lunes, 4 de enero de 2021

LOS LEMMINGS DE UPYD.

Publicado en Minuto Crucial el 11/12/2020. 

“Millennials” y “centennials”, por favor, absteneos de seguir leyendo. No perdáis el tiempo, no vais a entender nada. De hecho, de normal no entendéis nada de lo que está pasando porque os falta, además de otras muchas cosas, perspectiva, así que esto no será una excepción. Dejadlo aquí y pasad a lo vuestro, que es estudiar para ser “influencers”...

Bien, pues escribiré para el resto de ciudadanos. Esas generaciones no saben qué cosa fueron los “Lemmings”, algo que sí sabemos los “boomers” porque nos salió el vello en tiempos de los routers de 14.400 bps, de proveedores de internet como Arrakis o de juegos para Spectrum como Sir Fred o Knight Lore. Por no hablar de que conocemos la Historia reciente no sólo porque la hayamos vivido sino porque en la EGB se aprendía todo más y mejor que ahora.

Los Lemmings fue un juego informático para diversas plataformas en el que los protagonistas, un conjunto más o menos grande de hombrecitos azules con el pelo verde, tenía tendencia al suicidio colectivo. Evitarlo total o parcialmente era el reto del jugador. En esa misión, casi siempre había que contar con que la inmolación de varios de ellos era necesaria para salvar al resto y el jugador tenía que elegir quién vive y quién muere consiguiendo salvar a un número determinado de ellos. Como diría Spock, "La necesidad de la mayoría pesa más que la necesidad de unos pocos".

Pues bien: los de UPYD hemos sido los lemmings magentas. Al menos, la mayor parte de nosotros. Intentamos el bien de la mayoría a costa del nuestro propio. Al menos, del de muchos de nosotros.

Abrir camino entre los Scila y Caribdis de la política española de 2007 no fue nada fácil. De hecho, rápidamente conseguimos enemigos a  más velocidad que amigos. Unos, como Iglesias, nos acosaban en la Complutense al original grito de “fascistas” y otros, como  Margallo, nos dijo que nos aplastarían “como a una nuez”, de forma literal. ¡Y qué decir del PSOE...! Habida cuenta del origen de Rosa Díez y de que no hay peor cuña que la de la misma madera, el odio africano desde las filas socialistas será eterno, aun después de desaparecidos. ¡Ah!, absténganse de criticar de racista la expresión “odio africano” hasta que hayan leído en Google de dónde proviene. Háganse ese favor a lo que quede de su inteligencia…

No voy a hacer una lista exhaustiva de los logros de UPYD para la política española. Ni tengo gana ni muchos se lo merecen tampoco. Sólo diré que la primera nómina de un diputado que se publicó fue la de Rosa Díez. Primero lo hizo la web del partido. Luego exigió al Congreso de los Diputados que hiciera lo mismo. Durante un tiempo, lo único que conseguimos fue que en la web del Congreso se pusiera un enlace a la página de UPYD. Meses después llegó oficialmente la “transparencia” y se empezaron a publicar las nóminas y declaraciones de bienes de todos los diputados. Eso lo consiguió un partido con una sola diputada en el Congreso. Pero una sola puede valer por 100. Como decía mi padre, hace más el que quiere que el que puede.

Repito, nada de relación de méritos. No tengo espacio ni tiempo ni ganas. UPYD ha sido un partido revolucionario en el sentido estricto de la palabra. Antes de UPYD no se hablaba de regeneración democrática, ni de transparencia, ni de despolitización de la Justicia, ni se luchaba por igual contra la corrupción, fuera del signo que fuera, ni se planteaba el fin de los aforamientos, ni la reforma electoral, ni la necesaria reforma del Título VIII de la Constitución para otorgar igualdad de derechos a todos los españoles…

La ruptura del bipartidismo por parte de UPYD no se hizo para polarizar la vida política sino todo lo contrario. Se hizo para centrarla, para acabar con la estúpida dicotomía entre izquierda y derecha, para buscar “lo que nos une”, que fue nuestro mejor eslogan desde 2008. Se hizo para mostrar que desde todas las posturas no extremas se puede remar en la misma dirección. Se hizo para construir.

 Cuando nosotros echamos abajo las compuertas del bipartidismo, ahí estaban dispuestos los populistas de todo signo y condición a entrar por una brecha que ellos no había roto. Es más, muchos de ellos, antes desde las filas del PP, el PSOE o IU ya habían contribuido a ese bipartidismo con todas sus fuerzas. Y, como siempre suele pasar en las revoluciones, los que vienen después entraron pisando sobre los cadáveres de quienes se alzaron primero. En este caso, sobre los nuestros.

Eso habría sido hasta bueno si quienes llegaron hubieran resultado mejores. Pero no fue así. Junto con los nacionalistas periféricos de siempre, lo que potenciaron los que vinieron después  (Podemos y el sanchismo-zapaterismo) es, precisamente, “lo que nos separa”. Ahondan en las peculiaridades, enarbolan las diferencias, premian las singularidades y riegan de dinero los privilegios de unos contra otros. Desde los “hechos diferenciales”, pasando por los “géneros”, hasta los territorios “históricos”. Como si la Historia también fuera patrimonio de unos y no de otros. Con cualquier diferencia hacemos ahora una causa descomunal. Pidiendo una falsa igualdad se fomenta la desigualdad, cuando no el odio y la destrucción. El adversario es ahora un enemigo.

