viernes, 16 de octubre de 2026

TODOS SOMOS MARICARMEN

 Publicado en Minuto Crucial el 24/09/2026

La actualidad informativa española ha encontrado su nuevo icono de la vulnerabilidad en Maricarmen, una entrañable señora de 87 años que acaba de ser desahuciada de su vivienda en el señorial barrio de Retiro, en Madrid. Las imágenes han abierto telediarios, sobre todo de los medios públicos y privados afines al régimen: centenares de activistas pancarta en mano, lágrimas, consignas revolucionarias y artistas de renombre recitando a Alberti a las puertas del bloque para frenar lo que se ha calificado unánimemente como «el drama de nuestro tiempo». Siempre con la inestimable ayuda de famosos ricos que suelen ser siempre muy solidarios con el dinero de los demás. Ante este panorama, es imposible no contagiarse de la indignación generalizada y exclamar con el puño en alto que, en el fondo, todos somos ella. Porque, ¿quién no se identifica con la irresistible picardía de vivir prácticamente gratis a costa del prójimo durante toda una vida?

España es, por definición, la cuna de la novela picaresca. Lázaro de Tormes, Guzmán de Alfarache o la Pícara Justina habrían aplaudido con genuina admiración la impecable estrategia residencial de nuestra protagonista. Maricarmen no era una paria de la tierra; era funcionaria, una profesión que al común de los mortales suele garantizarle el acceso a una hipoteca. Capacidad económica para comprar una vivienda no le faltaba. Sin embargo, decidió que la propiedad privada estaba sobrevalorada. ¿Para qué meterse en engorrosas deudas durante años si sus padres habían firmado un glorioso contrato de renta antigua en 1956, en pleno régimen de Franco?

La jugada maestra se prolongó durante décadas. El cabeza de familia faltó, el contrato pasó a la madre y, cuando esta falleció en el año 2005, Maricarmen asumió con naturalidad el relevo del chollo inmobiliario. Daba igual que la Ley de Arrendamientos Urbanos del PSOE de 1994 estipulara con meridiana claridad que la segunda subrogación tenía fecha de caducidad y que debía abandonar el inmueble en 2007. ¿Para qué hacer caso a las leyes socialistas cuando se puede apelar al sentimentalismo? Así, los propietarios legítimos, que quizá nunca hayan disfrutado de esa vivienda porque serán los herederos de quienes la alquilaron en su día, se vieron obligados a soportarla durante 20 años cobrando un alquiler miserable que no alcanzaba ni para cubrir los gastos ordinarios de la comunidad de vecinos y el IBI. Un negocio redondo para la inquilina y una expropiación encubierta para los dueños. Por eso, se hartaron y vendieron a una inmobiliaria, seguramente con mucha rebaja sobre el precio de mercado. Si yo fuera ellos, ahora estaría acariciando un gato viendo las imágenes en televisión.

Como era de esperar en una sociedad tan fácilmente manipulable a través de los sentimientos, la maquinaria política no ha tardado en ponerse en marcha. La izquierda política y sus terminales mediáticos han corrido a utilizar el desahucio como ariete para cargar contra Isabel Díaz Ayuso, su bestia negra favorita, obviando el pequeño y molesto detalle de que el lanzamiento judicial se ejecuta en estricta aplicación de una ley aprobada por el propio PSOE. La demagogia no entiende de BOE, pero sí de geografía selectiva. Nadie en esas manifestaciones parece recordar que se producen muchísimos más desahucios en Cataluña que en Madrid, ni que la denostada capital de España construye bastante más vivienda social que el oasis catalán, donde el intervencionismo lleva años destruyendo la oferta del mercado. Por cierto, en una entrevista realizada horas antes de su desahucio, Maricarmen dijo que el primero de los culpables de su situación era Pedro Sánchez pero, ¿cuál de los portavoces de la sincronizada va a recordar esa pequeñez?

Mientras el progresismo de salón se rasga las vestiduras por una funcionaria que prefirió el Retiro casi gratis a la responsabilidad de pagar su techo, a muchos nos viene a la memoria otra España: la de mis padres, que habiendo nacido en los mismos años que Maricarmen, decidieron tomar un camino bastante menos glamuroso. En 1970, mi padre, que era escayolista y trabajaba sin descanso incluso los fines de semana, compró a plazos por 500.000 pesetas una vivienda sumamente modesta, de 60 m2 cuadrados, en las afueras de Madrid, firmando para ello docenas de letras de cambio, como se solía hacer entonces. No había paseos por el Retiro al salir de trabajar, como tenía Maricarmen, sino descampados cercanos en los que los chavales salíamos a jugar, con campamentos de gitanos a poca distancia, sin apenas infraestructuras ni servicios públicos pero sí con el orgullo de pagar lo propio con el sudor de la frente.

