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jueves, 16 de noviembre de 2023

El bar triste.

Hoy he vuelto a aquel bar. Han pasado 25 años y ahí sigue. Está en el mismo sitio y con el mismo nombre, lo que es muy raro porque nada hay ya igual en todo el barrio, calle Alcalá, zona de Pueblo Nuevo. Era un bar de aquellos de antes, en los que abrías la puerta y, desde detrás de la barra, un camarero uniformado y con 40 años de experiencia te gritaba aquello de pasen señores, al fondo hay sitio. 

Aquel bar tenía, como muchos entonces, cartelones con fotos de raciones de oreja a la plancha, chopitos, gambas, chipirones, champi o chorizos a la sidra. Entrabas y, con el olor de la cocina, el humo del tabaco y una cerveza, casi habías ya comido. El camarero era tu amigo desde el momento en el que llegabas y más cuando te ponía un aperitivo gratis, como era costumbre, además de decirte sin que le preguntaras que hoy las gambas eran especiales y que te ponía, caballero, una docenita. Y era siempre verdad, hacías bien en hacerle caso. Era un torbellino que no dejaba de hablar con la gente todo el rato, sea de fútbol, de política, de mujeres o de las obras de la calle. Tendría seguramente a veces todos los dolores de mundo por estar 10 horas de pie pero nunca se lo notabas. Era una alegría llegar allí. Y siempre, siempre, te despedía a voces con un "su vuelta, muchas gracias, caballero, buenas tardes".

Así que, con esos recuerdos frescos, hoy he abierto de nuevo esa misma puerta a las 11 de la mañana. Como digo, parece el mismo: igual distribución, ninguna reforma de importancia pero... nada que ver. Para empezar, nadie me dice una palabra cuando abro. Ni hola ni nada. Hay 5 clientes: dos solos en la barra, cada uno consultando su teléfono móvil, con una cerveza cada uno; otro, lo mismo en una mesa y una pareja mayor en una mesa apartada con cafés y algo de bollería. Silencio, si no fuera porque en la tele están hablando del descuartizador de Indonesia.

Llevo a la barra y mis peores temores se confirman: dos camareras tristes nacidas al otro lado del Atlántico. Y digo tristes y las compadezco, por supuesto. Está claro que son peces fuera del agua. 3 minutos después de llegar a la barra, se acerca una y me mira lánguida. Ha musitado algo bajito y entiendo que me habrá preguntado que qué quería. Así que le he pedido un pincho de tortilla y una cerveza. Y me lo ha puesto diligentemente en completo silencio.

Me fijo en los carteles. Son mucho más coloridos que entonces pero ya no hay raciones. Ahora hay bocadillos, sandwiches, hamburguesas y pinchos tipo "montaditos". Adiós oreja, adiós champiñones, adiós chorizo a la sidra, adiós a los riñones a la plancha. Bocadillos... Antes sólo había bocadillos de jamón, de lomo o de tortilla francesa. Ahora tienen 16 clases de bocadillos, incluidos los "vegetales" y otros desconsuelos parecidos. Y, además de cerveza, tienen "radler" varias y trampantojos similares. Es la era de las trampas al solitario.

Bocadillos y, como digo, tristeza. Mucha. Hace 25 años, a esas horas, el bar estaba lleno de gente trabajadora en su pausa del almuerzo. Con sus prisas, sus voces, sus saludos exagerados, sus "ponme otra, que me voy", el sonido de monedas en el mostrador y en el bote, el de las tragaperras, la televisión, las risas... La vida. Ahora, en vez de trabajadores, hay gente ociosa y con mucho tiempo que perder y eso se nota. Hemos cambiado costumbres, demasiadas.

No hay vida. Es un lugar desangelado, frío y aséptico como la cafetería de un aeropuerto. Como una nave espacial de esas que tienen la comida en pastillas y en las que sólo se oye un zumbido de fondo. Así que he observado con detenimiento cada rincón intentando recordar los ratos que allí pasé y las personas con las que había estado porque es muy probable que jamás vuelva a entrar.

Hemos ganado en colorido, tanto en cartelería como en tonos de piel pero hemos perdido la esencia de lo que somos. Ya no siento ese bar como mío. Ni ese ni muchísimos otros. No sé a ustedes pero a  mí no me compensan estos cambios.


lunes, 20 de marzo de 2023

¡Volveré!


VALENCIA, ABRIL DE 2009...

El General Mc Arthur pronunció, tras ser desalojado de Filipinas por los japoneses en 1941, su famoso “¡Volveré!”. Y lo hizo. Tres años más tarde, las fuerzas aliadas bajo su mando desembarcaron en la isla de Leyte, el 20 de octubre de 1944, cumpliendo su juramento. 