A eso, añadamos la resurrección artificial del franquismo por parte de los podemitas  y ya tenemos el panorama lleno de trincheras. Porque tampoco el populismo de derechas es la solución cuando se invocan antiguallas morales y religiosas que no se siguen ya casi ni desde el Vaticano.

De los indignados del 15M hemos pasado a los ofendidos, que es igual o más rentable. Ahora los políticos crean “nichos de votos” fabricando ofendidos de todo signo y condición.

La situación hoy es un fiel reflejo de esas tertulias televisivas donde todo el mundo se grita sin escucharse, se insulta sin respetarse y donde suele llegar más lejos el mensaje más simple, falso y chabacano. Los ciudadanos están muy bien representados. Lo que nos une ya no importa a los votantes, si es que alguna vez les ha importado. Eso es la política en España.

Así que los lemmings que quedábamos ya nos hemos suicidado formalmente también.

Pero no canten victoria… Hay mucha gente que ha pasado por UPYD y que es activa y válida para la política española. Algunos están hace tiempo en otros partidos. Son de UPYD con otros carnets. Otros, en ninguno, pero siguen siendo referentes notorios de nuestros valores. Y los que nos hemos quedado a apagar la luz y cerrar la puerta pues tomaremos cada uno un camino ahora pero, sea el no el mismo, los fines que nos unieron a todos un día siguen presentes y, estemos donde estemos, seguiremos enarbolándolos.

UPYD llegó para quedarse y sus ideas, aunque de capa caída de momento, sobrevivirán a las siglas porque en algún momento las echarán de menos.

Eso sí: mientras todo esto continúe como va, desde mi cómodo sofá no podré por menos que esbozar de vez en cuando una sonrisa sardónica mientras muchas cosas se derrumban alrededor. Mucha gente llevará en el pecado la penitencia y no pidáis que lo sienta por ellos…

miércoles, 9 de diciembre de 2020

ZAPATERO Y POLONIA.

 Publicado en Minuto Crucial el 4/12/2020.

La semana pasada nos madrugábamos con las declaraciones de Adriana Lastra. En ellas menospreciaba a sus mayores en el PSOE y venía a decir que los actuales dirigentes son otra generación más adaptada a los tiempos. A esto se apuntó rápidamente Zapatero en la entrevista-masaje con la que le obsequiaron en RTVE y dijo que “el poder se ejerce generacionalmente”. O sea, que es siempre mejor lo nuevo, claro.

Eso estaría bien si no supiéramos que ni en Lastra ni en Zapatero nada es nuevo.

Porque Rodríguez Zapatero no es joven. Es muy viejo, viejísimo. Zapatero, disfrazado de lord británico, fue el que firmó en  septiembre de 1938 la cesión de los Sudetes checos a Hitler, después de asistir impasible a la anexión de Austria. Zapatero fue el que dijo después que “Parece aún más imposible que una pelea que ya se haya resuelto en principio sea objeto de guerra.”  El Rey Jorge VI, otro “zapatero”, dijo de él «Después de los magníficos esfuerzos del primer ministro en la causa de la paz, espero fervientemente que una nueva era de amistad y prosperidad esté amaneciendo entre los pueblos del mundo». Menudo ojo…

Como ven, fueron dos visionarios: un año después, tiempo que emplearon en armarse mejor, Hitler y la Stalin invadieron Polonia dando comienzo a la II Guerra Mundial.

Para todos los “Zapateros” del mundo, el diálogo es el bálsamo de Fierabrás. Con el diálogo todo se sana, todo se cura, se construyen puentes, se aplaca la violencia, se centran la posturas, se amansan las fieras… Y él está dispuesto a dialogar con todos, con los herederos de ETA, con los recogedores de nueces, con los adoradores de Companys o con los defensores de Pujol. Con todos. Pero lo que para él es dialogar, para los tiranos es ceder.

Zapatero es la persona que cree  que lo mismo se puede tratar con Maduro, como si fuera un demócrata, que con Otegi, como si no fuera un terrorista. Y que se arroga de forma insultante el mérito de acabar con ETA, como si realmente lo de meter a ETA en las instituciones haya sido una “derrota” para ellos.

Declaró que es positivo pactar con Bildu, que es bueno que Bildu esté en las instituciones. Según él,  es saludable que se hable con  un partido dirigido por un etarra, con parlamentarios etarras, que protesta cuando se captura a etarras, que se manifiesta a favor de los derechos de los etarras, que lamenta su muerte o les organiza homenajes y los llama “presos políticos. Esta es, según él, su idea de la “derrota” de ETA.

Con las engoladas perífrasis verbales a las que nos tiene acostumbrados, se mostró también favorable a indultar a los presos del “prusés”.  Todo ello, en aras de “tender puentes” y apaciguar ánimos para evitar la ruptura. Pero, ¿quieren algo los nacionalistas que no sea la ruptura?