Maricarmen prefirió la picaresca del siglo de oro y exprimir el limbo legal hasta el último minuto.  Por eso, cuando los políticos y los coros mediáticos repitan el mantra de la vulnerabilidad, convendría recordar que la verdadera vulnerabilidad la sufre una sociedad manipulada, incapaz de distinguir a una víctima de una persona que lleva setenta años viviendo a costa de los demás. Y los jóvenes, los presuntos “nativos digitales” que tienen en su mano toda la información, son los más manipulables. Por cierto, después de la matraca dada por los “sindicatos de inquilinos” y otras organizaciones anarco-islamo-comunistas de que la señora no tenía dónde ir, resulta que ha rechazado cualquier solución propuesta de la Comunidad y Ayuntamiento y ha preferido irse con su familia, esa que nos decían que no tenía.

Y este caso es sólo una muestra. Cuando, tras las próximas elecciones, este gobierno pierda el poder, las masas aborregadas dirigidas por los de siempre encontrarán cada día una Maricarmen para quemar las calles, lo que han hecho siempre. Así es que nos vemos en las trincheras.

El Multilateralismo como rendición disfrazada

 Publicado en Minuto Crucial el 10/06/2026

El multilateralismo se presenta hoy como el culmen de la sabiduría diplomática: un foro donde todas las naciones, independientemente de su nivel de desarrollo, libertades o valores, tienen supuestamente igual importancia y merecen la misma consideración. En la práctica, supone una peligrosa igualación moral entre la sociedad occidental —imperfecta, pero líder histórica en derechos individuales, democracia liberal, Estado de derecho y progreso material— y regímenes o culturas menos desarrolladas, a menudo más violentas y restrictivas, especialmente hacia mujeres, minorías religiosas, disidentes y colectivos desfavorecidos.

Este enfoque recuerda poderosamente a la “Alianza de Civilizaciones” impulsada por José Luis Rodríguez Zapatero tras los atentados del 11-M. Aquella iniciativa partía de la premisa de que el conflicto no radicaba en el islamismo radical sino en una supuesta incomprensión mutua. En lugar de defender con claridad los valores ilustrados, se optó por la equidistancia y el diálogo interminable e inútil. El multilateralismo actual es su versión institucionalizada y ampliada.

En esa igualación falaz se incluyen dictaduras comunistas o herederas del comunismo, como Rusia o régimen similares, ansiosos por desprenderse de las etiquetas de “Segundo” o “Tercer Mundo” y recuperar protagonismo global sin reformar sus estructuras autoritarias. Se sientan así en pie de igualdad democracias liberales con teocracias, autocracias y Estados fallidos en la ONU, el Consejo de Derechos Humanos o cumbres climáticas. El motor psicológico es el complejo de culpa postcolonial occidental. Avergonzado por su historia, Occidente acepta legitimar sistemas donde la apostasía se castiga con muerte, las mujeres tienen derechos limitados o las minorías sexuales son perseguidas.

El caso de Israel es el símbolo más rotundo de lo malvada que resulta esta multilateralidad y la “multiculturalidad” que la sustenta. País democrático agredido desde su misma fundación en 1948, Israel es sistemáticamente condenado por la comunidad internacional y la ONU mientras se protege o silencia a sus vecinos islámicos, muchos de los cuales niegan su derecho a existir y patrocinan o glorifican el terrorismo. Resoluciones interminables contra el Estado judío contrastan con la tibieza ante barbaridades como el 7 de octubre, los misiles de Hamás o Hezbolá o el autoritarismo iraní. Esta distorsión convierte a la víctima democrática en agresor y a agresores teocráticos en víctimas, desnudando el relativismo moral del sistema. Todo ello alimentado por la turba de organizaciones políticas, sociales, culturales y hasta deportivas que han encontrado en el antisemitismo una nueva bandera. Un antisemitismo que nos recuerda, por supuesto, al origen del nazismo hace 100 años.

En España, este sesgo es especialmente visible. El actual Gobierno se muestra proclive al multilateralismo y ha puesto en boca del Rey, en discursos oficiales, la defensa entusiasta de este enfoque. Tampoco escapa a la paradoja el Papa, que lo promueve activamente, olvidando que hace siglos los Estados Pontificios lucharon fieramente por su supervivencia contra el Islam cuando amenazaba Europa. Esa amenaza, lejos de haber desaparecido, hoy es igual o más fuerte mediante migración masiva, sustitución demográfica, islamismo (no hay islamismo “moderado” ni “radical”) y presiones culturales.