Hoy me voy de Madrid. Con ilusiones, con ganas de mejorar, un poco como se iban nuestros emigrantes en los años sesenta. A buscar el sustento, en este caso emocional, que no económico. E igual que ellos me sentiré. Me dejo aquí parte de mi corazón. 

Me voy de Madrid y me cuesta creérmelo aunque yo mismo lo esté escribiendo. Hoy Madrid tiene otro color, un color más gris. La gente va a lo suyo, como todos los días. No parece importarle que me vaya de aquí. ¿Pero es que no lo ven? Hoy todo huele a despedida. Miro cada cosa sabiendo que es por última vez. Se cierra un capítulo de mi vida que ha durado 45 años, todos los que tengo. Pero 45 años no son muchos en un lugar más que milenario como este. 

Ahora nada será igual. Hay una cosa que será mejor: que estaré con mi familia. El precio será alto, muy alto. El precio es nada menos que abandonar la ciudad en que nací, crecí, la que conozco, admiro, padezco, deseo y sueño. La capital del Imperio. La generosa y abierta Madrid, siempre dispuesta a adoptar como propios a los hijos ajenos, cual Loba Capitolina. El lugar de España donde menos importa la procedencia. Da igual de donde vengan. Parodiando el viejo chiste de bilbaínos, Madrid concede a todo el mundo el derecho a ser madrileño, sea donde sea donde haya nacido, solo que en este caso no es un chiste, sino la más pura realidad. 

Además, tengo un hijo madrileño. No deseo que vea a Madrid como algo ajeno. Madrid es la ciudad de su abuela, de su padre y la suya propia. Deseo que crezca sabiendo y apreciando el lugar del que proviene, sus raíces, su historia y, quien sabe, ojalá que buscando hacer el camino inverso al que he hecho yo. También espero que nunca me culpe por haberlo sacado de allí porque me rompería el corazón. Que sea feliz esté donde esté, pero que la “morriña” le entre y alguna vez y decida volver. Y yo que viva para acompañarlo. 

Es difícil abandonar Madrid de buen grado, como es difícil abandonar a un hijo o a una madre. Y dejar Madrid y a la vez a los padres es, me atrevo a asegurar, de las cosas más dolorosas que uno puede sufrir.

Madrid, el Madrid antiguo y sabio es ese libro abierto donde cada día aprendes algo. Donde cada esquina y cada plaza dan para escribir varios capítulos. La Historia tiene aquí un buen filón. Haber sido la capital del Imperio más vasto y poderoso del mundo durante 300 años no es algo baladí. Imprime carácter. Desde aquí se conquistaron continentes enteros. Desde esta ciudad, con poco más de 200.000 habitantes, se mantuvo a fuerza de espada y arrojo la fe católica en medio mundo. Se contuvo al turco en Viena, a los protestantes en Flandes, a los piratas en el Caribe y en todo el Mediterráneo, se luchó en África hasta Libia, en Europa hasta Grecia o Inglaterra, se fundaron ciudades en América del Norte y del Sur o en Filipinas. En fin, desde aquí se gobernó medio mundo y la Corte de Madrid era la más importante de todo el Orbe, donde todo el mundo quería venir a medrar. No, no es fácil abandonar Madrid porque Madrid lo ha sido todo.

 

Madrid es también, al fin y al cabo, una extensión de la cercana Castilla. Y su carácter austero, relajado en parte por la inagotable llegada de gente de otras partes de España,  está presente en los madrileños de varias generaciones. Un carácter socarrón, cínico incluso, sabihondo, preciso en las palabras y parco en los gestos. Que da cosas por sabidas porque aquí se sabe todo. Chulo, sí. Si chulería es presumir de lo mejor, pues debe ser eso lo que hay aquí.

 

Madrid es viejo y nuevo a la vez. Y las dos cosas me gustan. Es un poliedro completísimo donde encontrar templos egipcios de 4000 años e inverosímiles gigantes de acero y cristal de 250 m. Es tan grande que cabe todo y tan pequeño como para caber él mismo en el corazón. En este caso, en el mío.

 

Me llevo una parte de Madrid conmigo que luciré cual condecoración y de la que presumiré en todas partes y en todo momento, pero también dejo aquí una parte de mí. Hay que estar muy loco para abandonar el mejor sitio del mundo. Yo debo de estarlo. 

Pero no me voy para siempre. Si pensara que me voy para siempre, debería hacer parada en Ciempozuelos y quedarme allí. Un madrileño como yo no se va de Madrid si no es de vacaciones. El resto del mundo es muy bonito pero es tan solo eso: el resto del mundo. Y todos los demás lugares son bellos, o cálidos, u hospitalarios, o lujosos, o alegres o…pero no son Madrid, mal que me pese. Y no pueden ser un lugar para vivir. El resto del mundo es tan solo una pasable segunda residencia. 