Con todos ellos, como se ha visto siempre, ninguna cesión ha demostrado servir para nada. Ni haciendas propias, ni inmersión lingüística, ni gestión de prisiones, ni policías autonómicas ni medios de comunicación propios… Nada. Todo lo que los “zapateros” de turno ceden, ellos lo toman como una conquista justa y un reconocimiento a sus razones. Y hacen de ello un punto de apoyo para el siguiente embate contra España y contra todo lo que significa. Cada conquista es para ellos una trinchera irrenunciable. ¿Ceder? Eso es de “zapateros”…

Por ejemplo, el asunto de la lengua es muy esclarecedor. En las zonas bilingües en las que el castellano es mayoritario, la excusa para su postergación es que la otra lengua está en minoría y hay que protegerla. Pero en las zonas en la que es minoritario, la excusa para su exclusión es que lo habla muy poca gente y para qué lo vamos a fomentar. Total… Es un “win, win” para el nacionalismo, como dirían en inglés.

Zapatero es tan viejo como el mundo y lleva haciéndole daño desde hace siglos. Con gente como él se han prostituido conceptos como diálogo, tolerancia, empatía, acogida, convivencia…  

Si hubiera sido sólo por Chamberlain, si no hubiera existido en el Partido Conservador británico la inmensa figura de Churchill, Inglaterra también habría sacrificado a Polonia ante Hitler en noviembre de 1939. Y luego a Holanda, Dinamarca, Francia, Bélgica…

Hoy no hay contrapeso a Chamberlain. Ni en el PSOE ni en la oposición. Zapatero ha creado escuela entre las “Lastras” y hoy sus hijos putativos gobiernan el partido y el país sin oposición interna ni externa y ante una sociedad tan anestesiada como lo estaba la británica en 1939 o más. Y así lo pagaremos como lo pagaron ellos.

Con gente como ellos, nuestra democracia y nuestra sociedad se desarman palmo a palmo, día a día. Cada época tiene sus Hitler y sus Chamberlain. Todo es cuestión de identificarlos y combatirlos con la mayor de las contundencias.  

¿Cuándo empezamos?  Lo digo porque ya vamos tarde…

 

 



martes, 1 de diciembre de 2020

El CUPO VASCO COMO “IMPUESTO REVOLUCIONARIO”.

 Publicado en Minuto Crucial el 27/11/2020.

El Concierto Económico vasco, que da origen al llamado “cupo”, se basa en una singularidad y en un anacronismo de origen feudal: los privilegios económicos que tradicionalmente tuvieron los territorios forales. Estos estuvieron a punto de desaparecer tras las guerras carlistas pero se consideró conveniente mantenerlos en un gesto de apaciguamiento. O sea, lo de intentar estúpidamente apaciguar al nacionalismo, como si ello fuera posible, viene de muy lejos.

En función de esos derechos, las tres provincias vascas tienen haciendas distintas no sólo de la nacional sino también entre ellas. De modo que, por ejemplo, pueden establecer cambios en impuestos, como el de Sociedades, que ninguna otra Comunidad Autónoma puede hacer.

Según ese concierto, se establece anualmente el llamado “cupo”, que la cantidad que el País Vasco aporta a la Hacienda Española por el uso de servicios comunes y competencias no trasferidas. En una empresa, salvando las diferencias, eso se llamaría contabilidad analítica.

Pero lo que hay de fondo es nada menos que una isla fiscal, cuando no un paraíso. Y, por supuesto, una diferenciación intolerable entre españoles que no debe darse. Los impuestos, todos ellos, deben ser iguales en toda España y regirse bajos los mismos criterios, quizá a excepción de singularidades geográficas, como en Canarias, Ceuta y Melilla, pero jamás por otros motivos.

Es curioso que el europeísmo más sesudo pida armonización fiscal en la Unión Europea y, a la vez, se permitan excepciones como ésta dentro del mismo país.

La razón de mantenerlo por parte del PP y del PSOE es igual de estúpida, como decía,  que la que llevó a hacerlo en 1878: creer que ello animaría a los vascos a seguir sintiéndose españoles y contribuyendo de buen grado al mantenimiento de lo común.

Pues  no. Nada de eso es posible. 1978 fue una oportunidad estupenda desaprovechada para abolir definitivamente esas pretendidas peculiaridades y establecer en España un régimen fiscal común, que es lo deseable, razonable y justo para personas de un mismo país. En lugar de ello, se otorgó al PNV la caja fuerte con la que, junto con competencias que jamás tendrían que haber sido autonómicas, le están sirviendo para desalojar el constitucionalismo y la españolidad del País Vasco.

La sociedad vasca, la misma que en Rentería le decía a la víctima del terrorismo Alberto Muñagorri, mutilado por una bomba de ETA, que “había tenido mucha suerte porque ahora podía vivir del dinero que le dieron” es una sociedad enferma hasta el tuétano y cada vez va a peor. Y eso es culpa, sobre todo, de las cesiones cobardes e interesadas del PP y del PSOE.

El Cupo Vasco es la cesión institucionaliza por parte de PP y PSOE del impuesto revolucionario del nacionalismo vasco. Es la claudicación ante un chantaje permanente. La evidencia de que ETA perdió la batalla policial pero está ganando la guerra política.