A esto se suma una paradoja flagrante: las emigraciones masivas se producen desde esas otras “civilizaciones” hacia Occidente. Millones huyen a sociedades a las que critican duramente a la vez que buscan sus beneficios: seguridad, prosperidad, libertades y Estado de bienestar. Sin embargo, una parte significativa de esos flujos no aspira a integrarse. Por el contrario, intenta reproducir en Europa o Norteamérica las mismas dinámicas culturales, religiosas o autoritarias que provocaron su huida: guetos paralelos, exigencias de acomodación y rechazo al secularismo o la igualdad de género.

En resumen, esta igualación no solo es falsa, es perjudicial. Debilita la soberanía occidental, que termina financiando y legitimando organismos que erosionan sus conquistas: libertad de expresión, igualdad real y primacía del individuo. Promueve un relativismo cultural tóxico que tacha de “etnocentrismo” hasta hecho de criticar la ablación, el uso de prendas que cubren a las mujeres o el matrimonio infantil. Mientras, los valores que permitieron el mayor avance en derechos de la historia se diluyen en un magma de “diversidad” que oculta jerarquías de opresión reales.

El multilateralismo no fomenta la paz ni el progreso. Fomenta la parálisis moral y el blanqueamiento de estados autoritarios. Frente a él, en Occidente debemos recuperar la confianza en nuestros principios y priorizar alianzas entre naciones que compartan un núcleo civilizatorio común: democracia, Estado de derecho y libertad individual. El diálogo es legítimo pero la rendición moral, no.

La 'wokdisea' de Nolan

 

Publicado en Minuto Crucial el 20/05/2026

El anuncio de que Christopher Nolan adaptaría la “Odisea” de Homero despertó altas expectativas. Tras el éxito de Oppenheimer, el director británico parecía el candidato idóneo para plasmar la escala monumental de la Grecia micénica. Sin embargo, la revelación de los detalles de la producción ha encendido las alarmas. Universal Pictures respalda una inversión de 250 millones de dólares que, lejos de honrar el pilar de la literatura occidental, prefiere deconstruirlo bajo las cuestionables licencias del blockbuster estadounidense y peligrosas decisiones éticas en sus localizaciones.

La decisión de Nolan de fragmentar la línea temporal, convertir los encuentros míticos en delirios de estrés postraumático y reducir la presencia física de los dioses del Olimpo no es una innovación; es un vicio histórico del cine norteamericano. La industria de Hollywood arrastra una larga tradición de tratar los textos clásicos como material desechable.

Y no es la primera vez que la épica griega sufre este ultraje. En 2004, la película “Troya” de Wolfgang Petersen eliminó por completo a las deidades, transformando una guerra de dimensiones divinas en un drama mundano. Si nos alejamos de Grecia, clásicos oscarizados como “Gladiator” (2000) reinventaron sin pudor la política romana al sugerir que el emperador Cómodo murió en el Coliseo para restaurar la República, un absoluto delirio histórico. Nada de esto nos puede sorprender ya a quienes vimos, entre estupefactos y desternillados de la risa, arder pasos de Semana Santa como si fueran fallas en la segunda entrega de “Misión Imposible”. Al despojar a la “Odisea” de la intervención de Poseidón o Atenea para transformarla en un "thriller psicológico", Nolan tropieza con la misma piedra: prefiere acomodar el mito clásico a las fórmulas comerciales contemporáneas.

También el reparto ha generado un intenso debate debido a decisiones de casting que rompen radicalmente con la verosimilitud geográfica e histórica del Mediterráneo en la Edad del Bronce. El uso de un reparto diverso responde a las demandas actuales de la industria estadounidense y su realidad étnica, social y cultural, pero choca de frente con el contexto de la obra originaria. La actriz negra Lupita Nyong'o asume un doble papel de enorme peso simbólico al interpretar a Helena de Troya y a su hermana Clitemnestra, lo que genera una evidente desconexión étnica y estética para representar a dos figuras de la realeza espartana y micénica. El actor Elliot Page encarna al legendario guerrero Aquiles en su paso por el Hades. Otorgar el papel del héroe hipermasculino por excelencia de la “Ilíada” a un actor transexual es una de las apuestas narrativas más arriesgadas de Nolan. Y, como colofón, Travis Scott, rapero estadounidense, interpreta un rol menor que emula a los antiguos bardos. Funciona como una estrategia puramente comercial para atraer al público joven.

