martes, 21 de diciembre de 2021

Ni Contigo ni sin ti.

Me van a perdonar si salgo un rato de la macropolítica y entro en la política de cercanías o distancias cortas. Si dejo de hablar del presidente del Gobierno, de sus socios o de la oposición y, con las gafas de cerca puestas, hablo del gobierno municipal del lugar en el que vivo, La Pobla de Vallbona, un agradable pueblo de 26.000 habitantes a 20 Km de Valencia. O no, porque a lo mejor resulta que hablo de lo mismo de siempre solo que con menos ceros. Quizá es que los protagonistas tienen otros nombres, pero los mismos defectos. Bueno, que no lo sé… Yo se lo cuento y ustedes juzgan, que ya son mayorcitos.

Resulta que en las últimas elecciones municipales se presentó aquí el partido “Contigo somos democracia” o, simplemente, Contigo. Este partido empezó, por ahorrar líneas, como un aluvión de desertores de otros como Ciudadanos, UPYD, alguno del PSOE, partidos locales, etc. Cogieron lo peor y más rastrero de cada casa en general. En algunos casos recauchutaron gente que había abandonado UPYD y luego Ciudadanos, o sea, dobles graduados en traición, culos de muy mal asiento, escasa firmeza de ideas y unas concentraciones tan altísimas de autoestima como escasas de vergüenza. Con estos mimbres, se lanzaron a por el voto “de centro” en muchos lugares, aprovechando el hueco dejado por esos dos partidos principalmente. Y con esas premisas, aquí pusieron como mascarón de proa a un chaval del pueblo, de entonces unos 20 años, que tiene detrás un entramado familiar y social suficiente como para obtener 600 votos, cantidad necesaria para conseguir una concejalía aquí.

Dicho y hecho: en 2019 sale elegido Jaime Ruix en las listas de Contigo. Y CUPO, un partido local desideologizado, centrado originalmente en urbanizaciones, pasa de dos concejales a uno, en parte también por estos votos perdidos. Gran éxito de la familia y amigos antedichos. Pero fracaso para el centrismo, como ahora se verá. La concejalía de Ruix no resultaba necesaria para la formación de la mayoría, compuesta principalmente por Compromís y PSOE, en las antípodas ideológicas de un partido como Contigo, además de CUPO. Pero hete aquí que el niño salió “bizcochable”, o sea, receptivo a las tentaciones. Así que es nombrado sorpresivamente parte del gobierno municipal como concejal de Movilidad, Fallas y Juventud. O sea, concejal de fiestas y el que cambia de sentido las calles, pinta carriles bici y gestiona el bus municipal, algo de una dificultad titánica al alcance de muy pocos. Resultó así que un partido nacido de la centralidad política se coaliga aquí con los nacionalistas del peor pelaje y exaltadores de la diversidad como arma política para sus fines separatistas.

Ejemplo de ello fue, por ejemplo, una de sus intervenciones más vergonzosas en el Pleno Municipal, en la que, como respuesta a la petición por parte de VOX de que las señales de tráfico, además de en valenciano, se rotulasen en castellano (propuesta que también hicimos desde UPYD años atrás con el rechazo del nacionalismo), el niño en cuestión contestase que no hace falta rotularlas en castellano porque “las señales ya las entiende todo el mundo con el pictograma”. De haber tenido yo ocasión, le habría recriminado que tratara de imbéciles a los valencianoparlantes que, por lo visto, cree él que no entienden el pictograma y hay que explicárselo en su idioma.

Hago un inciso más personal para decir que hace algo más de un año (mi memoria no es lo que era como para precisar más ni tampoco quiero hacerlo), se puso en contacto conmigo un dirigente de su partido a nivel nacional, interesado en si yo estaría dispuesto a colaborar con ellos de alguna manera porque tenemos ideas coincidentes. Dicha persona, de trato cercano y muy razonable, me merece todos los respetos.

Mi respuesta fue, desde luego, que no, por varias razones. La primera es porque tienen al mando a personajes abyectos como José Enrique Aguar, ex del PSOE y de Ciudadanos, tránsfuga de profesión y arribista cum laude, que intentó sin éxito entablar relación en su día con UPYD. Se nos colaron algunos, pero ese no. La segunda, porque, como dije al principio, es un partido trufado de gente así: rebotados de mil y un sitios, sin ningún proyecto que no sea el personal y con una mano constantemente en el bolsillo empuñando una navaja abierta. La tercera es porque estoy bastante hastiado de la participación política activa. En su día, en UPYD obtuvimos 900 votos en este pueblo en unas elecciones europeas y luego ese esfuerzo se ha ido en toda España por el desagüe del conformismo o los cantos de sirena. El votante decidió abandonar la racionalidad y castigar una opción como la nuestra, integradora, europeísta, fresca, democrática, centrada en lo común, alejada de victimismos y divisiones artificiales y profundamente honesta y regeneradora. Así que me siento bastante poco motivado para luchar por quienes no quieren luchar por sí mismos y tragan, una tras otra, con todas las mentiras sentimentaloides que se lanzan desde casi todos los partidos actuales.