El PP, en concreto, de quien muchos esperamos más en su día, es un partido lleno de acomplejados, como Iturgaiz, que no tuvo empacho en reivindicar el Concierto en la misma ceremonia de presentación de su coalición electoral con Cs en la últimas elecciones. Eso lo hizo ante la cara de circunstancias de una Isabel Arrimadas que no sabía muy bien para qué estaba allí. El resultado de ello fue el hundimiento de la coalición PP+Cs y la entrada en el parlamento vasco de VOX, que tiene mucha carcundia y caspa dentro pero que también tiene algo raro de encontrar y por ello, valioso: carece de contradicciones y lo que dice en Madrid lo dice también en Vitoria. Algo que también, y por cierto, decimos en UPYD desde hace 13 años y demostramos durante 8 en el Parlamento Vasco.

La historia de los sucesivos gobiernos españoles desde 1978 ha sido una línea jalonada de cesiones inútiles ante el nacionalismo.

Por ejemplo, según los acuerdos del Gobierno con el PNV, en marzo se harán cargo de la gestión carcelaria. Ya hemos visto lo que ha hecho Cataluña con esa competencia: usarla para soltar cuando ha estado en su mano a los presos golpistas. No esperamos que el Gobierno Vasco haga otra cosa con los asesinos etarras. Pero es que en el mismo año se harán cargo de los puerto y aeropuertos y en 2022, de la gestión  de la llamada “caja única” de la Seguridad Social que, por lo tanto, dejará de ser única.

De la mano del PPSOE no está garantizada la igualdad de derechos de todos los españoles mientras existan personajes como Feijóo o Iceta, ambos de un regionalismo avecinado en el nacionalismo, aunque sus partidos lo nieguen.

No es de la mano de ellos, pero ni mucho menos tampoco de ninguno de los extremos, de quienes se conseguirá que todos los españoles seamos iguales en derechos.

 

 

jueves, 26 de noviembre de 2020

LOS BÁRBAROS DEL SUR.

Publicado en Minuto Crucial el 20/11/2020.


Decía el director de cine Cecil B. DeMille que las películas deben empezar con un terremoto y, de ahí en adelante, ir ganando intensidad.

Pues empecemos: sobre el asunto de la inmigración ilegal, no me importa absolutamente nada lo que digan los tratados internacionales ni las instituciones europeas. Y soy partidario de incumplir los que haga falta porque la situación se va a volver desesperada si no lo hacemos ya. Esos tratados fueron firmados generalmente por gordos septuagenarios buenrollistas con un amplio complejo de culpa, provenientes de países que en el pasado se dedicaron a utilizar África como finca particular. Y de ahí se ha pasado al extremo contrario: para expiar esas culpas, sólo les faltó otorgarles en esos documentos huecos a todos ellos la nacionalidad europea por el simple hecho de pedirla.

A partir de ahí, prosigamos. Desde 1950, la población europea ha pasado de 550 a 740 MM de habitantes. La africana, de 223 a 1187 MM. Imaginen esa proyección a 40 años vista.

Decía yo la semana pasada que tenemos de conformar en España y en Occidente una democracia armada contra sus enemigos. Y armada no sólo con gestos amplios, palabras huecas, mesas de diálogo inútiles y contemporizaciones banales, sino armada con lo que sea necesario. Incluso con armas, de esas de las que dice Rufián que no debemos gastar más dinero en ellas.

Lo que estamos viviendo en Canarias, como en la costa mediterránea, Ceuta y Melilla no es algo asumible. Y no hablo de si las personas que vienen lo hacen por huir de guerras, del hambre o de dictaduras. Es que, en verdad, es indiferente. Sean los motivos que sean, no es posible admitir a todo el que quiera venir y esa es una verdad incuestionable. Y seguramente hay dramas personales tras muchos de esos viajes pero las matemáticas son muy tozudas y en un país de 47 MM de personas no caben 1187.

El Tribunal Constitucional acaba de admitir las llamadas “devoluciones” en caliente, lo que debería ser suficiente para empezar a tomar medidas mucho más duras contra los que llegan ilegalmente a España y contra las mafias que los traen. Pero también contra los que desde España se organizan para fomentar el “efecto llamada”, asociaciones de todo tipo que se valen de subvenciones de todas las administraciones para hacer más atractivo a los extranjeros el incumplimiento de la Ley. Saben que a su llegada les esperan con los brazos abiertos, prestos para organizarles un vida mejor a costa de los impuestos de los demás.

Para empezar, deberíamos llamar a las cosas por su nombre. No son “migrantes”, son delincuentes. Si a mí me encuentran en Mali, Nigeria, Camerún o Guinea sin documentación, dudo mucho que haya asociaciones dispuestas a facilitarme la vida preguntándome por qué huyo de España. Lo más probable sería encontrarme con una mazmorra y una deportación fulminante.

Pues hay que empezar a actuar ya en seis actuaciones simultáneas.

1.- Expulsión inmediata de los extranjeros de los cuales se sepa su nacionalidad y su país la admita, en cumplimiento de esa sentencia del Tribunal Constitucional. Estrategia española y europea para forzar a esos países a impedir la emigración y a aceptar la devolución bajo pena de graves sanciones para sus dirigentes.