El apartado visual y lingüístico desborda anacronismos. En lugar de los icónicos cascos de colmillos de jabalí o las armaduras de bronce pulido de la época, el tráiler muestra a las tropas helenas vistiendo pesadas armaduras de cuero oscurecido. También portan espadas de acero pulido, que no empezaría a usarse hasta el s. XI, en lugar de hierro o bronce, en una estética medieval que recuerda más a “Juego de tronos”. A esto se suma el anacronismo verbal provocado por seguir la traducción moderna de Emily Wilson, que incluye expresiones actuales, y un marcado acento estadounidense plano que rompe el misticismo del poema.

El escándalo más grave que empaña a la producción es ético. Nolan decidió trasladar parte de su rodaje a Dajla, ubicada en el Sáhara Occidental. Este territorio, clasificado por la ONU como "no autónomo", sufre una soberanía disputada tras décadas de ocupación militar por parte del Reino de Marruecos. La decisión provocó la repulsa internacional liderada por el Festival Internacional de Cine del Sáhara Occidental (FiSahara). Activistas denuncian que Hollywood se ha prestado a una campaña de "blanqueamiento cultural" para normalizar la ocupación marroquí y silenciar la represión del pueblo saharaui. Resulta irónico que una película sobre un héroe errante despojado de su hogar use como plató un territorio donde miles de nativos sufren un éxodo forzado idéntico.

Nadie duda de que “La Odisea” vaya a ser un hito técnico sin precedentes al rodarse enteramente en formato IMAX de 70 mm, lo que ha sido un enorme reto. Sin embargo, la obsesión por el purismo técnico contrasta dolorosamente con el descuido de la fidelidad cultural, textual y moral. La nueva película de Nolan parece destinada a ser un imponente monumento a la técnica cinematográfica, construido sobre las ruinas deformadas de un mito clásico y la insensibilidad ante un conflicto geopolítico real. Todo para agradar a un público laxo y aculturizado en Historia pero receptivo y muy reivindicativo con los cambios impulsados por el wokismo imperante.


 

La servil e interesada obediencia de Mónica García a la OMS

 Publicado en Minuto Crucial el 12/05/2026

La ministra de Sanidad, Mónica García, ha convertido la gestión del brote de hantavirus en el crucero MV Hondius en un nuevo episodio de subordinación acrítica a la Organización Mundial de la Salud (OMS). Recién incorporada al Consejo Ejecutivo de este organismo en mayo de 2025, García no ha dudado en ofrecer territorio español como solución logística para un problema que podría y debería haberse resuelto en Cabo Verde o en otro punto más cercano. España se limita, en teoría, a facilitar el traslado de viajeros a sus países de origen, operación que perfectamente podía coordinarse desde las instalaciones de Praia sin exponer a Canarias ni al sistema sanitario nacional.

El crucero, con unos 140 pasajeros y tripulantes de múltiples nacionalidades, quedó retenido frente a Cabo Verde tras confirmarse tres muertes y varios casos de hantavirus. Cabo Verde, con recursos limitados, se negó a permitir desembarcos masivos, una decisión comprensible desde el punto de vista de la soberanía sanitaria. Sin embargo, en lugar de presionar para que la gestión se mantuviera en origen o se distribuyera entre los países con mayor capacidad de los afectados, España aceptó acoger el buque en el puerto de Granadilla de Abona (Tenerife). La ministra justificó la decisión como “coordinación internacional” bajo directrices de la OMS, ignorando que esta participación va más allá de una simple escala humanitaria.

Aquí surge la pregunta incómoda: ¿qué intereses ocultos mueven al Gobierno y a la ministra para agradar y obedecer tan diligentemente a la OMS? García, conocida por su feroz oposición a Isabel Díaz Ayuso durante y después de la pandemia de coronavirus, cuando la acusó reiteradamente de mentir sobre recursos y gestión, parece aplicar ahora un doble rasero. Mientras criticaba cualquier autonomía en la gestión de la COVID, en esta crisis se pliega sin fisuras a las recomendaciones de un organismo supranacional que, en otras latitudes, genera legítimas suspicacias por su opacidad y agenda de centralización sanitaria global. Su puesto en el Consejo Ejecutivo no es casual: España regresa tras 20 años y García lo presenta como un logro, pero huele más a peaje político que a defensa del interés nacional. Y a prepararse un futuro después de las previsibles derrotas electoral de la izquierda en 2027.