Por eso he decidido que me voy de vacaciones. Me voy a Valencia con mi familia. Me tomaré unas largas y espero que fructíferas vacaciones, que interrumpiré de cuando en vez para volver por el foro a tomar algo con Neptuno o dar un paseo con Cibeles. Para ver cuantos kilómetros de Metro más se han construido (ahora, desde mi casa a Sol sin transbordos) o para comprobar si los bocatas de calamares o el chocolate con churros siguen sabiendo aquí a gloria bendita, como en ningún otro sitio. O a darme el placer de beber agua del grifo, algo con lo que ni siquiera sueñan en ningún lugar del Mediterráneo.

Necesitaré venir a Madrid de vez en cuando como los cetáceos necesitar subir a la superficie. Una cuestión de supervivencia.

Espero que no me guardes rencor, mi Madrid del alma, por abandonarte ahora pero es por una muy buena causa. Y prometo que alguna vez se acabarán estas vacaciones. Quizá en 10, 20 o 30 años, pero se acabarán. Y entonces cumpliré, como Mc Arthur, con la promesa que hoy hago. ¡Volveré! No sé como ni cuando, pero lo haré. 

 

 

 

 

lunes, 24 de abril de 2017

¿SIN ESPERANZA EN LA POLÍTICA?

Si, lo confieso. Me pueden crucificar si quieren. En su día, yo voté a Esperanza Aguirre. Y no una, sino varias veces. Con alevosía y reincidencia.

En el Madrid de los 80 y 90 el panorama político fuera del PP era un páramo intelectual. Por resumir, por parte del PSOE el Ayuntamiento estaba encabezado por buenistas como Tierno Galván ("¡a colocarse y al loro!") o hijos de albañiles de Jaen (como dijo Guerra) como Barranco, segundo al mando de Tierno que demostró la teoría de los niveles de incompetencia y pasó sin pena ni gloria. Lo de hijos de albañiles lo digo sin retintín. Yo también soy hijo de obrero de la construcción. Lo que pasa es que, en el caso de Barranco, creo sinceramente que era su única cualidad. 

En la Comunidad padecimos a inmovilistas como Leguina, que previeron que Madrid no crecería. Si, como lo leen, que no iba a crecer más y que para qué gastarse dinero en más Metro. En abril de 1994, último año de mandato de Leguina el Metro tenía 114 Km. Ahora tiene 283 Km., es uno de los mejores del mundo y sigue creciendo. 

Y estando en la oposición, la historia es más patética. Han tenido candidatos tan dispares como Simancas, el ex-ministro Sebastián, Tomás Gómez o Inés Sabanés, ahora concejal con Carmena. Todos igual de tétricos. Y una historia de acuchillamientos internos de la que Pablo Castellano, por poner un ejemplo, puede dar pelos y señales. 

Y en el PCE primero e IU después, se limitaban a servir de báculo al PSOE cuando eran necesarios, tanto en el Ayuntamiento como en la Comunidad, al grito de "todos contra la derecha". Ningún candidato ofrecía más de lo que ofrecen ahora: mucha ideología y pocas ideas. 

Aguirre en la Comunidad sucedió a Gallardón y continuó y amplió su labor. Es cierto que comenzó mal, con el "tamayazo", originado en las disputas PSOE-IU y aprovechado seguramente por las segundas y terceras filas del PP, cuna de lo que luego conoceríamos como tramas Púnica y demás. También es cierto que, pudiendo gobernar con tránsfugas, se arriesgó, convocó nuevas elecciones y ganó por mayoría absoluta. Fue una etapa curiosa porque, mientras tanto, Gallardón fue a la vez Alcalde electo de Madrid y Presidente de la Comunidad en funciones, algo insólito. 

Por no ser exhaustivo, diré que Aguirre había hecho un notable papel como concejal en varias áreas y fue mano derecha de uno de los alcaldes más eficaces de Madrid, Álvarez del Manzano. Después fue ministra de Educación con Aznar y planteó una reforma dirigida a aumentar las Humanidades en el currículo escolar, algo que, ahora que están en pleno retroceso con desaparición del Latín y la Filosofía en varios tramos, se echa mucho de menos. Al menos, yo. Fue tumbada su reforma porque el PP no contaba entonces con mayoría necesaria y los nacionalistas se opusieron. Después, en el segundo mandato de Aznar, sin ella ya en el Gobierno, el PP tampoco quiso volver a plantear ninguna reforma educativa de importancia. La Educación ha sido la gran defenestrada por el bipartidismo y ha sido usada como un arma en lugar de como una herramienta de futuro. Más tarde estuvo en el Senado y fue la primera presidenta del mismo. 

En fin... Que ya he confesado que la voté. Y que el panorama político en Madrid no ofrecía nada mejor y no tenía alternativa hasta que no apareció UPYD, allá por 2007. Que lo confiese no quiere decir que me arrepienta porque no lo hago. En las mismas circunstancias, volvería a hacer lo mismo. 

