domingo, 25 de octubre de 2020

EL GOLPE QUE VIENE.

Publicado en Minuto Crucial el 16/10/2020.


La independencia judicial es una de las garantías de un Estado de Derecho. Debería decir que es la mayor y de la que depende que existan las otras. En España, el órgano de gobierno de los jueces, el Consejo General del Poder Judicial, se encuentra hoy con que el mandato de sus vocales está caducado.

Para su renovación, la Ley Orgánica 6/1985 regula que son necesarios los votos de 3/5 de las Cortes por lo que, con la actual composición, el Gobierno tiene que contar con el principal partido de la oposición.  L opinión pública alejada de estos pormenores si no fuera porque ahora el Partido Popular se niega a negociar con el Gobierno esa renovación en la que los partidos del Gobierno pretenden imponer sus candidatos. PSOE y PODEMOS se encuentran así con un CGPJ cuya mayoría tacha de “conservadora” porque fue conformada en acuerdos tomados cuando el Partido Popular estaba en el poder y tenía mayoría en las cámaras.

Además, su sistema de nombramiento no garantiza suficientemente esa independencia y así nos lo ha recordado repetidamente en los últimos 20 años el GRECO (Grupo de Estados contra la Corrupción del Consejo de Europa). Hace depender excesivamente al Poder Judicial de otro de los poderes, el Legislativo. Y eso es algo que atenta de raíz contra esa pretendida independencia.

No es esto lo que les preocupa ni al Gobierno ni a la oposición. Si así fuera, habrían atendido las propuestas que llevó al Congreso UPYD en su día para reformar el sistema haciéndolo más independiente, permitiendo que los propios jueces tuvieran mayor responsabilidad en la elección de sus órganos de gobierno, que es justo lo que nos pide Europa. Otra propuesta democrática modernizadora más de UPYD despreciada por los dos grandes partidos. No es una novedad.

Para este Ejecutivo es muy importante controlar el CGPJ colocando a los suyos.  Hay por delante un horizonte judicial intenso, con la revitalización de los casos que afectan al propio Partido Popular pero también a Podemos y, por supuesto, todo el asunto relacionado con el independentismo catalán, que promete novedades importantes.

Por ello, el Gobierno se propone, en un acto que seguramente es un fraude de Ley, modificar la citada Ley Orgánica de modo que sea necesaria para la renovación tan sólo la mayoría absoluta. Así, nada más que serían necesarios los votos de PSOE, PODEMOS y los nacionalistas que apoyaron la investidura, incluido Teruel Existe... Se conformaría así un Poder Judicial controlado en exclusiva por los partidos de izquierda y nacionalistas.

La necesidad de controlar el Poder Judicial ya se vio pronto por parte del Gobierno en el asunto del “prusés” al ordenar a la Abogacía del Estado no considerar el delito de rebelión y dejarlo en sedición, sustituyendo a los abogados díscolos que no se prestaron a la maniobra. Y, por supuesto, en el nombramiento de su ministra de Justicia, Dolores Delgado, como Fiscal General de Estado. No es frívolo citar que la pareja de Delgado es Baltasar Garzón, juez condenado y expulsado de la carrera judicial por prevaricación y dedicado a trabajar en la esfera internacional. Entre sus clientes están Hervé Falciani, Julian Assange, un millonario ruso acusado de blanqueo, Evo Morales y varios magnates venezolanos del petróleo.

No olvidemos que las modernas tiranías de izquierdas hoy saben que necesitan revestirse de un halo de “legalidad” para justificarse. Así movilizan a su favor a gran parte de la opinión pública en sus propios países y en el resto de democracias occidentales, dificultando las posiciones contrarias de gobiernos más pendientes de no disgustar a esa opinión pública que de hacer prevalecer la democracia en todas partes. Por eso, por ejemplo, asistimos en Venezuela a trapisondas legales para constituir asambleas legislativas y tribunales paralelos a los constitucionales, vaciando a estos de contenido, ilegalizándolos y nombrando nuevos cargos desde unas pretendidas normas legales. La fuerza bruta le sería más expeditiva a Maduro pero con ella perdería de golpe la poca legitimidad que le pudiera quedar.

Pues eso le pasa a Sánchez. Necesita la Ley para sortear la Ley. Ha hecho suya, curiosamente,  la máxima de Torcuato Fernández Miranda (“De la Ley a la Ley”) que sirvió para hacer la Transición y la aplica él ahora en su propio beneficio.

Por ello, si el Tribunal Constitucional no lo impide, estamos ante un cambio en los miembros de CGPJ que les permitirá a Sánchez y a Iglesias constituir las bases de su república.

Porque ese es el fin último de su labor en el Gobierno y lo pretenden alcanzar de dos maneras. La primera es agitando las calles creando un clima contrario a la monarquía y para eso en Podemos se han puesto a ello desde el primero hasta el último, sumándose a los partidos nacionalistas. Colaboran también maniobras no tan ostentosas pero si continuas de Sánchez, como impedir al Rey asistir a la recogida de despachos de los jueces en Barcelona. La segunda manera, y paralela a la otra, es recurriendo, como decía, a la Ley de forma torticera.