Y la cuarta y última, porque conocía perfectamente la situación de su partido en esta localidad y la deriva que Jaime Ruix había seguido, encaminada desde el primer día a hacer de mamporrero del nacionalismo. De hecho, le dije a la persona que me llamó, y creo que son palabras textuales, que “vuestro concejal aquí es más de Compromís que los de Compromis” y que no entendía cómo habían elegido a este personaje para encabezar su lista. El hombre, al que no citaré por razones evidentes, no tuvo más remedio que darme la razón en todo prácticamente porque estaba bien enterado de la situación aquí y en toda la provincia de Valencia.

Pues bien, resulta que el niño ha salido, como era previsible, otro culo de mal asiento y, ¡oh, sorpresa!, se ha convertido en tránsfuga. O sea: abandona el partido pero no la concejalía ni el sueldo que ello conlleva, sueldo que se han aumentado dos veces en esta legislatura. No debería decir que me alegro, pero es que resulta que sí que me alegro. Me encanta tener razón, no puedo evitarlo. Y más en ciertos casos. El niño en cuestión, con todas sus huestes, ha abandonado el partido con armas y bagajes porque dice que no quiere “estar supeditado a una ideología nacional”. Como si pudiese existir municipalismo sin política nacional, sin visión de estado y sin defensa de derechos comunes. Como si pudiese uno centrarse en reformar su casa cuando el edificio en el que se encuentra está siendo desmontado y destruido cada día por los mismos que reforman tu casa.

Así que anda pensando en constituir una agrupación de electores, otro partido local (la puntilla para CUPO, por si no tenían bastantes problemas), presentarse en coalición con otro (no puedo adivinar con cual…) o lo que sea.  Lo que sea con tal de seguir chupando del bote, que es lo que cierta gente no puede dejar de hacer una vez ha visto el color del dinero. Así que, señores, con todos estos datos, ahora juzguen ustedes si la traición, la mentira, el ansia de poder o la sumisión al nacionalismo centrífugo y antiespañol es un problema nacional, autonómico o local. Yo creo que es todo ello junto, pero… ¡qué sabré yo!


viernes, 3 de diciembre de 2021

Morir por Danzig

 Publicado en Minuto Crucial el 9/11/2021.

El 1 de septiembre de 1939 las tropas alemanas atacan Polonia con la excusa de liberar Danzig (o Gdansk, en polaco), ciudad portuaria de población mayoritariamente germana que quedó bajo administración de la Sociedad de Naciones y soberanía polaca tras el Tratado de Versalles de 1919, al término de la Gran Guerra. Este fue el detonante de la declaración de Gran Bretaña y Francia a Alemania, que daría comienzo oficial a la II Guerra Mundial. Las democracias occidentales, que habían transigido cobardemente con la invasión nazi de Austria y Checoslovaquia, encontraban al fin la lucidez. 15 días más tarde, Polonia también fue invadida por la URSS, en virtud del tratado que habían firmado soviéticos y alemanes. Dejó de existir como estado en menos de un mes.

Hoy, Polonia se constituye de nuevo en víctima de un ataque planificado. Las guerras de hoy no son convencionales. Como en España también sufrimos, los enemigos de occidente no usan ahora tropas y tanques. Utilizan ataques informáticos, atentados, sabotajes, noticias falsas, quintas columnas, manipulación de masas y, como guinda, el envío de emigrantes utilizados para desestabilizar al enemigo. Un día es Turquía, otro es Marruecos y, ahora es  Bielorrusia quien nos chantajea, que no es sino un protectorado de la Rusia neosoviética de Putin.

Independientemente del concepto que tengamos del sistema político actual de Polonia, manifiestamente mejorable en cuanto a manipulación de la Justicia y derechos LGTBI, este país, junto con Hungría, Eslovaquia y la República Checa, se ha convertido en baluarte contra la inmigración ilegal y las consecuencias de la misma, que ya sufrimos en muchos países europeos, desde Suecia a España, pasando por Bélgica, Reino Unido o Francia.