Sí, creo que debe dimitir. Que quizá debió hacerlo antes por su responsabilidad "in eligendo e in vigilando". Pero también estoy seguro de que será difícil que se vea sorprendida en alguna imputación personal, aparte de esa responsabilidad que señalo. Ni lo necesita ni, sinceramente, creo que fuera capaz de meter la mano en la caja. 

Pero también creo que, puestos a cargar las tintas, lo deberíamos hacer más contra nosotros mismos, los ciudadanos, que cuando tenemos alternativas mejores en todos los aspectos y más claramente transparentes, como UPYD, las condenamos al olvido y buscamos, igual los toros buscan las tablas, lo malo conocido.

Tenemos lo que nos merecemos y lo peor es que no paramos de quejarnos, que es lo mejor, a  veces lo único, que sabemos hacer todos.

domingo, 9 de febrero de 2014

MADRID, SÍMBOLO DE REBELDÍA

La imagen de Madrid como caverna de todo fascismo/centralismo/chaqueterismo/dictadura/totalitarismo, inventada por los centrifugadores más imbéciles, es algo que se cae sólo en cuanto uno aprende algo de Historia.

Desde el motín de Esquilache en 1766, a la resistencia numantina en la Guerra Civil, en la que Madrid nunca fue conquistada. Y desde el 2 de mayo hasta el 15 M, pasando por la "Vicalvarada" de 1854.

Madrid nunca ha sido puerto seguro para actitudes dictatoriales, sino santo y seña de las libertades. Si en Madrid ha habido siempre tantos acuartelamientos militares no ha sido para defender la ciudad de la periferia, sino para defender a los gobernantes de los propios madrileños.

martes, 17 de diciembre de 2013

YO CONOCÍ A CLARA. Y AÚN ME DUELE.

Sí, tengo que confesarlo. Conocí a Clara y a muchos de sus amigos. Y todos ellos se llamaban Clara también.

Viví mucho tiempo al lado de un poblado marginal de Madrid, Los Focos, ya felizmente desaparecido, en el entonces también marginal y siempre emblemático barrio de San Blas. En ese olvidado ya lugar, habitado mayoritariamente por gitanos, se vendían minutos de felicidad a cambio de vida. Clara era cliente habitual.



Clara pudo haber elegido ser periodista, o abogada, o dependienta, o médico o lo que fuera. Pero decidió que no podría ser nada de eso. O que no le merecía la pena luchar por ello.

Yo vi muchas veces a Clara. Era amiga del grupo, una más. A veces más lejana, a veces menos. Siempre fue distinta, más introvertida aunque también más divertida. Una rara y bonita mezcla. 

Clara quiso volar y soñaba siempre con hacerlo. Lejos, muy lejos. Yo la vi vestida de muchas formas y desnuda de muchas otras. Iba a diferentes horas y dentro de diferentes cuerpos. 

A veces llegaba en autobús a la luz del día, pasaba rauda con prisas y temblando. Llevaba mucho tiempo sin meterse. Dentro le esperaba la felicidad completa por mano de quienes sólo querían de ella su dinero. Por mano de quienes jamás apreciaron su hermosos ojos y su corazón puro. Pero la verdad es que nosotros tampoco lo hicimos lo suficiente.

Otras veces llegaba en taxi por la noche. La esperaba unos minutos y luego la recogía. También prisas, siempre con prisas.

Un buen día, las autoridades decidieron tapiar el poblado con una valla de ladrillo blanca y dejaron sólo dos salidas que pudieran controlar mejor. Una inutilidad. Creo que lo hicieron para tapar su vergüenza y de paso la nuestra. Al cabo de poco, la valla presentaba numerosos agujeros que se multiplicaban como por ensalmo. Y Clara los conocía todos.

La vi alguna vez junto a esa misma valla, rodeada de amigos que yo no conocía, con una jeringuilla clavada en el brazo. Y no hice nada. La última de esas veces, sus amigos no estaban, la habían abandonado, como habíamos hecho todos. En lugar de ellos y de nosotros había personas vestidas de blanco o de azul que la cuidaban. Creo que tendría frío porque la cubrieron con una manta y se la llevaron.

La echamos mucho de menos. Cada vez más. Nos pesa su ausencia. Y nos pesa mucho más el saber que nosotros, todos, pudimos haber hecho algo más por salvarla y no lo hicimos. Eso lo tendremos siempre sobre nuestras conciencias.

lunes, 21 de octubre de 2013

"DOCTRINA PAROT" ¿DE QUIÉN ES LA CULPA?

Ahora viene el llorar. Ahora viene culpar a todo bicho viviente de lo sucedido. Pero es que retorcer la Ley no es hacer Ley. Igual que no fue efectivo ni ético "atajar" por el camino del GAL. Sí, ya lo se. Parece que lo políticamente correcto es arrastrar por el fango la imagen del Tribunal de Estrasburgo poco menos que llamándoles cómplices de los etarras. Pero no se trata de eso. No es eso.