Los informáticos llaman “back door”, puerta de atrás, a determinadas brechas de seguridad en un programa, debidas o no a errores de programación, que permiten saltarse las barreras y acceder al sistema para hacer cualquier cambio. Pues bien, nuestra Constitución tiene una puerta de atrás muy importante.

El artículo 168 de la misma indica que el procedimiento para hacer modificaciones sustanciales supone la aprobación de esos cambios por mayoría de 2/3 en las Cortes, disolución de las mismas, aprobación de la reforma por las nuevas Cortes con la misma mayoría y, por último, referéndum. Es lo que se conoce como reforma agravada, frente a la ordinaria por mayoría absoluta que permitió, por ejemplo, la modificación del art. 135 en época de Zapatero.

Con ese método, es realmente complicado hoy obtener mayorías como para cambiar, por ejemplo, la forma de Estado e instaurar una república.

¿Y cuál es la “puerta de atrás”? Pues que para reformar el propio artículo 168 basta con el procedimiento ordinario. Esto es: se puede reformar ese artículo con mayoría absoluta de modo que estableciese, por ejemplo, que se pudiera cambiar toda la Constitución sólo con esa mayoría. Al día siguiente, los mismos partidos que eligieron a Sánchez como presidente del Gobierno podrían instaurar “legalmente” una República.

Es un fallo de la Constitución no previsto por quienes, con más buena voluntad que criterio, no esperaban que a la política española concurrieran personajes de la más baja estofa, tan cínicos, con menos escrúpulos y tan malintencionados como los que tenemos actualmente en el poder.

Si Sánchez e Iglesias se salen con la suya en esta modificación de la Ley Orgánica del Poder Judicial, habrán abierto camino para esa otra reforma aún más perniciosa y, entonces ya sí, absolutamente bolivariana.

Cuando, tras leer esto, puedan ustedes cerrar la boca, les pido que hagan algo para impedir lo que viene porque me temo que cada vez estamos más cerca de un autogolpe de Estado al estilo Fujimori.

Aunque quizá ustedes, con su buena voluntad y su característico optimismo, podrían decirme que nunca el Tribunal Constitucional podría permitir un cambió así. Pues bien, resulta que el Título IX de la Constitución, que prevé que la mayoría de los miembros de ese tribunal (los que no son nombrados por el Gobierno y el CGPJ) necesitan 3/5 de las cámaras para ser nombrados, también puede ser modificado por mayoría absoluta y por tanto se puede repetir la misma maniobra. No necesito decirles más.

En definitiva, “De la Ley a la Ley”, en cuestión de meses, podrían Sánchez e Iglesias proclamar la República sin oposición legal alguna.

Ya pueden volver a parpadear.

martes, 13 de octubre de 2020

LA BURUNGANDA POLÍTICA.

Publicado el 9/10/2020 en Minuto Crucial.

 

Escuchando a Cayetana Álvarez de Toledo, lo primero que uno hace es reencontrarse con un discurso medido, trabajado, culto, rico en matices y en vocablos cada vez menos oídos en un político casi desde los lejanos tiempos de Castelar. Como, por ejemplo, la palabra abulia. Es la usada por ella para calificar la actuación del gobierno de Sánchez en relación a la pandemia tras la finalización del estado de alarma. Dice la Real Academia de la Lengua que abulia es pasividad, desinterés y falta de voluntad, así que está utilizada aquí con toda propiedad.

Pues esa abulia también es la que hace que, de forma persistente, casi uno de cada 3 españoles decida no votar nunca en las elecciones generales. En las últimas, el partido ganador obtuvo un 28 % de los votos. Pero resulta que hubo un 33 % de abstención. O sea, sólo votó el doble de personas de las que no lo hicieron. El PSOE convenció a sólo 18 de cada 100 personas con derecho al voto. Y con esos mimbres como base, tenemos el gobierno que tenemos. Me dirán que los demás convencieron a menos aún. Pues claro: ese es el problema.

El poder de decisión de esa tercera parte de los ciudadanos que se quedaron en su casa es mucho mayor que el de los que votan a cualquiera de las opciones políticas. Repito: se quedó en casa 1 de cada 3 y votó al PSOE menos de 1 de cada 5. Los abstencionistas son los que han contribuido en mayor medida a formar el gobierno que tenemos ahora. Dicho más claro: el gobierno que tenemos es el elegido por los abstencionistas para dirigir España, lo vean ellos así o no.

Yo nunca me abstuve desde que pude votar por primera vez en 1982. Me parece inmoral. Es muy conocida la frase de Platón: “el precio de desentenderse de la política es dejarse gobernar por los peores hombres”. Y eso es lo que me parece la abstención, una forma de sacudirse las pulgas y dejarlo todo en manos de los demás. Demás, por cierto, a los que luego exigen que lo hagan bien, como si un abstencionista tuviera derecho a hacer esa exigencia. Yo, para empezar haciendo amigos, les niego ese derecho.