Por eso urge desde esta anquilosada, torpe y neoprogre Unión Europea, ofrecer su total apoyo a Polonia en este vil ataque de las dictaduras rusa y bielorrusa imponiéndoles más sanciones. Están en juego nuestra propia razón de ser y de existir, nuestros valores, nuestras tradiciones y nuestras libertades.

Durante la pasada invasión a Ceuta por parte de 10.000 marroquíes, con el total apoyo del gobierno del sátrapa Mohamed VI, Polonia nos ofreció tropas para defendernos. Hoy, en justa reciprocidad, toda Europa debe colaborar activamente, a demanda de lo que pidieran las autoridades polacas, para enviar tropas a sus fronteras del este.

No somos conscientes de que Occidente está siendo atacado e invadido de todas las formas posibles y por todas las vías existentes, como se ha visto este fin de semana en el aeropuerto de Palma. Nuestros enemigos comunes son el comunismo y el islamismo. En la frontera polaca con Bielorruria, esos enemigos se han aliado. Son unos los que han trasladado a los otros en aviones desde otros países por avión para llevarlos a nuestras fronteras.

En su día permitimos la invasión de Crimea por Rusia sin pestañear, como se permitió hace 83 años la invasión nazi de Austria y Checoslovaquía. No podemos extrañarnos de lo que venga después porque ya sabemos lo que es. Está en los libros. Lo siguiente, tras las nada veladas amenazas chinas, será  Taiwan, un país democrático al que quiere engullir la tiranía comunista china.

Entonces murieron por Danzig 60 millones de personas. Mejor dicho, por la defensa de la libertad, por la democracia y por la supervivencia de Occidente que representaba entonces, igual que ahora, Polonia. ¿Estaremos dispuestos hoy a morir de nuevo por Polonia, por Ceuta o por Taiwan? Mejor dicho, ¿estaremos dispuestos a morir por nuestra propia supervivencia?

 

sábado, 6 de noviembre de 2021

EL TERRORISTA BOYE

Publicado en Minuto Crucial el 29/10/202021



1988. Durante 249 días de ese año, el empresario Emiliano Revilla estuvo secuestrado por ETA en un zulo bajo una vivienda de la calle Belisana, cerca de Arturo Soria, en Madrid. A menos de 100 metros, un familiar mío tenía allí su casa. Alguna vez en aquellos días estuve yo en ella sin que fuéramos conscientes ninguno del calvario que estaría pasando tan cerca de nosotros ese hombre. Suplicio que sólo acabó con el pago de una cantidad a ETA que, según algunas fuentes, habría rondado los 1000 millones de pesetas y otras aventuran en el doble.

El que sí era muy consciente de aquel sufrimiento era Gonzalo Boye, un por entonces veinteañero chileno miembro de un grupo terrorista de su país, el MIR, que fue detenido en 1992 en Madrid y condenado en 1996 por colaborar en el secuestro del empresario soriano. Por esa acción recibió un suculento pago de ETA, según se dice en la sentencia. Fue condenado a 14 años de prisión y al pago de 200 millones de pesetas que no consta que haya realizado. Emiliano Revilla nunca se los reclamó.

Estamos hablando del mismo Gonzalo Boye que ahora es abogado de Valtonic, Puigdemont y, según hemos sabido estos días, también de Alberto Rodríguez, exdiputado de Podemos. Se sacó su carrera de Derecho en la cárcel, donde descubrió que la mejor forma de atacar nuestro sistema democrático es desde dentro y en la que, como el conde de Montecristo, tuvo tiempo de planificar su venganza, en este caso, contra el país que lo acogió.  Ha sido abogado, entre otros, de Marcial Dorado, el narco gallego que apareció en una foto con el ahora presidente de la Junta de Galicia, Feijóo. También lo fue de ultraderechistas colombianos y en su despacho ha colaborado como perito informático el también ultraderechista Emilio Hellín, asesino de Yolanda González en 1980. De modo que su militante izquierdismo tiene, como casi todo en esta vida, un precio valorable en billetes.

Cuando se le cita en los medios, nunca se alude a su pasado. En mentideros de juristas y periodistas se le tiene por persona peligrosa y vengativa. Incluso, al parecer, es posible que se haya dedicado a demandar con cantidades millonarias a periodistas que sacaban su historia a relucir para reclamarles un presunto “derecho al olvido”. O sea, que no le interesa que se lo encasille por su pasado.

