Publicado en Minuto Crucial el 08/10/2024
Hace poco se le recordó a Sánchez el paralelismo
entre el nombramiento de Escrivá como gobernador del Banco de España y la
anterior designación de un ministro para el mismo cargo. Resulta que el
precedente más inmediato está en el franquismo, lo cual ya no nos parece
ninguna sorpresa en cuanto a los comportamientos de Sánchez. El mismo
tinte totalitario estamos viendo en el nombramiento de los máximos directivos
de organismos y empresas públicas. Son ya decenas los que están ocupados por
amigos y afines al “gran jefe”.
Pero no es el único parecido, aunque sea
importante. Otra cosa en la que también se parece Sánchez a Franco es en el
motorista. Los más viejos del lugar recordamos a ese personaje
entrañable que, procedente del Pardo y portador del cese firmado por el
Generalísimo, llegaba al ministerio de turno para comunicar oficialmente al
titular que dejaba de contar con la confianza del Jefe del Estado.
Pues bien, en vísperas del 41º Congreso Federal
del PSOE, que se celebrará en Sevilla en noviembre, el motorista de Sánchez
está haciendo horas extras. Para empezar, ya se lo ha mandado
oficialmente a Luis Tudanca, secretario general del PSOE de Castilla y León. A
Tudanca le han suspendido el proceso de primarias para el congreso regional del
partido con la excusa de que debe esperar al citado Congreso Federal. En la
práctica, esto significa que Sánchez necesita más tiempo para montar otra
candidatura que podría estar encabezada por la ministra de Igualdad, alguien
más afín al Jefe. Y no es que Tudanca no lo sea, que lo fue desde
antiguo, sino porque lo que busca Sánchez no es afinidad, sino seguidismo
incondicional y eterno. Resulta que Tudanca, en lo referente al
“cuponazo catalán”, ya ha mostrado su oposición, por lo que ha sellado su
destino en el PSOE castellanoleonés.
La próxima parada del motorista, más o
menos declarada, está más cerca de Moncloa. Juan Lobato padece el “síndrome de
Madrid”, del que adolece no solo él, sino todo el PSOE de la Comunidad y de la
capital de España. Dicho síndrome se llama inutilidad. Y es que aquí
da igual que pongan como candidato a Lobato, a Lobezno o al mismísimo Deadpool.
Madrid ha sido un cementerio electoral de líderes socialistas desde
1991 en la capital y desde 1995 en la Comunidad. Pero no es el fracaso lo que
más duele a Sánchez, como veremos más adelante: Juan Lobato, al igual que
Tudanca, también ha mostrado tímidamente sus reservas con el “cuponazo” y con
la amnistía, y eso es digno de que Sánchez le envíe a un ejército de
motoristas. Así que, como suele decirse, a Lobato le están segando la
hierba bajo los pies. Como ya dejé escrito, el muñidor de todo lo que pasa en
Madrid es Rafael Simancas, fervoroso sanchista, por lo que es seguro que ya
esté maniobrando para colocar al casi nonato Lobato donde no moleste y nombrar
al enésimo fracasador oficial en Madrid.
El caso de Lambán es singular porque no
va a necesitar motorista, pero casi. Lambán dejará el cargo, sobre todo por
motivos personales, en el próximo congreso autonómico. Pero, si no lo
hiciera, de todas formas sería defenestrado porque su oposición a las políticas
de Sánchez es muy sonada. En cualquier caso, la guerra en Aragón está
declarada, ya que las federaciones de Teruel y Zaragoza son “lambanistas” y la
de Huesca es “sanchista”. Es casi seguro que el oficialismo presentará
como candidata a dirigir el partido en la región a la ministra Pilar Alegría. Como
sabemos, el Consejo de Ministros es el mayor creador de empleo de España.De
aquí salen más puestos de trabajo que desde los servicios regionales de empleo.
Y luego tenemos dos casos singulares, los
de Barbón y García-Page. Lo que los hace especiales es que ellos son, junto con
Illa y Chivite, los dos únicos presidentes autonómicos que le quedan al PSOE.
García-Page es aún más singular porque es el único que lo hace con mayoría
absoluta y es más crítico con ciertas políticas de Sánchez que Barbón. Ellos
se sienten fuertes porque ganan las elecciones, lo que los hace diferentes a
Sánchez, que, aunque es presidente, lo es habiendo perdido. Y si
Sánchez odia a los que disienten, aún odia más a los ganadores, sean de otros
partidos o del suyo propio. Pero, en estos dos casos, no le va a servir con el
motorista; es muy probable que tenga que comerse estos dos sapos, que en sus
feudos no parecen tener contestación. Pero no hay que alarmarse: lo de
Barbón y García-Page es disidencia controlada. Son utilizados por el sanchismo
como pretexto para poder decir que en su partido hay democracia interna y
libertad de expresión. La prueba es que ninguno de los dos ha osado montar una
candidatura alternativa. A los dos se les va la fuerza por la boca.
De modo que el 41º Congreso Federal del PSOE
será, pues, muy “a la búlgara”, es decir, con solo un candidato ungido y
aclamado por los delegados, con un previsible 97,5 % de los votos. Se repetirán
las imágenes de los socialistas en pie, rompiéndose las manos en aplausos, con
María Jesús Montero al frente como “clap” oficial. Desde Sevilla, una
vez uniformizada aún más la dirección del partido, se extenderá el sanchismo
reverdecido hacia todas las “casas del pueblo” de España, enviando el mensaje
conciliador de “o estáis con Pedro o estáis contra el partido”. Y, la verdad,
hay pocas “Numancias” dentro del PSOE.
Aún no se han dado cuenta de que, presidiendo
solo cuatro autonomías, sin el control del Senado y con la gran mayoría de las
grandes ciudades en manos de la derecha, el poder ejercido por el PSOE lo es
solo por delegación temporal de los comunistas y nacionalistas, es decir, de
los enemigos de España. Han formado una sociedad simbiótica perfecta en la que
saben que, sin el otro, no tienen vida. Por tanto, lo que nos ha de preocupar a
los españoles es, sean cuando sean las próximas elecciones, esperar para darle
un mensaje muy claro a Sánchez en las urnas: que se vaya. Somos
nosotros los que tenemos que mandar un motorista a Moncloa. Tendremos que
hacerlo para exigirle que saque su colchón de allí y nos deje a los españoles
levantar la economía, la educación y la democracia. Y para fortalecer
la unidad, el respeto y el orgullo por nuestra historia y por nuestros valores,
así como la credibilidad internacional de España.