Inés del Rio es, como bien dice en este artículo, la etarra que aterrorizó Madrid en los años de plomo. Bien que lo sé porque yo estaba allí. Demasiado bien, entre otras cosas porque en una perpendicular a la calle Río Ulla, donde fue capturado uno de los mal llamados "comandos Madrid" (ella escapó por poco) trabajaba mi padre. Es mi barrio de toda la vida y aquello fue una conmoción para todo el vecindario.


Nadie jamás podrá olvidar la imagen del autobús destrozado donde murieron 12 jóvenes guardias civiles. Yo, mientras viva, no seré capaz de hacerlo. Ni eso ni muchas de las cosas que pasaron en Madrid en los 80.


Pero es que todos sus asesinatos tuvieron lugar en esos años, unos cuantos después de promulgada la Constitución. Previo a ésta, en los primeros años de la transición, hubo más de una amnistía, la última de ellas en 1977. Hubiera sido un momento ideal para reformar el código penal, ya caduco por entonces, y eliminar el límite de 30 años de permanencia en la cárcel. Y si se hubiera plasmado así en la Constitución, no estaríamos hablando de la doctrina Parot. Es más, creo que si no existiera un máximo de ningún tipo y se hubiera de cumplir TODA la pena impuesta, la mitad de los asesinatos no habrían ocurrido. Y eso no es cadena perpetua. Es Justicia.

La medida cicatera de seguir fijando un máximo de pena cumplida (¡ojo!, aun existe) hace que, cuando un asesino mate al primer ciudadano, sepa que los demás asesinatos le van a salir gratis. Y eso es lo que ha pasado. Y la culpa no es del empedrado, es de los grupos político que, cobardes y poco previsores, no fueron capaces de dar una de cal y otra de arena, o sea, de haber decretado una amnistía pero, a la vez, avisar a los navegantes de que nadie sería ya favorecido por una legislación benevolente y que se ataran los machos si querían seguir por el lado oscuro.

La misma cobardía que hizo que no se abordase mejor el Estado de las Autonomías, que no se regulase de forma más moderna la figura de la Corona o que no se "blindara" de alguna manera la base de toda sociedad que es la Educación.

Ahora sobra la retórica. Ahora es el momento en el que toda la clase política española con responsabilidades entonces, cómplice por inacción al no haber cambiado las leyes cuando podría haberlo hecho, debería pedir perdón a las víctimas y a sus familias. Eso, en lugar de echar la culpa a otros. No es ético, en absoluto hacerlo.

Lo que toca es llorar junto a las víctimas que hoy lo son nuevamente de todos nosotros, sí, y hacer todo lo posible legalmente para que esos canallas no vivan tranquilos. Pero sin provocar espectáculos tan dolorosos como el que supone leer a un abogado de esos malnacidos asegurando que "se están violando los derechos fundamentales de sus defendidos". Es una victoria que les hemos dado gratis. Una más.

Es hora de reclamar a quienes se equivocaron dos cosas: una, que no culpen a otros y dos, que se vayan a su casa sin hacer más daño, a ser posible.

viernes, 19 de julio de 2013

TODOS QUEREMOS SER VICENTE DEL BOSQUE

Hay mucho aficionado al fútbol que se conoce de carrerilla las alineaciones habituales de nuestra Selección y que, por supuesto, se siente perfectamente capacitado para opinar y tener su propia alternativa a don Vicente. Y eso, sin haber visto, casi seguro, ni un partido ni medio de los equipos del barrio o pueblo en el que reside. 

En política pasa igual: estamos todos muy preocupados, y no es para menos, por la situación general del país. Mucho. Que si la corrupción, que si el paro, que si el sistema financiero... Como digo, con mucha razón. En este mundo globalizado, a todos nos llegan las consecuencias de estos "tsunamis" sociales y económicos y tenemos perfecto derecho a opinar y preocuparnos. Faltaría más.

Pero hay veces en las que el bosque no nos deja ver los árboles. Si, he dicho bien. Cuando empecé en esto de UPyD me llamó la atención el hecho de que se comenzara haciendo lo que yo llamo "política de proximidad", o sea, municipal. Y me dije "claro, viviendo en un pueblo, lo normal es que empiecen con las cosas del terruño que deben ser importantísimas (para ellos)". No te vas a preocupar de la firma del Tratado de Lisboa, me dije. A mí, que acababa de venir de Madrid, ciudad para mí cercana y entrañable a la vez que cosmopolita y universal, en la que cualquier cosa que sucede en cualquier parte del mundo nos parece información local, me parecía raro tener que ocupar tiempo en cosas bastante intrascendentes, pensaba yo, como saber que ha pasado en el pleno del Ayuntamiento de Bétera. Vamos, el centro del mundo, según los últimos apuntes que se conservan de Galileo de puño y letra.

