa. Noruega, depende de los años, rara vez se encuentra entre los 10 primeros exportadores del mundo. En cuanto a España, Noruega es nuestro noveno vendedor, muy por detrás de México, Nigeria, Arabia Saudí, Libia, Irán… Incluso a Brasil le compramos más petróleo.

En gas, también Noruega se encuentra el puesto 16 en reservas, muy lejos de nuestros principales abastecedores que son Rusia y Argelia. En este asunto, la deriva alemana de apostar por más gas ruso y menos nucleares es muy escandalosa. El ex canciller alemán Schröder es el principal valedor de la gasista rusa que construye el nuevo gasoducto Nord Stream 2 que, a regañadientes, ha aceptado Estados Unidos contra el criterio de Ucrania en un asunto geopolítico muy complicado y que demuestra la debilidad europea. Además, hoy el gas bate marcas de precios no vistas desde 2018 y, antes de eso, en 2013. Y nada parece que pueda ahora pararlo, por lo que es fácil que supere ambas marcas antes de fin de año.

En resumen, en combustibles fósiles somos poco más o menos como Japón, dependientes totalmente del extranjero. Así se entiende mucho más que la política exterior europea parezca tan errática, indecisa, complaciente y a veces, inexistente en cuanto a defender derechos en otros países se refiere.

Y en cuanto a electricidad, en lo que quiero centrarme aquí, la historia actual está en la misma fase que en la del gas: la de dispararse a los pies. Algunos países, como Finlandia, Holanda o los países del este, apuestan por lo nuclear, liderados por Francia.  Pero Alemania, como decía, quiere acabar con las nucleares sin un plan claro de sustitución. Como me recuerda mi amigo, el profesor, escritor y también conocedor de esta materia Eduardo Dávila Monroy, eso sucede mientras el 25 % de su energía la produce aún a base de carbón, el combustible fósil más contaminante, debido a los muchos intereses económicos y laborales. Incluso los verdes alemanes reconocen que es imposible acabar con eso en un futuro próximo.

Suiza, que tenía 6 reactores, ha cerrado uno y va a cerrar todos lo antes posible. También los verdes suizos han dicho que no tienen sustitución a ese 40 % de electricidad de origen nuclear y que la única alternativa por ahora es la importación. Austria y Bélgica, junto con España, acompañan con fuerza a este grupo de negacionistas de lo nuclear.

Hay que recordar algunas obviedades. Por un lado, la energía nuclear no produce un solo gramo de C02. Desde luego, es mucho más respetuosa con el medio ambiente que la hidroeléctrica, por ejemplo, que se basa en la transformación radical de vastas extensiones de terreno así como en la modificación del cauce y ecosistemas de los ríos.  También en eso supera a la solar o la eólica. Y el problema con los residuos es prácticamente nulo. Todas las centrales españolas lo llevan almacenando en sus propias instalaciones desde hace décadas. Sólo hace poco surgió la necesidad de un almacén externo y bastaría con uno o dos en toda España para cubrir sus necesidades durante siglos.

Además, esta energía no nos hace tan dependientes, ni mucho menos. España cubre sus necesidades importando 1/3 de Canadá y Australia, que concentran las mayores reservas del mundo; 1/3 de diversos países africanos y el resto, de miembros de la antigua URSS. También tenemos reservas de uranio pero su dificultad de explotación no las hace hoy rentables, como lo han sido hasta hace poco.

En Europa, la producción nuclear está liderada por Francia, con más de 40 reactores que abastecen el 77 % de sus necesidades y le da para exportar a todos sus vecinos, incluida España.  La producción de nuestros 7 reactores es un 22 % de nuestro consumo y nos vemos obligados a importar, como digo, de nuestro vecino del norte pero también de Marruecos, que aún hoy está poniendo en servicio centrales de carbón, en desuso ya en Europa.