La principal razón esgrimida por el abstencionista es la de que “todos los políticos son iguales”. Eso les ha venido muy bien a los que realmente sí son “iguales” y  deja poco margen para los que luchan cada día por el bien común, sean del partido que sean. Incluso para los que hay así dentro de los grandes partidos, que son bastantes, por otra parte y que son confundidos pronto con los demás por ese electorado muchas veces ovejuno.

Sí, he dicho electorado ovejuno. Y lo reitero: ovejuno, borreguil, adocenado, incapaz, adoctrinado, analfabeto políticamente y no sólo políticamente. Gentes cuyos conocimientos de política se resumen en lo que cabe en tres o cuatro camisetas y pancartas. Decir que el votante nunca se equivoca es como decir que el cliente siempre tiene razón: una falsedad capciosa. Y si el votante se equivoca, el abstencionista se equivoca aún más. Siempre.

Los abstencionistas que no votan porque dicen que no hay ningún partido que los represente del todo parten de una base equivocada. Nunca vamos a compartir todas las ideas de ningún partido. Y si así fuera, sería señal de que estamos equivocados y no meditamos lo suficiente. No encuentran a un partido ideal pero, a la vez, muchos están convencidos de, entre los  7.500 millones de personas que hay en el mundo, haber encontrado a su media naranja con la que coindicen en todo…  A veces exigimos demasiado y a veces, demasiado poco.

Esa abulia la alimentan los malos políticos con sus narcotizantes discursos ideologizados y populistas; con su corrupción; con su falta de interés en los problemas reales; con su tendencia a crear otros donde no los había y con su lejanía del electorado…. Unos con su altanería prepotente y otros con su comportamiento barriobajero. En definitiva, con su burundanga diaria que adormece, que cansa al electorado, que lo anestesia.  Con eso atraen a votantes incapaces y radicales y expulsan a gente moderada que, de buena fe, acaba creyendo que no hay ni puede haber nadie que vele por los intereses de todos.

Concediendo, por tanto, a los abstencionistas que no hay ningún partido con el que nos identifiquemos del todo, siempre tendremos alguno con el que lo hagamos más que con los otros, aunque haya cosas en su programa que nos disgusten. Incluso, que nos irriten. A mí me pasa incluso con el mío. Hay que hacer una personal escala de valores y votar siempre por el menos malo porque si ese no nos gusta y no le votamos, lo más fácil es que gobierne el más malo. Ese que sí se va a dedicar a hacernos la vida imposible del todo.

La postura de quedarse en casa en demasiado cómoda. No compromete, no nos señala, no nos identifica… A menudo el abstencionista se sube a un atril real o virtual y empieza a dar lecciones sobre lo mal que está todo y que nadie lo soluciona. Y pretende que lo arregle un partido al que no ha votado sin recordar que a ese partido lo ha formado y mantenido gente que no piensa como él.

El voto hoy no es como el voto en 1986 o en 2000, por ejemplo. Aquí no están ya en juego sólo políticas relativamente cercanas en el espectro político, separadas por unos pocos grados en el hemiciclo. No están en discusión medidas moderadas, modernas, europeas, más o menos sociales, más o menos liberales, más o menos socialdemócratas... No está en liza hoy decidir de qué color queremos las paredes o si ponemos venecianas o cortinas en las ventanas como sí lo estuvieron desde 1978 hasta 2004, con la llegada del infame Zapatero. Están en juego hoy los fundamentos básicos de nuestro Estado de Derecho. Están en peligro la mera existencia de España y nuestras libertades. Con un gobierno parasitado de comunistas, que ha desembarcado a los suyos en el CIS, el CNI, la agencia EFE, RTVE o la Fiscalía, que quiere hacer lo mismo en la Justicia y defenestrar la Corona, están en peligro esas libertades que nunca vimos en riesgo desde 1978, a pesar de los embates sanguinarios de los terroristas que se empeñaron en ello.

Una canción de ‘Celtas Cortos’ dice: “Si en España el aumento del paro / ya va por el tercer millón / y si el campo se va a la mierda / y el poder huele a corrupción, / tranquilo, no te pongas nervioso, / tranquilo, majete, en tu sillón.”  Pues, de momento, estamos a punto del cuarto millón y hay mucha gente demasiado tranquila…

Hago un llamamiento al abstencionista para que deje de serlo, para que se ponga en pie y haga un esfuerzo por distinguir el grano de la paja. Por identificar los verdaderos problemas que tenemos y quiénes los han creado y los alimentan y así poder expulsarlos definitivamente de la vida pública.

Una vez nos hayamos vacunado contra ellos, una vez tengamos fuera de la política a los extremistas, a los violentos, a los revanchistas, a los falsos, a los mediocres, a los corruptos… entonces, cuando ya los cimientos mismos de nuestra casa no corran peligro, como ahora pasa, será posible volver a decidir entre todos de qué color pintamos la escalera o si cambiamos el ascensor.