Pero ahora me he dado cuenta de que las casas se empiezan por los cimientos, y no por el tejado. En esta época, precisamente, echo de más por estas tierras y en muchos compañeros, sobre todo nuevos pero algunos menos nuevos, poco interés en problemas cercanos y más preocupación en cosas que no nos son ajenas, por supuesto, pero sí que son de nivel bastante más amplio al que nos deben ocupar en nuestros Consejos Locales, Delegaciones, Delegaciones Comarcales o, incluso, Territorial. Para empezar, me declaro culpable el primero, como he dicho antes.

Los Ayuntamientos de esta Comunidad, con honrosísimas excepciones, viven muy poco pendientes de UPyD, para nuestra desgracia. Y no es justo porque UPyD debe ser una mosca de esas que todos saben que día sí y día también critique, denuncie, apoye, valore, opine, difunda, refuerce o simplemente comente. UPyD debe tener (y de hecho tiene, no hay más que ver los programas electorales) opinión sobre todo. Y nuestra labor es difundirla aprovechando para ello las irregularidades del terreno próximo. Somos los transmisores de esas ideas. Debemos ser ojos, oídos, manos y boca de UPyD. No hay nadie más detrás de nosotros. Somos... los que somos, pero debe parecer que somos aún más y debemos multiplicarnos. Y el ejemplo del Grupo Parlamentario del Congreso deberían servirnos de mucho.

Los últimos días he leído (me he bebido, en realidad) el libro sobre Gregorio Ordóñez. Era político de, por y para San Sebastián. Incluso su labor como Diputado en el Partamento vasco fue casi monotemática sobre su ciudad. Cada mañana, con las herramientas que entonces había, se las arreglaba para difundir su opinión (no me atrevería a decir que siempre fuera la del PP) a los medios de comunicación de modo que casi todo el mundo se desayunaba con el "a ver qué dice hoy Gregorio Ordóñez de esto". Porque tenía que hablar siempre de todo. Y los resultados de esa política fueron espectaculares: caló el mensaje porque cualquier cosa que se apoya con la verdad y en el esfuerzo cala aun en el desierto. Trabajo, trabajo y más trabajo.

Y es lo que hay que aprender: que cada uno de nuestros Ayuntamientos debería conocerse al dedillo la lista de afiliados de UPyD que tenga la desgracia de tener en su localidad. Por la molestia que debe suponerles eso. Tanto o más que se la conocen en nuestros propios ámbitos administrativos internos, lo que, por otra parte, no es tan difícil teniendo en cuenta que, por ejemplo, ni siquiera hay establecido algo tan normal, positivo y deseable como una reunión rutinaria de nuestra plana mayor con los nuevos afiliados que sirviera de recibimiento/conocimiento mutuo/motivación/apoyo/agradecimiento/puesta a disposición, etc. Pero esto es harina de otro costal. Y cada cosa a su tiempo. ¡Organización!

Y nuestros convecinos igual, por supuesto. Se puede aprovechar para hacer política la hora de recoger los niños del cole, de ir a comprar, de tramitar una licencia en el Ayuntamiento, de esperar en el médico y hasta de sacar el perro a pasear (doy fe de esto último). Las caravanas son un medio más. Pero debe haber otros.

Vuelvo al símil futbolístico. Cada uno de nosotros debe ser un perro de presa de nuestros muy amados consistorios, un defensa tobillero. Con el debido apoyo de nuestras estructuras, por supuesto, que están para formarnos, guiarnos, aconsejarnos y apoyarnos. Además de para criticarnos si nos salimos de madre. Aunque el número de veces que nos salgamos de madre será siempre inversamente proporcional a lo bien que se haga lo anterior.

Como dije en otro artículo, somos UPyD siempre. En lo público y en lo privado. Y cualquiera de nosotros puede hacer política igual de efectiva interviniendo en un pleno como en una charla con amigos. Debemos ser como los médicos, por ejemplo, a los que todo el mundo pregunta en una reunión su opinión sobre tal o cual dolencia. Nuestros amigos y familiares nos han de ver como punto de referencia para preguntarnos lo que deseen. Y ya si podemos dar una contestación sería la pera.

Como decía antes, hay mucha gente preocupada por lo global pensando que el salto de afiliado raso a Diputado Nacional esta chupado aquí. Pues no. Aquí debería estar mas caro que en ningún sitio, que sería muy buena señal del nivel de preparación de todos nosotros. 