La hipocresía se agrava con la actitud de Marruecos, también miembro de la OMS. Las autoridades marroquíes denegaron el aterrizaje y repostaje a un avión medicalizado que trasladaba pacientes graves desde Cabo Verde hacia Países Bajos. Este rechazo, pese a las supuestas obligaciones del Reglamento Sanitario Internacional, no generó la misma presión diplomática ni mediática que se ejerce sobre España. Mientras Marruecos protege su territorio sin complejos, el Gobierno español abre sus puertas y puertos, asumiendo costes logísticos, sanitarios y de imagen. Los españoles a bordo unos 14, harán cuarentena en el Hospital Gómez Ulla de Madrid. La actuación es correcta pero la información a la Consejería de Sanidad de Madrid ha sido nula. El resto de pasajeros serán repatriados desde Tenerife bajo un dispositivo costoso coordinado con la OMS y Tedros Adhanom, su Director General.

Esta crisis revela un patrón preocupante: priorizar el multilateralismo y la “salud global” por encima de la prudencia nacional. Facilitar el traslado desde Cabo Verde era viable. Elegir Canarias expone innecesariamente a un archipiélago vulnerable y dependiente del turismo y genera alarma social. La ministra, lejos de defender una gestión soberana y proporcional, actúa como avanzadilla de la OMS en Europa, ofreciendo incluso a España como intermediaria en acuerdos pandémicos.

En definitiva, la actuación de Mónica García no responde a una emergencia insalvable, sino a una voluntad política de alineamiento que cuestiona su independencia. En tiempos de desconfianza hacia las instituciones globales, someterse sin condiciones solo erosiona la credibilidad nacional y pone en riesgo la salud pública española por complacer a Ginebra. ¿Por qué?

María Jesús Montero y el retrovisor del PP

 Publicado en Minuto Crucial el 05/05/2026

El PSOE ha iniciado la campaña para las elecciones autonómicas andaluzas del 17 de mayo de 2026 con María Jesús Montero, ex ministra de Hacienda y ex vicepresidenta primera del Gobierno, como candidata a la presidencia de la Junta. El acto central de arranque tuvo lugar el 30 de abril en Granada, donde Montero, arropada por el cantante Miguel Ríos, comprometido históricamente con el PSOE pese a los casos de corrupción del partido en su tierra, transmitió un mensaje de “alegría” y reivindicó una “Andalucía progresista”. Al día siguiente, 1 de mayo, participó en la manifestación de Málaga junto a Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero, integrando el Día del Trabajo y el comienzo de la campaña.

La estrategia socialista se centra en la defensa de los servicios públicos, especialmente la sanidad. Montero presenta las elecciones como un referéndum entre dos modelos: el PSOE como garante de lo público frente al PP de Juan Manuel Moreno, al que acusa de recortes y deterioro sanitario. Promete garantizar atención en atención primaria en un máximo de 48 horas y revertir el supuesto colapso.

Olvida a propósito que fue consejera de Salud durante nueve años (2008-2017 aproximadamente), periodo en el que se recortaron 1.500 millones en inversión entre 2009 y 2013, se precarizó el empleo (según el sindicato SATSE) y se manipularon las listas de espera. Como contraste, la inversión sanitaria ha crecido desde los 9700 millones de 2018 a 16.200 de 2026, con unas listas de espera que sí deberían haber mejorado y aún no lo han hecho. También olvida que su modelo en otros lugares que gestionan los socialistas, como Cataluña, es absolutamente diferente a lo que defiende en Andalucía. En Cataluña hay sólo 8 hospitales públicos de gestión pública y 60 también en el sistema público pero de gestión privada, justo lo que critica del Gobierno de Juanma Moreno. Y contra eso no hay ni un reproche, en un ejercicio de hipocresía mayúsculo.

Los sondeos para Montero son claramente desfavorables. La media sitúa al PP de Moreno en el 42-43% de los votos, cerca de la mayoría absoluta (53-57 escaños de 109). El PSOE obtendría entre el 23-26%, lo que se traduciría en 27-29 diputados, por debajo de los 30 de 2022, su peor resultado histórico. Algunas proyecciones internas lo sitúan en 25-27 escaños. Vox se consolidaría como tercera fuerza (13-15%), mientras la izquierda fragmentada tendría peso limitado.

La idoneidad de Montero como candidata genera debate. Sus defensores valoran su trayectoria como consejera de Sanidad y Hacienda, su formación médica (aunque su plaza es administrativa) y experiencia nacional. Sin embargo, muchos la ven como continuidad del sanchismo, asociada a la corrupción, cesiones a los separatistas y al incumplimiento de presentar presupuestos generales del Estado durante tres años. Su perfil nacional podría alejarla de un electorado andaluz que valora la gestión económica y estable de Moreno. Algunos sectores del PSOE-A ven su designación como imposición de Ferraz aunque no se espera ninguna voz crítica, al menos de momento.