Cuando hagan hecho ese esfuerzo, para ellos supremo, espero que ya nunca deje de importarles quién nos gobierna.

lunes, 5 de octubre de 2020

EL FRAUDE ELECTORAL

Publicada el 2/10/2020 en Minuto Crucial


Casi 40 años llevamos con el mismo sistema electoral. Una Ley Orgánica de 1985 que otorga el mismo poder de decisión a 34.000 turolenses que a 129.000 madrileños es de todo menos justa.

 

Con ella se beneficia a partidos que tienen mucho poder en provincias poco pobladas, aunque fuera de ellas no pidan el voto o ni siquiera los conozcamos. Se favorece así la división entre españoles al hacerles ver la utilidad de partidos locales que defiendan “lo nuestro” en lugar de nacionales que defiendan lo de todos. Dividir, enfrentar, buscar o inventar agravios es rentable electoralmente para esas formaciones. O sea, el sistema favorece a los más grandes y a los locales. Locales que luego chantajean a los grandes para obtener más beneficios para sus terruños.

 

No es comprensible que en el Congreso, donde se toman decisiones que afectan al conjunto de los españoles dentro de las atribuciones que tiene, haya formaciones locales. No tiene ningún sentido que un partido local de Cantabria decida la política de inversiones del Estado en la vecina Asturias o en Canarias. Para que los partidos locales decidan lo que les compete existen las autonomías o el Senado.  Aunque lo mejor que se puede hacer con el Senado es cerrarlo por inútil, pero eso es otra cuestión.

 

Es por esto que los partidos de ámbito nacional que no tienen muchos votos concentrados en ningún sitio están claramente perjudicados. La mayor parte de los apoyos recibidos por esas formaciones son inútiles para obtener escaño y causan entre el electorado desaliento y frustración.

 

Fue siempre claramente el caso del PCE-Izquierda Unida y, sobre todo, de UPYD, primera formación que pidió el cambio de Ley Electoral. De los 310.000 votos que recibió este partido en 2008, su única diputada por Madrid obtuvo 132.000. Los demás, obtenido en el resto de España, fueron a la basura. Y en 2008 fue aún peor: de la cantidad de 1.143.000 votos de toda España, en Valencia y Madrid, lugares en los que obtuvo 5 escaños, les votaron 421.000 personas. Por tanto, más de 700.000 votantes vieron como sus papeletas servían para papel reciclado, en el mejor de los casos. 700.000 personas cuyo esfuerzo fue en vano. Con esta Ley, cualquier otra iniciativa política de similar corte e implantación está condenada al fracaso y eso lo saben muy bien los partidos viejos.

 

De hecho, ahora también este problema lo sufren Ciudadanos y VOX pero no llevan tampoco visos de obtener nada aunque propongan un cambio.

 

Nunca se interesaron en ello ni el PP ni el PSOE porque creían ambos que iban a aprovecharse de su fuerza más o menos homogénea en toda España o que, en el peor de los casos, iban a compensar suficientemente su vacíos en algunas comunidades con un apoyo masivo en otras. Hasta ahora no les va mal del todo pero ya empiezan a ver los problemas de no tener suficiente implantación en Galicia, País Vasco o Cataluña, por ejemplo.

 

El PSOE, en concreto, anda más atareado en modificar el Código Penal para indultar a los golpistas, como ha dejado entrever el ministro de Justicia, o en  introducir una Ley de Memoria Selectiva. O también en ir recortando las alas a la Corona para hacernos creer que es un órgano inútil o contraproducente y preparar el terreno para el derribo de la monarquía, como ya lo hicieran en 1931.

 

Tenemos un sistema de listas cerradas que se lleva muy bien con la falsa democracia interna de los partidos, en la que el que se mueve no sale en la foto, como ya nos advirtió Alfonso Guerra en un ataque súbito de sinceridad. Los partidos se aseguran de que los que están en puestos de salida son adeptos al régimen, con años de servilismo demostrado y, a ser posible, que nunca hayan hecho nada fuera de la política. Así, como Tom Cruise en “La tapadera”, se ven envueltos en una trama de la que no pueden salir y de la que depende su forma de vida, bastante agradable en muchos casos.

 

Hay notables excepciones de personas que tienen amor propio y se van, incluso dejando el escaño. Casi todas esas excepciones son no sólo criticadas por sus propios partidos, siempre con saña, sino que se ha conseguido que también la opinión pública las vea de forma negativa, cuando son el resultado de un ejercicio de rebeldía contra ese sistema cerrado de poder y una denuncia que debería servirnos para rebelarnos también contra él. También aquí se nota la infantilidad y el analfabetismo político de buena parte del electorado.

 

La reforma, por tanto, más urgente pasa por tres puntos: hacer que todos los votos cuenten lo mismo; que no se puedan presentar al Congreso formaciones locales y que haya un sistema de listas abiertas.