2.- Internamiento en campamentos militares del resto de ilegales hasta que sea posible su deportación, dure el tiempo que dure y sin ninguna posibilidad de inserción en una sociedad a la que han llegado de forma ilegal. No es admisible la pretendida integración en nuestra sociedad de alguien que comienza por saltarse nuestras leyes de entrada.  Con atención humanitaria, por supuesto, pero sin ningún tipo de privilegios, al contrario de lo que sucede ahora, cuando algunas ONG’s hasta les facilitan teléfonos móviles.  Estos internos estarían bajo custodia judicial, evidentemente, pero sin intervención ninguna de ONG’s. Estarían tan sólo supervisados por instituciones españolas o europeas.

3.- Expulsión inmediata de los extranjeros que residan legalmente pero que sean condenados por determinados delitos a penas inferiores a un año de prisión. Para condenados que superen esa pena, expulsión inmediata tras el cumplimiento de la misma. Esto está previsto en nuestras leyes ya de forma parecida, por lo que no es algo novedoso, pero es que apenas se cumple.

4.- Inclusión de todos ellos en una lista para no ser admitidos JAMÁS en España. Quien no quiere cumplir nuestras normas, no merece la oportunidad de estar entre nosotros.

5.- Fomentar la llegada de inmigrantes LEGALES que deseen cumplir nuestras normas y respetar nuestras costumbres. Serán bienvenidos y deben ser respetados.

6- Vigilar la educación de sus hijos para que sea de modo muy distinto a lo que sucede en muchas ocasiones. Es inadmisible que muchos de los atentados islamistas cometidos en Europa los hagan hijos de inmigrantes nacidos y criados aquí. Se debe prestar especial seguimiento y, si fuera necesario, prohibición a las manifestaciones religiosas que fomenten el odio, la discriminación de la mujer o se muestren crítica con los derechos que tenemos en Occidente como fundamentales, como es el de la libertad de expresión. No es tolerable que personas que vienen de regímenes teocráticos y fundamentalistas quieran imponerlos aquí.

Esto es lo que debería hacerse en España y en toda Europa si queremos sobrevivir. Si queremos que nuestras conquistas sociales y derechos sobrevivan. Las fatales consecuencias de no hacer esto ya las están padeciendo Europa desde hace años. Desde Suecia hasta Gran Bretaña, pasando por Austria, Holanda o Francia. Y Turquía nos chantajea para que no nos arroje 2 millones de sirios que acoge en su territorio con dinero europeo.

En definitiva, no podemos quedarnos de brazos cruzados porque, de seguir así, dentro de poco las leyes no las podremos ya cambiar nosotros sino ellos.

Cada año se suicidan en España 4000 personas pero, a este paso, nos suicidaremos colectivamente los 47 millones de españoles y los 700 de europeos.  Y para eso falta mucho menos de lo que parece.

jueves, 19 de noviembre de 2020

LA DEMOCRACIA ARMADA

 Publicado en Minuto Crucial el 17/11/2020.

Decía Rosa Díez hace tiempo que a la Justicia se la representa con una balanza en una mano pero también con una espada en la otra y eso es por algo.

Sin el uso de la fuerza, no hay Justicia. Si el uso de la fuerza, no hay Democracia. La fuerza, incluso la violencia, no es mala o buena intrínsecamente sino en función de para qué se utilice. Todos hubiéramos querido que Tom Cruise hubiera podido llevar a cabo de forma fructífera su atentado contra Hitler en la película Valkiria, igual que hubiéramos querido que el auténtico Claus von Stauffenberg no hubiera fallado en 1944.

Por supuesto, alguno intentará volver en mí contra esto para justificar magnicidios como el del Rey de Francia en 1793 o contra el Zar de Rusia en 1917 porque eran las cabezas de gobiernos tiránicos. Pues no. Tengo las espaldas muy anchas como para inmutarme por estas presuntas paradojas. En esos casos se pretendía eliminar una dictadura para imponer otra, como diferencia fundamental.

Entonces, ¿hay víctimas buenas y víctimas malas? He de decir que sí. Y tampoco me importa su opinión respecto de esto. Si alguno de ustedes se lleva las manos a la cabeza porque lo que estoy diciendo no es políticamente correcto, el problema no lo tengo yo. Yo no soy políticamente correcto ni lo voy a ser nunca.

En cualquier caso, no es ese tipo de violencia extrema de la que deseo hablar. Hablo de otras situaciones más cotidianas que nuestro Estado de Derecho resuelve por la vía tan “gandhiana” del diálogo, las mesas de negociación, la empatía, la tolerancia (maldita palabra), y el “dontandredismo”. Cuando no con la rendición simple y llana.

La democracia se debe defender posicionándose fuerte y resolutivamente contra la delincuencia organizada nacional o importada, contra la ocupación ilegal y contra la entrada ilegal de inmigrantes y sus mafias. Y también contra los ataques a los medios de comunicación, a los partidos o a los políticos y sus familiares, contra los violadores, contra los pederastas, contra los corruptos… Debemos armarnos contra los golpistas, contra los que violan el derecho a usar su lengua materna, contra los que abusan de su posición dominante, contra los que olvidan, relativizan, difuminan, elogian  o justifican a los asesinos y a sus amigos…

Hemos de calibrar bien la balanza pero también hemos de dotarnos de una espada más larga y afilada.