El 1 de mayo, UGT y CCOO celebraron su manifestación central en Málaga, destacando la crisis de vivienda por el turismo. Miles de personas reivindicaron salarios, vivienda asequible y protección de servicios públicos. Las críticas de los líderes sindicales (Unai Sordo y Pepe Álvarez) se dirigieron principalmente contra el Gobierno autonómico del PP (especulación, fondos sin ejecutar), más que contra el central de Sánchez.

La presencia de Yolanda Díaz y Montero en la cabecera dio un claro tono político. Esta asimetría no es casual. Los sindicatos mantienen una relación estrecha con el PSOE. El Gobierno de Sánchez ha multiplicado las subvenciones: de 8,9 millones anuales en 2018 a 32 millones en 2025 (casi cuadruplicar), más otras ayudas, superando los 100 millones en total desde 2018. Principalmente benefician a CCOO y UGT.

En resumen, todo está relacionado: la manifestación en precampaña, el foco crítico en el PP autonómico y la financiación a sindicatos configuran afinidades evidentes. La asociación PSOE-sindicatos es una UTE movida por intereses mutuos exclusivamente financieros. El PSOE afronta una campaña difícil, con una candidata que capitaliza la sanidad pero arrastra la fatiga del sanchismo. El resultado del 17-M dependerá de si los votantes ven en ello una defensa real o un entramado que no resuelve sus problemas cotidianos de vivienda, salarios y servicios públicos.

El futuro parece complicado y se avecina un batacazo como el de otra exministra, Pilar Alegría, en Aragón. Si esto se confirma, quizá pasemos de 36 años de socialismo en Andalucía a otra etapa similar del PP, como ya sucede en otros lugares, Galicia, Castilla y León o Madrid, donde los populares aceleraron hace mucho y ven al PSOE muy lejos por el retrovisor.

APAGÓN

 Publicado en Minuto Crucial el 30/04/2024

El apagón producido el 28 de abril de 2025, que dejó a España y Portugal sin electricidad durante horas, afectando a millones de personas, paralizando transportes, hospitales, centros de datos y la economía en general, no fue un “accidente imprevisible” ni un simple fallo técnico aislado, sino la consecuencia lógica de una política energética ideologizada, impulsada por el Gobierno de Pedro Sánchez, que priorizó un modelo basado exclusivamente en energías renovables intermitentes mientras despreciaba y programaba el cierre progresivo de la energía nuclear, la fuente más estable, fiable y descarbonizada que tenemos en España.

El pasado lunes, el Grupo Popular en el Congreso de los Diputados organizó una jornada de análisis en la Sala Constitucional, bajo los retratos de los siete padres de la Constitución y el cuadro El abrazo, de Juan Genovés. Tuve la ocasión y el honor de asistir gracias a la asistente del diputado Guillermo Mariscal, Arancha Santana, que tuvo a bien aceptar mi solicitud. Desde aquí, muchas gracias por concederme la oportunidad.

La sesión, presentada por Alberto Núñez Feijóo y con la presencia de varios diputados del PP, reunió a expertos de primer nivel. Los ponentes fueron Manuel Fernández Ordóñez (The Good MAFO), Alfredo García (Operador Nuclear), Javier Revuelta (responsable de AFRY Management Consulting), Ester Jara (de la patronal siderúrgica), Armando Layna (sector de centros de datos) y Jesús Gil (coordinador de Seguridad y Emergencias de Madrid). La charla fue dinámica y didáctica, y las conclusiones resultaron meridianas: hubo un responsable directo —el Gobierno, a través de Red Eléctrica de España (REE)— y es urgente revertir el calendario de cierre de las centrales nucleares.

Los informes técnicos, incluido el del panel europeo de expertos de ENTSO‑E, describen un fenómeno de sobretensión rápida e incontrolada que provocó oscilaciones, desconexiones en cascada y la pérdida de hasta 15 GW de generación en pocos segundos. El incidente se produjo en un contexto de alta penetración de renovables —solar fotovoltaica especialmente—, baja demanda y, sobre todo, escasa inercia en el sistema. Las renovables basadas en inversores no aportan la estabilidad rotacional que sí proporcionan las turbinas de las centrales nucleares, de gas o hidroeléctricas convencionales. Cuando surgió la perturbación, el sistema carecía de la capacidad de amortiguación necesaria para evitar el colapso.

Algunos de los ponentes, con décadas de experiencia en el sector nuclear, subrayaron en la jornada que este tipo de vulnerabilidades no son inevitables. La nuclear ofrece potencia base continua, controlable y con gran capacidad de proporcionar servicios complementarios de tensión y frecuencia. Precisamente lo que faltó aquel 28 de abril. Alfredo García ha insistido repetidamente en que la nuclear es “oro” para industrias que requieren suministro constante, como los centros de datos, y así lo confirmó Armando Layna.