 

Tampoco estaría de más estudiar si la circunscripción electoral debe seguir siendo la provincia o ampliarla a la Comunidad Autónoma. En ningún caso soy favorable a las circunscripciones uninominales, que sólo supondrían un agravamiento del problema al favorecer a caciques populistas locales. Estas propuestas, de llegar al Congreso alguna vez de nuevo, caerían en saco roto mientras no se produzcan profundos cambios internos en el PP y en el PSOE.

 

Del primero de ellos, tras la salida de Cayetana Álvarez de Toledo, ya podemos irnos despidiendo. Su posibilidad de aglutinar de nuevo los votos de centro derecha se difumina cada día porque ellos mismos se encargan de cortarse las alas. Y del PSOE, que está desembarcando a los suyos en RTVE, en la Fiscalía, en la Agencia EFE, en el CIS y en todos los órganos reguladores y creadores de opinión y que va más por la vía guerracivilista de enfrentamiento continuo que por la de mejorar la calidad democrática, no esperamos nada bueno.

 

Los defectos de nuestra democracia se podrían suplir con políticos con visión de Estado, sentido del deber y preocupación el futuro a largo plazo. Nada más distinto a la realidad actual.

 

Vivimos una democracia a la que están empezando a tirarle las sisas y los sastres que hay no saben bordar ni coser sino poner parches.

sábado, 26 de septiembre de 2020

EL ORO DE FERRAZ

Publicado en Minuto Crucial el 25/9/2020


Hace unos años fue noticia la imposición de diversas condecoraciones militares a la Virgen, en algunas de sus diversas advocaciones,  por parte del entonces ministro de Interior con Rajoy, Jorge Fernández Díaz.

Lo estrambótico de ello en un estado aconfesional como el nuestro acaparó diversas críticas bastante razonadas en el sentido de que no son admisibles semejantes ceremonias en una sociedad como la actual.

 Pero ese reconocimiento a un ente para muchos inexistente y, desde luego, inocuo, es algo casi naif comparado con el que quiero citar hoy: el PSOE de Canarias nombró en enero pasado a Juan Negrín, expresidente de la República y Ministro de Hacienda, fallecido en 1956, Presidente de Honor del partido. Otra condecoración a alguien que tampoco existe.

 Si de la Virgen, los no creyentes no podemos decir que haya hecho cosas buenas ni malas, no se puede decir lo mismo de Juan Negrín, que de todo hizo.

 En 1936, la reserva de oro de España era la cuarta mayor del mundo. Con Negrín como Ministro de Hacienda al inicio de la guerra, y bajo sus órdenes, 510 toneladas de oro fueron sacadas del Banco de España y trasladadas principalmente a la URSS, pero también a Francia. Con ellas se pagaron las armas de Stalin, los aprovisionamientos de las milicias republicanas y, por supuesto, el exilio de muchos de sus dirigentes tras la contienda.

 El envío del oro a Moscú tuvo varios efectos: produjo una devaluación inmediata en la peseta por la falta de garantía de la moneda y una crisis económica a sumar a la bélica; no obtuvo los beneficios deseados que sí hubiera tenido si se hubiera trasladado a países más transparentes y fiables económicamente, como EEUU o Gran Bretaña y, por supuesto, ayudó a prolongar la guerra y, después, a alargar la posguerra al dejar al destrozado país sin reservas con las que poder reconstruirse de forma más rápida.

 Esas 510 toneladas de oro, al precio de hoy, equivaldrían a unos 27.000 MM de euros, 5000 más de lo que costó el rescate a Bankia.

 Estoy seguro de que el nombramiento como Presidente de Honor no lo ha sido por la actuación en sus últimos años. Negrín aportó, según algunos historiadores, alguna documentación que obraba en su poder para justificar los envíos y ver si así el nuevo Gobierno podía reclamar al menos parte de ese oro. Vano intento, por supuesto, pero le serviría, supongo, para redimir sus culpas ante su propia conciencia.

 A Negrín lo expulsó el PSOE, ya en el exilio, por desavenencias con Indalecio Prieto, pero le rinde honores hoy. También lo hace todos los días a Largo Caballero, que dejó escrito que su modelo de socialismo era el de Unión Soviética y que habría que llegar a él aunque fuera de forma violenta, palabras que no se recuerdan nunca en los homenajes que se le hacen en el Cementerio Civil de Madrid, donde está enterrado, junto a una avenida que lleva su nombre.

 Como también reconocen la labor de la condenada y condenable Junta de Andalucía del PSOE, implicada en el atraco de 680 MM de euros a las arcas públicas. No en vano, el PSOE sigue apoyando la honradez de Chaves o Griñán y Sánchez ha nombrado a dos de sus consejeras como vicepresidenta y ministra. El caso de Montero, premiada con el Ministerio de Hacienda tras arruinar las cuentas de Andalucía, sería risible si no fuera dramático. Como vemos, la predilección del PSOE por este tipo de personas, que tanto y tan mal han hecho por la economía española, no es anecdótica sino una constante.

 El PSOE, como los Lannister, siempre paga sus deudas, aunque sea tarde. Desde el Banco de España hasta los ERE, pasando por  los intencionadamente olvidados casos Flick o Filesa, nunca han dejado de correr ríos de oro por la calle Ferraz.