En cuanto a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, hemos de darles más seguridad a nuestra policía para que ejerza, como corresponde en un Estado de Derecho, el monopolio de la violencia en defensa de nuestras libertades   Así, no asistiremos a escenas diarias vergonzosas de asedio y vejación a quienes pagamos para que velen por nuestros derechos. A la Policía hay que tenerle respeto si eres persona de bien y miedo si no lo eres.

Siempre se dice que se debe responder a la violencia con proporcionalidad. ¿Cuál es la proporcionalidad si alguien te ataca con un cuchillo? Pues no debe haberla. Ante ese caso, lo que hay que hacer es disparar sin contemplaciones.  Pero le exigimos al policía que lo “reduzca” o bien, que se exponga a ser juzgado por homicidio y expulsado del cuerpo.

Y en cuanto a la Justicia, mi propuesta sería revisar desde el primer artículo el Código Penal hasta el último, con mayores penas pero también incluyendo, una vez cumplidas ciertas condenas de prisión, una vigilancia mediante localizador durante años. Y digo bien: AÑOS.  No puede ser que se haya detenido a un “alunicero” 46 veces y eso lo permitamos como si nada. Esa persona debería llevar desde el primer día un brazalete localizador para saber en todo momento dónde se encuentra. Y así debería haber miles de condenados porque los reincidentes cometen el 90 % de los delitos.

Técnicamente es posible y, además, es barato. Teniendo en cuenta que cada preso cobra al salir nada menos que dos años de prestación de desempleo, como si en vez de en la cárcel hubiera estado trabajando, el coste de ese seguimiento sería ínfimo.

Y tampoco las penas deben ser proporcionales sino EJEMPLARES. ¿Cuánta gente pasaría de 200 Km/h en autopista si la pena fuera el achatarramiento inmediato de su coche? Ya les digo yo que ninguna. No haría falta el carnet por puntos. ¿Cuánta gente robaría de un tirón un bolso a una señora si la pena fueran 5 años de cárcel efectivamente cumplidos un día detrás de otro? Pues ni el 5 % de la que hay ahora, principalmente por lo que decía antes de que los reincidentes suponen el grueso de la delincuencia.

En general, vivimos en una sociedad desarmada moral y materialmente. Una sociedad que ignora, por ejemplo, que Marruecos está rearmándose a pasos agigantados. Está comprando, por ejemplo, lo último en aviones de combate, como  el F-35. Está mejorando su Armada, sistemas defensa aérea, drones,  carros de combate… Y  mientras, aquí gastamos en Defensa sólo el 1,2 % de nuestro PIB, tenemos un solo portaaeronaves, que ahora estará en el dique seco durante meses para mantenimiento, por cierto, sólo 2 submarinos operativos de los 8 que llegamos a tener, no hay repuesto para los viejísimos F-5 en los que se forman los pilotos,  los carros Leopard fueron comprados de segunda mano a Alemania… Y así seguiría durante otro artículo más.

Creemos erróneamente que lo que tenemos se defiende sólo con la fuerza de la razón, la palabrería, los “acuerdos internacionales” y el buenrollismo y no es así. Se defiende con la fuerza, con la violencia. Y a veces debe defenderse con la violencia extrema y, como digo, no proporcional. Pero hay demasiados complejos en esta sociedad a la que tanto daño ha hecho Disney y en la que la adolescencia empieza a los 8 años y acaba, con suerte, a los 26. 

Por eso, porque estamos desarmados moralmente, los ídolos juveniles son gente como Greta Thunberg, prototipo de la manipulación rojiverde, y se consideran “heroicidad” el que los chicos se pongan falda en un instituto.

Debemos pasar a un nivel superior de democracia, la democracia armada moral y materialmente. No sería fácil ni aunque se intentara pero lo peor es que ni siquiera hay nadie que lo quiera intentar.

PONGAMOS QUE NO HABLO DE MADRID.

Publicado en Minuto Crucial el 6/11/2020


No. Ni una sola palabra, ni gestos ni miradas apasionadas… Nada.

 

Hablar de Madrid ya no está de moda. Lo estuvo antaño, ¿os acordáis? Allá por finales de septiembre, Madrid fue tendencia. Especialmente, en los medios de comunicación afines al Gobierno. Lo que viene siendo un trending topic total, vaya.

 

Por aquella lejana época, Madrid colideraba las cifras de contagios de COVID en dura pugna con Aragón, Navarra o Cataluña, ¿se acuerdan? ¿No? No me extraña. ¡Cómo pasa el tiempo! Menos mal que tenemos Google… Bueno, se hablaba de Madrid y de Maléfica, o sea, Ayuso. Ayuso, la privatizadora, la vendepatrias, la posturitas, la chula, la aprovechada, la inútil, la trifachita, el perro de Aguirre… En definitiva, la enemiga número uno de los madrileños, resto de españoles y, por supuesto, de la Gloriosa Revolución Sanchista.

 

Madrid estaba ahí exportando el virus a esas tres comunidades que he citado, con las que tiene frontera, como todo el mundo sabe, pero, sin embargo, no tomaba las medidas adecuadas. ¿Por qué? Pues porque, en realidad, Ayuso odia a sus convecinos, desea lo peor para ellos y eso se nota. Y su Comité de Expertos es un comité de inútiles, no como el de Sánchez, que no es eso ni mucho menos, empezando por Don Simón.