Lo que pasa es que a lo mejor es el futuro el que se va a empeñar en recordarnos quién es en realidad, porque es posible que acabe en la cárcel de nuevo. Está imputado por blanqueo y falsificación en un caso contra uno de sus “insignes” clientes, el narco Sito Miñanco. La lista de  esos clientes, como vemos, no parece la típica de un activista de izquierdas: narcos, asesinos, golpistas… La pena podrían ser otros 6 años en los que, posiblemente, le daría tiempo a sacarse otra carrera. En esa cabeza cabe todo.

Por todo ello, sorprende quizá que una persona como Alberto Fernández, que se dice pacífica e inocente del delito de haber pateado a un policía recurra a este personaje. Bueno, digo yo que a alguno le sorprenderá, a mí no. En Podemos y en el resto de la izquierda radical llevan muy a gala lo de ser antisistema y eso no se queda en meras actuaciones pacíficas o declaraciones. Ahí tenemos a Isa Serra,  Rita Maestre o “el Pancetas” del SAT como ejemplos.

La izquierda que tenemos hoy no tiene nada de social ni de moderna sino mucho de violenta y profundamente atrasada y brutal. No es la izquierda alemana ni la francesa. Ni es el laborismo británico ni tampoco nada parecido a los demócratas norteamericanos. Es algo muy similar a la izquierda iberoamericana, trufada de odio, de resentimiento y de violencia. De esa izquierda profundamente antiespañola y radical llegaron el propio Boye, Pisarello, Echenique o Dante Fachín, entre otros. Tenemos una izquierda que no quiere construir nada sino tras haberlo derribado todo antes.

Un día aclaman las lágrimas de cocodrilo de Otegi y al otro salen a la calle a defender a los presos etarras que, para ellos, no están en la cárcel por asesinos sino que son “presos políticos”. También, en definitiva, es una izquierda que defiende a narcotraficantes a la vez que pide la legalización del cannabis. Todo en ellos es muy coherente…

Lo mejor que podemos hacer es encerrarlos lo antes posible porque, si no, acabaremos encerrados por ellos, como Boye hizo con Emiliano Revilla y como Otegi hizo con Luis Abaitua.  Eso, si no nos matan antes, porque estamos en manos de terroristas y nosotros mismos, con nuestra indolencia, nos ponemos el cañón de su pistola en nuestra sien.

El agujero del donut

Publicado en Minuto Crucial el 15/10/2021

 

Si España fuera un donut, Madrid no existiría. Esa frase taaaaaaaan ingeniosa la hemos oído desde siempre a periféricos más o menos achispados. A personas que cargan contra “Madriz” o “Madrit” con una falsa superioridad que, en realidad, responde a envidias o complejos que sus psicólogos no han sabido tratar. Ser la capital desde 1561 no es gratis y escuchar estas idioteces forman parte del precio que los madrileños pagamos por ese pecado. Eso y ser el manifestódromo de todos los ofendiditos nacionales e importados.

Los escasos y cortos periodos en los que, desde entonces, estuvo fuera la capitalidad fueron bien por los intereses especulativos del Duque de Lerma, bien por la guerra contra el francés de 1808, con las Cortes de Cádiz, o durante la Guerra Civil, cuando el gobierno republicano se trasladó a Valencia como paso previo a su obligado exilio. Fuera de esos 3 breves periodos, en Madrid se ha concentrado siempre la administración del Estado. Una decisión racional motivada sobre todo por la situación geográfica dentro de la península ibérica y que buscaba, precisamente, servir de unión y contrapeso necesario entre diversas partes de España.

Pues bien: hete aquí que, en lo que muchos consideran el estado más descentralizado de Europa, el Gobierno actual considera necesario el traslado físico de organismos, instituciones o empresas públicas a otros lugares. Las razones que esgrimen son dos, a cual más torticera: Por un lado aseguran que es para que toda España se sienta partícipe del Estado y apoyar la concordia y, por otro, para combatir ese falso concepto tan “2030” que es el de la “España vaciada”.

Y ambas cosas son mentira. Por un lado, el que haya un menor sentimiento de españolidad no es culpa de que las instituciones estén en Madrid. Es culpa de una política errada (y también herrada)  de abandono de lo que nos une. El otorgar a los presidentes autonómicos la representación del Estado en sus territorios, como dice la Constitución, no ha servido más que para que desde sus cargos se pueda dinamitar el Estado mismo y sus fundamentos, como se ha visto en Cataluña y se ve cada día desde Asturias a Baleares y desde el País Vasco a la Comunidad Valenciana.  Por ejemplo, Urkullu, que no se siente español sino sólo vasco, o Aragonés, que no se siente español sino sólo catalán, no pueden ser los representantes del Estado en sus territorios. Que ya sólo esas declaraciones deberían bastar para inhabilitarlos.