Aun recuerdo a un compañero de trabajo nuevo que llegó un día a la oficina. Maqueado con sus mejores galas como un guardaespaldas de Obama. Un auténtico JASP. Entró al despacho de mi jefe para la preceptiva presentación y asignación de tareas. Pues bien, cuando salió, me preguntó, visiblemente contrariado, donde estaba la Caja nº 5, que le habían dicho que tenía que ocupar. Yo apenas pude contener la sonrisa porque me lo veía venir. Mi jefe me dijo después que el chico en cuestión le había asegurado que el nivel que él tenía era para empezar desde ya a ver operaciones de activo, no importaba la cantidad, porque era lo que había dado en la Universidad y en no sé qué Master del Universo. Y que el se veía en un par de años, como mucho, capacitado para ser subdirector de una oficina como la nuestra (13 empleados y un volumen mas que importante). El tiempo demostró que no tenía razón, como suele pasar. Está muy bien tener ambiciones pero siempre hay que saber el suelo que pisas.

Don Vicente del Bosque, al que he tenido el privilegio de ver jugar en el Madrid, no empezó de seleccionador, como es bien lógico. Comenzó en un filial de la U.D. Salamanca y siguió en las categorías inferiores del Real Madrid, demostrando así que desde el Reino de León se puede llegar a dominar el mundo, si, pero siempre pisando terreno firme y no dando saltos mortales. Que alguno va sin red por ahí y luego pasa lo que pasa.

miércoles, 10 de julio de 2013

LA LOCA AGUIRRE

Esperanza está inquieta y lo peor es que inquieta al resto de su partido. Ahora, para el PP son tiempos de zozobra porque la tormenta que se avecina es bien negra, prieta de rayos y truenos. Y desde Aguirre no recibe, precisamente, tranquilidad.

Esperanza no ha sido una "outsider" pero sí es cierto que tiene ideas propias y siempre ha sido difícil ponerle un calificativo en su partido, aparte de liberal. No ha pertenecido nunca, que yo sepa, al Comité Ejecutivo Nacional. Las primeras hojas podridas de la rama Gürtel se cortaron en Madrid de la mano de Aguirre. ¿Una poda quirúrjica de cara a la galería? No diría que no, pero en otras partes, como en Valencia, por ejemplo, no se hizo ni eso.

He admitido muchas veces que viviendo en Madrid voté a Esperanza Aguirre. Y a otras listas del PP. Y no digo que no volvería a hacerlo (en el caso concreto de Aguirre) en determinadas circunstancias. Siempre afirmo que votar entonces al PP en Madrid no era lo mismo que votar al PP en Valencia, ni remotamente parecido. Allí las alternativas eran (y son) horrendas y aun no existía nada mejor ni de lejos. Fue al llegar aquí cuando vi en el PP a un partido con muchos trepas, antidemócratas, chulos, embusteros y... no sigo. Igual allí me engañaron, no lo sé. Pero es que aquí no engañan a nadie, se los ve venir a la legua.

Ahora Esperanza aparece indignada por los escándalos de presunta corrupción en su partido y yo atisbo tormenta: si no hay nada que le afecte directamente, me parece que se desmarcará lo antes posible de todo y de todos y embestirá cual Miura contra los posibles corruptos que encuentre a su paso. Creo que es leal, pero más a las ideas que a las personas. Repito que quizá me engañe y tenga que comerme mis palabras pero no me importa, he cometido errores más gordos.

Ahora ha hecho 10 años del llamado "tamayazo". Aunque a mucha gente le sonará, no pasa nada por recordarlo resumido: 1993, Elecciones Autonómicas en Madrid. Gana, como casi siempre en Madrid, el PP, pero no con mayoría absoluta, por lo que el pacto IU-PSOE estaba cantado. El día de la investidura del más que mediocre Rafael Simancas (PSOE), dos de sus diputados, Tamayo y Sáez, no acuden a votar. Resultado, no es investido. Oficialmente, Tamayo y Sáez no están de acuerdo con el pacto con IU. Extraoficialmente, todo es posible. Por supuesto hay rumores, declaraciones, testigos... que dicen que los dos llamados "tránsfugas" estaban comprados.

Para Aguirre, la solución más fácil hubiera sido admitir directamente en su seno a los tránsfugas, o "desactivarlos" y gobernar en minoría. Pero no hizo eso. Ante la seguridad de que todo su mandato iba a estar revestido de sospecha, optó por lo más democrático: volver a convocar elecciones. Con ellas, el pueblo madrileño demostró no creer ni una palabra de lo que decían PSOE ni IU, a pesar de, como digo, declaraciones de todo tipo en las que se hablaba de corrupción para comprar a los dos cargos recién electos.

Arriesgó mucho y le salió bien... como le podría haber salido mal. Para ella, la sombra de la sospecha no era una opción. Según dicen incluso muchos de sus detractores, ella no estuvo jamás en ese complot. Hay muchas veces que los "segundones" creen hacer un favor al líder recurriendo al "todovale". Y esa recién elegida lideresa no quiso aprovecharse de las presuntas irregularidades o divisiones o lo que sea. No. Aguirre, salvo que yo esté muy equivocado, no es de esa madera. 