Si miramos un mapa del coste en CO2 de la producción eléctrica, nos daremos cuenta del ridículo que suponen estas políticas.  Resumiendo, los “verdes” europeos están destruyendo la opción más respetuosa con el planeta a favor de que se aumenten las emisiones de CO2, que muchas veces se trasladan a otros países. Lo que se llamaría un suicidio disfrazado de ecologismo ideológico. El paradigma de las contradicciones dentro de España se da en Valencia, donde Compromis pide el cierre de Cofrentes, la central nuclear más potente de España y que puede abastecer por sí sola a toda la demanda doméstica de la Comunidad, a la vez que se opone a la construcción de un “huerto solar en Buñol para no dañar no sé qué ecosistema.

Y en este cuadro de trazos gruesos, hay que hacer un capítulo aparte para el vehículo eléctrico.  A mi juicio, supone el engaño y autoengaño más fastuoso al que hemos sido sometidos desde el lanzamiento del Actimel. Para empezar, el coche eléctrico es hoy sólo para ricos. Además de su mayor precio, quien tiene un vehículo eléctrico tiene otro con petróleo si quiere recorrer más de 400 kilómetros sin quedarse tirado.

Y el problema de su autonomía es irresoluble incluso a largo plazo. Se necesitarían decenas de millones de puntos de recarga por las calles para intentar solucionarlo sólo a medias. En los edificios de viviendas eso es muy difícil de arreglar, cuando no imposible. Claro que hay datos que apuntan a por qué en Bruselas piden ellos eso: mientras en Europa el 46 % de la población vive en pisos, en España es el 64 %. Hay países, como Irlanda, en los que el 93 % lo hace en vivienda unifamiliar, con lo que lo tendría mejor que nosotros.

Y como ya hemos visto de dónde y cómo se genera la energía eléctrica, resulta que esos coches no son tan “verdes” como se piensa. Obviando que es una energía ineficiente porque se pierde una enorme cantidad en su traslado, cosa que no sucede con el petróleo, lo único que se consigue es cambiar de lugar la contaminación. Se saca de la ciudad pero se produce, y con creces, en otros lugares.

Y no me quedo sin citar los problemas de las baterías que son varios: sus contaminantes procesos productivos; poca duración y dificultad de reciclaje; peso añadido y, además, la dependencia de nuevo que tendremos de sus componentes. Por ejemplo, la principal reserva mundial de cobalto es la dictadura de la República Democrática del Congo. Por todo eso, prohibir de golpe los coches movidos con derivados del petróleo es un suicidio.

Con esta situación, mi apuesta es firme por la nuclearización europea para lo que hay que dar, una vez más, la batalla cultural a la izquierda rojiverde que tanto daño está haciendo. Asociar lo nuclear con la contaminación fue un triunfo de Greenpeace y resto de organizaciones subvencionadas que tenemos que revertir.

En España es urgente la construcción de al menos 10 centrales nucleares de forma inmediata, habida cuenta de la antigüedad de las existentes y del larguísimo proceso de puesta en marcha que tienen, derivado de sus muchas medidas de seguridad. Mediada su construcción, en unos 5 años aproximadamente, deberían empezarse otra cantidad similar. Y sólo hablo del medio plazo. El horizonte deseable sería el que actualmente tiene Francia.

La apuesta del gobierno de Sánchez por las renovables en exclusiva es un error porque conllevan un enorme coste sólo amortizable en el larguísimo plazo y con una necesaria mejora de la tecnología actual. Mientras, debemos decidir si queremos pagar la electricidad mucho más cara si optamos por ese modelo y estar a expensas de si hay o no viento y sol, con las variaciones de precio constantes que eso supone.

Ante el nuevo crecimiento del poder chino, Europa necesita independencia energética para tener mayor autonomía e influencia en el mundo, como la tiene Estados Unidos. Si no, seguiremos obligados a depender de quienes han sido, son y serán siempre nuestros enemigos, bien sea el mundo árabe o los rusos, por lo que nuestra soberanía se encuentra disminuida, tanto en el plano europeo como en el español. Estamos a punto de condenarnos a nosotros mismos a la silla eléctrica si no cambiamos de rumbo de forma radical.