El informe aprobado a instancias del PP en la Comisión de Investigación culpa al Gobierno, a Red Eléctrica y al marco regulatorio de fallos estructurales y de haber ignorado avisos técnicos previos. Aunque los informes gubernamentales hablan de responsabilidad “multifactorial”, la realidad es que el modelo energético diseñado por el Ejecutivo —reflejado en el PNIEC— ha empujado el sistema hacia un extremo de intermitencia sin garantizar las herramientas de respaldo y estabilidad necesarias. Aunque el Gobierno no asuma responsabilidades, tácitamente sí que lo está haciendo desde el día siguiente al apagón, dado que desde entonces han diseñado un sistema “reforzado” en el que están primando en el mix energético la producción de energías de potencia firme —nuclear, hidroeléctrica y gas— en detrimento de las renovables. ¿Es una autoacusación encubierta?

El Gobierno de Sánchez mantiene el calendario de cierre de las centrales nucleares acordado en 2019: Almaraz en 2027‑2028, Ascó y Cofrentes hacia 2030‑2032, y Trillo y Vandellós II en 2035. Esta decisión, reforzada en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima, responde más a presiones ideológicas de sectores ecologistas y aliados parlamentarios que a criterios técnicos o económicos. España se ha convertido en uno de los pocos países europeos que persiste en abandonar la nuclear mientras el resto —Francia, Suecia, Finlandia, Polonia— la mantiene o amplía como pilar de la descarbonización. Alemania está pagando muy cara su desnuclearización y su entrega al gas ruso, y ahora está incluso quemando carbón con el apoyo de… ¡los Verdes!

Este desprecio tiene consecuencias directas. La nuclear genera alrededor del 20% de la electricidad española, con un factor de carga superior al 90%, emitiendo prácticamente cero CO₂ durante su operación y proporcionando la inercia y los servicios de ajuste que las renovables no pueden ofrecer de forma natural. Su cierre progresivo obligará a sustituirla con más gas o con renovables, que requerirán ingentes inversiones en almacenamiento y redes, además de aumentar la dependencia exterior y la volatilidad de precios.

Los expertos de la jornada coincidieron en que mantener y ampliar la vida útil de las nucleares no solo es compatible con la transición ecológica, sino imprescindible para garantizar la seguridad de suministro. Javier Revuelta, desde la consultoría técnica, y Ester Jara, desde la industria siderúrgica intensiva en energía, alertaron de los riesgos para la competitividad industrial. Un sistema frágil como el actual expone a España a nuevos incidentes y a precios más altos para consumidores e industrias.

Feijóo fue contundente al inaugurar la jornada: el apagón fue “el resultado directo de una política energética ideologizada”. Apuntó directamente al Gobierno, a las ministras de Transición Ecológica —Teresa Ribera y Sara Aagesen— y a la presidenta de Red Eléctrica, Beatriz Corredor. Ninguno ha asumido responsabilidad alguna. Mientras Red Eléctrica se defiende argumentando que cumplió la normativa y las eléctricas devuelven las acusaciones, el PP sostiene, avalado por los informes técnicos más solventes, que la culpa última recae en quien diseña el modelo: un Gobierno que ha sometido la planificación energética a criterios políticos en lugar de técnicos.

El contraste con otras legislaturas es notable. Durante gobiernos anteriores, se transitó por una “tierra de nadie” en materia nuclear, sin atreverse a levantar la moratoria ni a apostar claramente por esa energía. Hoy, Feijóo parece haber cambiado el rumbo y defiende decididamente la nuclear como parte esencial del mix energético. Ojalá también, más adelante, cuando gobierne, decida acabar con esa moratoria y volver a la construcción de nuevas centrales, aunque solo sea para prever el futuro cierre de las actuales y su sustitución, una vez prorrogado su uso hasta lo que sea técnicamente posible y seguro.

La conclusión evidente es que hay que corregir el rumbo. Un año después del apagón, las lecciones están sobre la mesa. España necesita un sistema eléctrico robusto, con generación base fiable, capacidad de respuesta rápida y planificación realista. Mantener las centrales nucleares no es un capricho del pasado; es una necesidad del presente y del futuro. Revertir su cierre previsto, extender su vida útil donde sea técnicamente viable y planificar nuevas unidades modernas es la forma más racional de evitar nuevos “ceros energéticos” y de asegurar un suministro asequible, estable y descarbonizado.