 

Y por eso que los odia, fue la primera en adoptar medidas contra la pandemia la segunda semana de marzo cerrando colegios, centro de día y parques. Eso, cuando el Gobierno aún estaba intentando cerrar la boca del asombro tras ver las elevadas cifras de contagios justo el fin de semana de 8 de marzo. Casualidad…

 

En fin, al lío... Resulta que a los presidentes de esas otras comunidades todo fueron y son palmaditas del Gobierno en la espalda porque lo han hecho muy bien siempre. Muy, muy bien. Lo que pasa es que tienen mala suerte, los pobres. No como Ayuso, que es una inútil y una mala persona. Cada mañana, Sánchez ha estado llamando a esos presidentes y presidentas y les daba ánimos, apoyo moral y palabras de cariñito. Durante todo el verano, se encontrara donde se encontrara, fuera Lanzarote, Doñana, Moncloa o desde su Falcon, no le faltó un gesto de amor hacia ellos y ellas en esas semanas de intenso dolor.

 

Pero a Ayuso le lanzaba encima los perros. Perros, literalmente. Perros disfrazados de periodistas, tertulianos, juntaletras, mitineros, pseudoexpertos, o ministros del ramo y de la rama, que para ser todo eso hay que haber estudiado lo mismo, por lo que se ve: burrología, como diría mi padre. Pero es que Ayuso se lo merecía por tener un gobierno sustentado en la foto de Colón. No como Navarra, cuyo gobierno se sustenta en las fotos de Polloe. ¡Donde va a parar!

 

¿Qué era eso de confinamientos selectivos? No, nombre, no. O todos o ninguno. Justos por pecadores. Democracia socialista. O todos sanos o todos enfermos. Casualmente, 2 días antes de iniciado el estado de alarma capitalino ya habían empezado a bajar las cifras de contagios, prueba evidente de que las cosas no se estaban haciendo mal del todo, supongo.

 

Cuando las medidas de Ayuso empezaban a dar su fruto, estuvo ágil ahí Sánchez para apuntarse el tanto y así meter en vereda a la díscola presidenta haciéndose la foto con Ayuso hoy y declarando el estado de alarma sólo para Madrid mañana. – Has estado fino ahí, Presidente. – Gracias, Pablo…

 

En aquella lejana época, Madrid salía más veces en las portadas de los diarios que la fecha que llevaban impresa. No había día ni hora que no supiéramos de Madrid. ¡Qué hartazgo! Fue una moda pasajera pero ya no toca. Hablar de Madrid está menos de moda que los pantalones de pitillo, como diría el gran estilista y cocinero Josie.

 

Hoy nada. Hoy Madrid ya no ocupa portadas ni tertulias ni artículos en Público, La última hora, Infolibre, La Sexta ni demás reductos pseudoinformativos de propaganda. Como le sucede al caballero templario de la película “Indiana Jones y la última cruzada”, a Ayuso la ha sustituido en lo que parecía su eterno puesto de diana de la izquierda el Rey Juan Carlos. Ya puede descansar porque hay otro que ocupa su lugar. Y uno que viene para quedarse, por cierto.

 

Madrid no está de moda ya porque ocupa nada menos que el puesto número 15 por nivel de contagios, mientras que Navarra y Aragón, lideradas ambas por presidentes socialistas siguen en el podio, liderado ahora por Melilla, ciudad autónoma cuyas competencias sanitarias son del Estado, o sea, del Ministro Illa. Y cuyo presidente, único representante de Ciudadanos, fue votado por el PSOE y por un partido islámico. O sea, no como Ayuso, claro, que es una facha peligrosa votada por herederos directos de Franco.

 

Así que ya no son trending ni Madrid ni Ayuso. Hoy que la Comunidad está muy por debajo de la media de contagios y descendiendo rápidamente haciendo todo lo posible por preservar su tejido económico, ya no hay que hablar de Madrid en los medios bajo pena de internamiento en un gulag, como no sea para difundir huelgas de médicos, escraches o el alto coste del nuevo hospital de pandemias, claro. Pero ni eso vende ya.

 

En Madrid la muerte viaja en ambulancias blancas, como en todas partes, pero como ahora hay menos que en los demás sitios, ya no interesa, ya no vende, ya no sirve para seguir manipulando al rebaño. Rebaño al que, por otra parte, cualquier cosa le sirve para ser manipulado.

 

¡Qué tiempos, cuando existió aquello llamado “prensa independiente”! Yo ya ni me acuerdo, ¿y ustedes?

jueves, 5 de noviembre de 2020

EL PODER DE LOS TONTOS.

Publicado en Minuto Crucial el 30/10/2020. 


Vivimos en una estultocracia, palabra que no sé si existe ya o no para la RAE pero debería. Sí está oclocracia, cuyo significado es parecido pero no igual.

No hace mucho que un ciudadano escribía en Twitter que “la ortografía es un marcador de clase social que sólo sirve para demostrar que has estudiado y que las miles de horas que perdemos con ella las podríamos dedicar a cosas útiles”, lo que fue respondido por D. Arturo Pérez-Reverte, con su acidez característica: “Se beia benir haze tienpo rezpetar la hortografia es un bomitivo acto facista.” O sea, que la ortografía es facha, algo que algunos ya nos barruntábamos.