Con aquellas elecciones repetidas, que ganó de nuevo y con mayoría absoluta, Aguirre dio la palabra al pueblo, que es lo que toca. Excelente ejemplo que valorar y del que, por desgracia, algunos no han aprendido nada.

  Un documento revela que el ‘tamayazo’ fue un complot de empresarios y políticos

sábado, 29 de junio de 2013

TOCATA Y FUGA DE MADRID

Hoy he vuelto a dejar Madrid. Y he vuelto a tener la sensación de huir de mí mismo, de abandonar aquí gran parte de lo que soy y seré. Es difícil decir algo de Madrid que me guste por encima de todo y no es hoy el día de intentarlo. Es sólo un bosquejo, un apunte de mis impresiones esta mañana. No tengo por menos que recomendaros vivamente los enlaces que incluyo. Permitidme esta debilidad.

Por ejemplo, Madrid me encanta ahora, por la mañana. Un día luminoso a las 8,30 de la mañana, cuando el sol, una pizca sonrosado, da un toque cálido al paisaje urbano que diviso desde el taxi. Aquí, en la parte este, la más alta de la capital, con el sol casi de espaldas, el "skyline" no puede ser mejor. Aquí nunca hay "boina". La novedad en esa "línea del cielo" de los últimos años son las 4 torres de la parte norte, atentos guardianes que se ven hasta a 30 Km. Además, tengo con ellas una relación especial: en el contiguo hospital de La Paz, viejo y moderno a la vez, donde han nacido cientos de miles de madrileños, vio la luz mi hijo pequeño. En una habitación con vistas a las 4 torres, entonces en construcción, vivió sus primeros días. Una señal de la perfecta y necesaria simbiosis en la que conviven tradición y modernidad. Espero que él sea así: una persona de su tiempo que conozca y aprecie la importancia de lo que hicieron quienes lo han precedido.

Curioso contraste: pasamos junto al cementerio de La Almudena, el mayor de España y uno de los más grandes de Europa. Con una preciosa entrada, por cierto. Tiene la misma extensión que el Parque del Retiro. En el hay más personas enterradas de las que viven ahora en la capital. Tras rebasarlo, me adentro en una ciudad plena de luz y vitalidad.

Un sábado, a esta hora, Madrid es un lujo. Una ciudad entera que nos la repartimos unos pocos madrugadores aventajados. Pasamos junto al Retiro, camino de la Puerta de Alcalá para bajar por Alfonso XII. El Retiro sólo necesita varios capítulos de un libro bien robusto y esto ni mucho menos pretende ser más que el apunte de una fuga. Y hablando de libros, paso junto a la cuesta de Moyano, el paraíso dominical de los libros de viejo donde es posible adquirir obras maestras por muy poco dinero. Y más adelante, el Jardín Botánico. Parecería que este Real Jardín Botánico de Madrid fuera un oasis verde en una ciudad gris. Pero poco tiene eso que ver con la realidad. Es un oasis, sí, de especies poco frecuentes en otras zonas de la capital, pero no es una isla natural en una ciudad inerte. El color de Madrid es el verde. Madrid es, para sorpresa de muchos, la capital europea con mayor número de árboles por habitante. Excepto el núcleo antiguo (Madrid de los Austrias, principalmente), Madrid está jalonado por docenas de parques y miles de jardines y otras zonas verdes, algunos inmensos y mas grandes que el Retiro, más abundantes según se aleja uno del centro. Cada vez que vengo aprecio más el compromiso con la naturaleza que tiene esta ciudad, que sí, se ha gastado mucho dinero en obras, pero que ha enterrado parte de su infraestructura viaria ampliando en su superficie la alfombra verde.

Y toca final de trayecto: estación de Atocha. Otra mezcla igual de exitosa entre la recargada y genial arquitectura de una estación de tren antigua y lo que es el intercambiador de transporte más perfecto de Madrid: AVE, Larga Distancia, Cercanías, Metro, autobuses... todo unido en uno de los corazones de este Madrid tumultuoso y multipolar. Un lugar inigualable, junto al triángulo pictórico por excelencia: Prado, Thyssen y Reina Sofía a menos de 100 m. Con su monumento a la puerta, recuerdo de la barbarie de 2004.

A veces, una fuga se disfraza de retirada a tiempo. Otras, simplemente es un abandono. Y algunas es fruto de un pacto. También unas pocas, como la de algún general de la antigüedad, dieron origen a un imperio. ¿Será la mía una de estas? McArthur dijo que volvería y lo hizo. Yo no sé aun en qué me parezco a McArthur pero me gustaría averiguarlo.

El AVE sale puntual y me llevo en él parte de esta ciudad, "rompeolas de todas las Españas", como bien escribió Antonio Machado.