 Oro público siempre, claro. O sea, el nuestro.

sábado, 19 de septiembre de 2020

LA GALLINA DEL PINAR.

Publicado en Minuto Crucial el 17/9/2020


El pasado mes de noviembre, el presidente Sánchez, con mucha sorna, se preguntaba en una entrevista de quién depende la Fiscalía General del Estado, para afirmar “¡pues ya está!” cuando el periodista le contestaba que era del Gobierno.

 

Pues eso, que ya está. Algunos lo acaban de descubrir ahora, parece ser, y se llevan las manos a la cabeza.

 

En 1992, Felipe González nombró a Eligio Hernández Fiscal General. Apodado desde sus tiempos de lucha canaria como “el Pollo del Pinar”, ya había ocupado cargos en la administración socialista. Desde el principio fue cuestionado por irregularidades en el procedimiento y denunciado por sus propios compañeros a través de nada menos que tres asociaciones profesionales. Cesó en 1994 y en 1996 el Tribunal Supremo confirmó la ilegalidad de su nombramiento, por supuesto, ya sin ningún efecto práctico. La Justicia deja de serlo cuando no llega a tiempo.

 

Esta figura, clave en nuestro ordenamiento jurídico, siempre ha estado cuestionada por la forma arbitraria de su nombramiento a cargo del Gobierno en solitario. Elegir a una persona más por afinidades políticas que por sus capacidades profesionales ha sido la norma con todos los gobiernos desde el ’78. Del PP y del PSOE.

 

Cuando creíamos que nada podría superar el caso de Hernández,  llega 2020 y el Gobierno nombra nada menos que a su ministra de Justicia como Fiscal General del Estado. Y es cuando recordamos las palabras de Sánchez de unas semanas atrás. En estos momentos en los que hay tantas causas importantísimas pendientes en la Justicia, como la corrupción del PP y del PSOE o el ya maloliente asunto del “prusés”, nombrar a una persona “de la casa” parecía más necesario que nunca para este Gobierno.

 

A estas causas, se han sumado ahora los asuntos de la posible corrupción en Podemos y, por supuesto, las denuncias presentadas contra el Gobierno motivadas por el Covid-19.

 

Y claro, el nuevo fichaje no ha defraudado. Esta firme candidata al premio Zamora de este año está parando todos los balones que llegan a su portería: las demandas presentadas por la autorización de las manifestaciones del 8-M,  las denuncias contra miembros del Gobierno  en la gestión de la pandemia y las investigaciones sobre Podemos. Un auténtico pulpo bajo los palos.

 

El astronómico sueldo de 120.000 €/año, mucho mayor que el de ministra, lo tiene bien ganado. La Fiscal General del Estado se ha mostrado como una eficacísima Abogada Particular del Gobierno.

 

El nombramiento está recurrido por el Partido Popular ante el Tribunal Supremo pero, dada la experiencia citada al inicio, da igual cual sea su resolución. Ésta se producirá dentro de 2 ó 3 años, con Delgado sustituida, y no tendrá ningún efecto, ni siquiera electoral, ante unos ciudadanos anestesiados por el Covid-19 y la crisis económica y embelesados con el eterno espantajo de Franco.  O sea, a Sánchez el fichaje de Delgado le va a salir más rentable que al Real Madrid el de Cristiano Ronaldo.

 

Y tampoco son estos recursos al Supremo la solución al grave problema de politización del sistema judicial, que ha sido denunciada recientemente por el Consejo de Europa como “el talón de Aquiles de la Justicia española”.

 

Desde UPYD siempre hemos pedido una real y urgente despolitización y dimos ejemplo renunciando, cuanto estábamos en el Congreso, a participar en el mercadeo en el que ahora están inmersos los partidos: el de acordar los peones que nombra cada uno en el Consejo General del Poder Judicial. También para la Fiscalía General queremos otro sistema que dependa mucho más de los profesionales y mucho menos de los políticos.

 

Así sería muy difícil asistir al bochorno de ver a un reciente miembro del Poder Ejecutivo influir tan groseramente en la Justicia.

 

Por cierto, el “Pollo del Pinar” apoyó en enero a Dolores Delgado y manifestó que su nombramiento es un acierto de Sánchez.

 

Hay halagos que son auténticas condenas.

sábado, 12 de septiembre de 2020

ESTE GOBIERNO ES IMPRESCINDIBLE

Publicado en Minutocrucial.com el 4/9/2020

Un compañero de trabajo, mi admirado y recordado Paco de Jaén, repetía a menudo aquello de que “el cementerio está lleno de gente imprescindible”. Lo decía de esa gente que se cree importantísima: empresarios o ejecutivos, altos o medianos, que no toman casi vacaciones o que nunca se van del todo, quedando siempre atentos al teléfono; maridos que creen que sin ellos su casa sería una catástrofe; empleados que guardan celosamente secretos de su empresa pensando que así se hacen más valiosos para sus jefes o jugadores de fútbol que creen que su club es grande gracias a ellos, entre otros.