Y tiene razón. La ortografía es facha. Toda la Gramática lo es. Incluso la Lingüística completa. Y no digamos la Historia, incluso la reciente. No hay más que preguntar en cualquier universidad a los alumnos (no me atrevería a hacerlo a los profesores) quién fue Adolfo Suárez, Miguel Ángel Blanco¸ Santiago Ramón y Cajal o Lola flores, por poner ejemplos diversos. Lo de Lola Flores no me lo invento. El otro día, en un programa de TV, un tipo de unos 25 años ignoraba por completo quienes fueron ni Lola ni nadie de su familia. Y se lo estaba diciendo a la nieta de la Faraona, que no debía de dar crédito a lo que oía.

Históricamente, la imagen que se nos ha transmitido de lo que comúnmente se llama “la derecha” es la de unos paletos atrabiliarios y violentos, con pocas luces. Y se pone siempre como ejemplo el de Millán Astray, así caricaturizado en la última película de Amenábar. Sin embargo, se ha contrapuesto siempre la intelectualidad de la izquierda, personalizada en la generación del 27, en la Institución Libre de Enseñanza y tantos y tantos excelentes parlamentarios liberales, republicanos, radicales, socialistas y comunistas que hubo en el último tercio de XIX y principios del XX.

La derecha siempre ha sido dibujada en blanco y negro y la izquierda en color. En color rojo, por supuesto. Eso ha sido un acierto propagandístico, hay que reconocerlo. Derecha palurda de sacristía y cuartel contra izquierda ilustrada y humanista.

Para qué vamos a recordar aquí a Regino Sánchez Mazas, Dionisio Ridruejo, Agustín de Foxá, César González Ruano, Manuel Machado, D’Ors, Camba, Marquina, Julio Camba, Josep Pla o Jaime Campany. Fachas… Fachas, pero una pléyade de escritores, periodistas  e intelectuales a años luz de los vulgarísimos Suso de Toro, Ana Pardo de Vera, Jesús Maraña, Almudena Grandes o Lucía Etxebarría, que firman manifiestos de “intelectuales” sin vergüenza alguna.

Al contrario que antes, cuando la ignorancia se procuraba disimular, disculpar y corregir, ahora se exhibe impúdicamente y, además, se justifica porque la cultura es de derechas. Se impone entre la juventud la “kultura alternativa”, y se llaman así a los “talleres” en los que se enseña desde hacer tatuajes, charlas sobre medio ambiente, sobre el racismo, la igualdad de género, batukadas y similares. Poco o nada de talleres de cultura clásica, literatura del XIX, cine negro, talleres de radio, novela, ciencia… mil cosas.

Antaño, el deseo de nuestros padres, los que no tuvieron acceso a una educación completa y que tenían las manos llenas de callos, era que sus hijos fueran más inteligentes que ellos, más capaces, aprendiesen no sólo a leer, escribir sino que se formaran bien para aspirar a ser mejor que ellos. Eso lo consiguieron con muchos de nosotros, pero nosotros, la generación “Baby Boom” de los 50/60, no lo hemos conseguido. Muchos de nuestros hijos son más incultos que nosotros, menos curiosos, más indolentes, más manejables, más vagos,  leen menos y son menos solidarios, por mucho que en las encuestas digan otra cosa.  Y coincide con que hay una generación, la de los 70/80, la “Generación X”, en la que ha aparecido gente inteligente pero malvada, que se aprovecha de esos “millenials” y “Generación Z”, o “centennials”, para llevarlos a su redil.

La cultura cuesta esfuerzo. Y no vivimos precisamente en una sociedad acostumbrada a él. Por eso perseguimos metas instantáneas y miramos poco a largo plazo.

Cuando uno busca un médico, un mecánico, un abogado, por supuesto espera y desea que sea el mejor. Que sepa mucho más que él de lo que hay que hacer. Antes los ciudadanos procuraban elegir políticos brillantes y preparados.  Pero ahora, cuando uno elige a un político, no pedimos que sea un tipo con un amplio currículo, un historial de años de trabajo, unas titulaciones y una preparación que le permita desarrollar son solvencia su trabajo.

No. Ahora buscamos para que nos gobierne a alguien como nosotros, alguien en quien nos sintamos identificados. No pedimos conocimientos, pedimos que sean colegas. Como si para operarnos del corazón buscáramos a un chaval de 2º de Medicina, de la edad de nuestro hijo pequeño, el que estudia peluquería…

Hoy, los políticos y las políticas “de género” se permiten enmendar la plana a la RAE o a la Real Academia de la Historia o al sursum corda. Ahora se va a perpetrar el  que los alumnos puedan pasar de curso con más suspensos porque la izquierda es igualdad. Igualdad por abajo, claro. La izquierda de ahora nunca ha premiado la excelencia, ha fomentado la estulticia y la vagancia y el desprecio por el trabajo bien hecho. Incluso por el trabajo simplemente.  Los empollones siempre hemos sido fachas, pero ya no habrá ese problema. Ya nadie necesitará ser empollón así que se acabó la discriminación. Todos, igual de burros. Todos vamos a ser Adriana Lastra y a disfrutarlo.

Hoy, los analfabetos funcionales nos gobiernan sin ningún complejo. Por eso los votantes están bien representados y tan contentos consigo mismos.