Sin duda, ignorar las conclusiones de los ponentes, como parece empeñado el Gobierno actual, no solo desprecia la evidencia técnica expuesta por los expertos, sino que pone en riesgo la seguridad nacional, la industria y el bienestar de los ciudadanos. El abrazo simbólico de Genovés en la sala del Congreso debería recordarnos que, en momentos de crisis, la unidad pasa por anteponer el interés general —y la realidad física del sistema eléctrico— a dogmas ideológicos. Revertir el cierre nuclear no es una opción; es una obligación para un país serio.

MI ESTANCIA EN UN PUTICLUB DE CATEGORÍA.

 Publicado en Minuto Crucial el 24/02/2024

Lo prometido es deuda. Os dije hace unos días, por medio de redes sociales, que iba a contaros mi experiencia en un lupanar, uno de esos lugares donde los socialistas se sienten mejor que en su casa, y aquí me tenéis haciéndolo a modo de artículo de opinión en Minuto Crucial.

Tendría sobre 16 o 17 años. Por aquel entonces estaba trabajando, porque yo empecé como botones en Caja Madrid a los 16, como alguno bien sabe. En la dirección de aquella oficina había dos tipos: un director y un subdirector, a cuál más chulo y prepotente, socios en muchas cosas dentro y fuera del trabajo, tal y como supe después.

El subdirector, de nombre Justo, me dijo que cogiera un taxi y me fuera a una dirección de la calle Capitán Haya. Allí debía recoger el DNI del director, que se lo había dejado el día anterior en el domicilio en el que ambos habían estado. Supuse que sería un despacho, oficina, empresa o algo parecido.

Cuando me presenté en ese lugar, uno de esos portales señoriales con portero uniformado, éste me miró de arriba a abajo. Al preguntarme a qué piso iba y responderle, abrió un poco más los ojos; además, creí ver el leve esbozo de una sonrisa. De modo que subí y llamé al timbre. Fue entonces cuando me abrió una señora estupenda, supongo que recién entrada en los cuarenta, y como respuesta le dije que venía de parte de Fulanito a recoger algo que se había dejado Menganito.

En ese momento, me franquea el paso invitándome a sentarme en el sofá y esperar. Mientras lo hago, otra señorita pasa por el salón dedicándome una mirada apreciativa junto a una sonrisa extraña. Justo ahí es cuando me doy cuenta de que ese lugar no parecía una oficina, que era adonde creía que iba, pero tampoco tenía claro lo que era. En muchas cosas, a esa edad, estaba bastante verde.

A los cinco minutos, aparece la primera señorita llevando un sobre con el DNI dentro. “Bueno, pues aquí tienes. Vuelve cuando quieras”. Y me guiña el ojo... Así que me fui pensando en para qué querría yo querer regresar allí. Pero luego, durante el trayecto, y con algo de imaginación, deduje inmediatamente dónde había estado. Para mí, era algo incomprensible que dos tipos como aquellos, que presumían tanto de sus mujeres e hijos, a quienes alguna vez había visto por la oficina, frecuentaran esos lugares.

Como aprendí al poco tiempo, también eran sinvergüenzas y ladrones, por simplificar. El director, en concreto, Manuel Montoro Martín, tenía por aquel entonces una discoteca en AZCA, adquirida de forma extraña. Este tipo convencía a clientes para que pidieran préstamos que, en realidad, eran para financiarse él. Supongo que a cambio de favores claro. Yo acababa de salir del instituto y ese mundo laboral y social me parecía completamente ajeno y desconocido. De todos los chanchullos, él salió bien parado porque no se le pudo probar nada por mucho que se intentó. El subdirector, en cambio, que en el fondo era un pobre infeliz como supe luego, acabó mal. Despedido y alcoholizado, aparecería un día muerto en la calle años más tarde.

Como estaba contando, llegué a la oficina y el director estaba ocupado, de modo que le di el sobre al subdirector. Al llegar la hora de cerrar y no haber ya clientes, salieron ambos del despacho charlando entre risas y, al verme, el primero dijo: “Así que has mandado a Alfonso. ¡Pues vaya, ja, ja! De haberlo sabido, habría llamado yo para que le hicieran un buen recibimiento de mi parte, ja, ja, ja…”. Todos se rieron menos yo, que enrojecí hasta la raíz del pelo, haciendo como que sonreía. Siempre he sido algo tímido, pero entonces lo era exageradamente.

Ese día volví a casa agradeciendo a los dioses hasta el infinito, y aún lo hago, que el impresentable director putero no hubiera sabido antes que iba a ser yo quien iría a por su DNI. No quiero ni imaginarme el ridículo tan espantoso para mí en el que todo habría acabado. Y hasta aquí mi historia con las casas de meretrices. Quedo a la espera de leer las vuestras.