Pues sí, el cementerio está lleno de ellos, así como de grandes jefes de estado, victoriosos generales, políticos de todo tipo, líderes religiosos y sociales… Gente que se ha ido y ha sido sustituida por otra y de la que a veces no queda ni el recuerdo.

Y ministros.  Pero eso no pasa con este Gobierno, en el que todos y cada uno de sus miembros y miembras son del todo imprescindibles, pero de verdad. No sé qué haríamos sin ellos pero también es verdad que unos más que otros. Porque quizá haya ministros contingentes pero hay algunos que son absolutamente necesarios.

Por ejemplo, Manuel Castells es el ministro de la UNED, que es la única universidad que depende del Estado. Las demás, como reconoció él mismo el 23 de abril, fecha en la que ya le perdimos la pista, ni siquiera lo hacen de las comunidades autónomas sino que hemos hecho de cada universidad casi una taifa, algunas de ellas con más superficie que el Estado del Vaticano y cuyo rector merecería el título de Jefe de Estado, que a veces tiene el poder de convocar o no a las Fuerzas de Seguridad o colocar a sus amigos y parientes.

El verano de Castells está siendo largo. Y ahora van y le ponen una reunión justo cuando acaban de operarle y a la que no ha podido ir, claro. A ver si al próximo trimestre, hombre…

También podemos hablar de Garzón. Poner a un comunista en Consumo es como poner a Gandhi como Capitán General del Ejército. No hay ningún gobierno realmente comunista (China no lo es, por mucho que lo parezca) en el que el consumo se haya convertido en el motor de la economía y se haya regulado de modo que beneficie a la población. Al contrario, en todos se ha deteriorado la vida y han conseguido que Cuba importe azúcar; Venezuela, gasolina y Corea del Norte… se muera de hambre. Algunos, como dice aquel chiste sobre el matrimonio, acabaron bien, como los de la RDA, Polonia o Rumanía, por ejemplo.

Garzón dejó escrito que el modelo de consumo cubano es el “único sostenible y tiene un alto desarrollo humano”. No podemos decir que nos oculte sus intenciones, desde luego. Pero de luna de miel se fue un mes a la capitalista Nueva Zelanda y se compró un piso de 200.000 € a las afueras de Madrid. Todo ello muy comunista… Y hay que tener en cuenta que el consumo es competencia, en su mayoría, de las entidades locales: comunidades y ayuntamientos. O sea, con que hiciera un horario de 9 a 13, lunes y miércoles, le sobraría tiempo.

Podría seguir con todos y cada uno de estos imprescindible pero hoy acabaré con Pedro Duque porque el espacio en un artículo, al contrario que el estelar, no es infinito. Duque se ha quedado con Ciencia e Innovación.  Si decíamos que Castell es el ministro de la UNED, de Duque podríamos decir que es el ministro del CSIC, Centro Superior de Investigaciones Científicas y algunos institutos más, como el CIEMAT, que no es poco, pero que tampoco dan para un ministerio.

En épocas pasadas, y hasta la Transición, estaba la figura del ministro sin cartera. De hecho, el tercer Gobierno de Suárez, en 1979 tenía 24 ministros, sólo uno más que éste, seis de ellos sin cartera. Como ahora, más o menos.

 Lo curioso es que estos casi ministros cobran lo mismo que la ministra de Defensa, la de Hacienda o la de Exteriores, qué sí son competencias exclusivas estatales.

Teniendo en cuenta que estamos entre los estados más descentralizados de la Unión Europea, en el que tenemos 17 sistemas sanitarios desconectados informáticamente entre sí, 17 sistemas educativos o varias policías autonómicas y estatales con funciones a veces solapadas y con dificultades de comunicación, aún es difícil pensar qué haríamos sin alguno de estos 23 ministros.

Ojalá no nos falten nunca.

FIRMADO: MIGUEL BLESA DE LA PARRA.


Publicado en Minutocrucial.com el 11/9/2020

Serrat habla de aquellas pequeñas cosas del pasado que podemos encontrar en un rincón, en un papel o en un cajón. Es éste el caso. Ordenando papeles, me ha sobresaltado uno muy especial: tengo en mis manos la carta que me dirigió el 30 de junio de 2005 Miguel Blesa, presidente entonces de Caja Madrid, felicitándome por el inminente cumplimiento de mis primeros 25 años en la Entidad, al mes siguiente.
Esa misiva está encabezada por un “Querido Alfonso” de su puño y letra y acaba, también de igual manera, con un “Enhorabuena y un fuerte abrazo”. Y firmada por él, por supuesto.

Impresiona mucho, la verdad, saber que la mano que rubricó esto es la misma con la que, años más tarde, sujetaría la escopeta con la que se quitó la vida. Reconozco que he estado unos minutos en estado de shock.

La memoria de casi todos los muertos, en lo personal, merece respeto. La de Miguel Blesa, también, por supuesto.

Pero esto es en lo personal. Aparte de eso, no lo merece la banda de desalmados, entre los que se encontraba, que atracaron las Cajas de Ahorro sin pasamontañas y sin medias en la cara, llevándose por delante 300 años de historia de dedicación a las clases populares y de aportación a la sociedad a través de las Obras Sociales, que fue para lo que se crearon. Y él no era de los peores. Después de que las ratas y buitres locales (luego hablaremos de ellos) y nacionales se abatieran sobre ellas, sus despojos han tenido que ser malvendidos al sector bancario, que esperaba ávido a que cayera su competencia. Porque hay que recordar que las Cajas llegaron a ser hace menos de 20 años más del 50 % del sector financiero en España. Algo que no se podía perdonar desde la banca.

Cada Caja habrá tenido su historia y no las conozco todas. Sí sé que han sobrevivido con dignidad sólo las más despolitizadas, como La Caixa (ahora convertida en Caixabank), Caixa Pollensa y Caixa Ontinyent.

Yo tuve la suerte de vivir la primera época y la desgracia de padecer la segunda y las consecuencias laborales de la misma.

El llamado “capitalismo de amiguetes” de los ‘90 y 2000 fue posible por las reformas legales de las Cajas de Ahorro en los años 1977 (Fuentes Quintana), ‘81 y ‘86, que tergiversaron su papel equiparando su funcionamiento a la banca, que no su gestión y su estructura de balance. Y, sobre todo, por la voracidad de las Comunidades Autónomas, que cayeron sobre ellas como piojos en limpio, con una voracidad y falta de escrúpulos digna de muchos años de cárcel, amparadas por el Banco de España y resto de reguladores en los que, por supuesto, nadie se ha suicidado ni falta que les ha hecho.

Debemos pocas cosas buenas a las CC.AA. y muchas malas. Con seguridad, una de las peores es ésta, la liquidación de las Cajas. Los jefecillos de cada taifa vieron los cielos abiertos en cuanto se les abrieron también las cajas acorazadas de ese 52 % del sistema financiero español y se apresuraron a colocar a sus fieles al frente.

Tardaron minutos en darse cuenta de que eso serviría para financiar proyectos locales y particulares, no con fines de utilidad pública, sino con las nada secretas intenciones de levantar, por ejemplo, magnas edificaciones faraónicas inútiles que cumplirían la doble función de meter dinero en el bolsillo a los amigos y de quedar para la posteridad a mayor gloria del cacique local. Y ejemplos de ello los tenemos en todas las provincias españolas.

El criterio de riesgos profesional para esas operaciones fue sustituido por el político. El mismo criterio que hacía y hace que, por ejemplo, cualquier financiación solicitada por un partido político, un medio de comunicación o un club deportivo, fuera resuelta por el Comité de Dirección, el más alto de todos dentro de la Entidad, o sea, el Presidente turno y sus más cercanos. En sus decisiones no pesan tanto las decisiones profesionales de posibilidades de devolución del importe. Pesa la trascendencia política de conceder o no esas operaciones. En Valencia, por ejemplo, saben mucho de esto con las financiaciones sucesivas a clubs de fútbol a través de mecanismos de ingeniería financiera dignos de mejor fin.

En Caja Madrid, el último presidente que ejerció su función con criterio profesional, a pesar de ser nombrado ya por unos órganos completamente politizados, fue el antecesor de Miguel Blesa, Jaime Terceiro Lomba, en los tiempos de Joaquín Leguina al frente de la Comunidad de Madrid.

Fue propuesto formalmente por su antecesor, Felipe Ruiz de Velasco, que ocupó 12 años ese cargo y bendecido también por D. Mateo Ruiz Oriol, predecesor, a su vez, de éste. Y eso fue porque era el idóneo para ese puesto y así lo demostró
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Jaime Terceiro, como digo, a pesar de ser un nombramiento político, demostró su capacidad, tacto, pericia y prudencia. Expandió la Entidad por toda España pero manteniendo siempre los pies en el suelo en forma de altos ratios de solvencia.

Lo que vino después con Blesa fue distinto. José María Aznar colocó a su amigo de la juventud, incluso por encima del criterio de sus compañeros del Partido Popular, donde no fue muy querido, precisamente. Blesa resultó ser el típico nuevo rico, ese pirata al que todos imaginamos sonriente sobre un cofre lleno de oro en la Isla Tortuga disfrutando de todos los placeres terrenales y dejando que los doblones resbalen entre sus dedos. Se rodeó de brillantes profesionales pero los encaminó hacia el abismo.

Miguel Blesa cambió pronto eso que cambian siempre los nuevos ricos, las tres ces: casa, coche y compañera. Las tres salieron de Caja Madrid, por cierto. Lo que no se imaginaba cuando me firmó esa felicitación es que la impunidad iba a acabársele 12 años más tarde y de muy mala manera.
Para ser honestos, creo que es el único que sintió vergüenza, aunque tardía y mal gestionada. Y eso hay que reconocérselo.

Espero que esté donde se merezca.