Por otro lado, lo de combatir la despoblación de las zonas rurales no se hace llevando la Dirección General de Política Energética y Minas a León o la Secretaría General de Pesca a Sanlúcar de Barrameda. Entre otras cosas porque no lo van a hacer. Es una falacia pensar que, como si esto fuera la China de Mao, se puede trasladar a miles de funcionarios de un lugar a otro sin protesta alguna. Como si al señor que opositó y trabaja para el Museo de Arqueología de Madrid, le venga estupendo trasladarse a Fregenal de la Sierra, por otra parte, precioso pueblo pacense.

Nos quedaremos sin ver el Traslado de Ministerio de Defensa a Melilla;  el de Interior, al Barrio del Raval, antiguo “barrio chino”, en Barcelona; el de Universidades, a las 3000 viviendas de Sevilla; el de Trabajo, a Marinaleda; el de Justicia, a Hernani; el de Cultura, a Magaluf  o la Secretaría de Estado Turismo a Benidorm.  O a lo mejor es que van a obligar, por decreto, a trasladar las funciones de ‘El Rey León’ (diez años lleva ya) a otros lugares. Importantes ciudades en las que algunos otros musicales que han durado también años en Madrid, o incluso han estado varias veces, han aguantado sólo 2 semanas y sin llenar. ¿De eso también tenemos la culpa en Madrid?

Y no, tampoco es eso lo que quieren. Lo que van a hacer los mismos que lamentan la fuga de empresas  privadas de Cataluña es trasladar las públicas, o los organismos que deseen, a sus nichos de votos. No a pueblos o ciudades pequeñas para beneficiarlos, sino a lugares importantes y ya poblados  cuyo voto interesa fidelizar para beneficiarse ellos. Por ejemplo, a Valencia. Es prácticamente seguro que en el próximo Congreso del PSOE, a celebrar en esa ciudad, se anunciará algo en este sentido, así que no se rían de lo Benidorm que dije antes. No es la valenciana, precisamente, una comunidad con problemas de despoblación. Lo que si sucede es que las encuestas dan un empate técnico en las próximas elecciones, con grave riesgo de que una alianza PP-VOX acabe con el vergonzante pacto del Zoológico, digo… del Botánico.

Es sólo ese interés electoral el que mueve todas y cada una de las decisiones de este Gobierno. El mismo interés que hace que haya ido su presidente cuatro veces a La Palma pero que no fuera ni una sola al Zendal, a los hospitales de Madrid en pandemia  o a inspeccionar los daños causados por Filomena.

No quieren descentralizar. Quieren comprar votos. Si quisieran ayudar a la España despoblada, fomentarían las comunicaciones en una Extremadura que aún tiene vías de tren del s. XIX y llevarían el AVE a Portugal, nuestro hermano atlántico. O fomentarían la extensión de nuevas tecnologías a zonas rurales, crearían semilleros de empresas de industria agropecuaria en Andalucía, Castilla y León o Aragón.  O fomentarían la creación de filiales de grandes empresas en territorios menos poblados, asegurando un mejor trato fiscal, excelentes comunicaciones y facilitando infraestructura y suelo gratis, que lo hay en abundancia, durante 40 o 70 años,  sin pasar por las miles de ventanillas locales, provinciales, autonómicas y nacionales que son necesarias para cualquier trámite. Hay muchas cosas que se pueden hacer y que no harán.

Nada queda hoy de aquel espíritu de la Generación del 98, la que, desde todas partes de España, buscó definir su identidad centrándose en Castilla, en sus gentes  austeras, en sus costumbres, en su tradición y en sus llanuras ya entonces despobladas. Ahora es un insulto común entre los independentistas catalanes, cuyos votos sostienen a este gobierno, llamarnos a los demás “castellanos”, con ese retintín que les sale del odio inoculado lentamente durante los últimos 40 años y permitido por gobiernos indolentes del PP y cómplices del PSOE.

Como dice Ayuso, a Madrid lo dan ya por perdido. Ya sólo les queda rentabilizar esa pérdida despedazándolo  y repartiendo sus miembros entre los secuaces, que esperan con las fauces abiertas, del Gobierno más antiespañol, más cobarde y más traidor que hemos tenido desde Fernando VII.

La vivienda, como bien social.

Publicado en Minuto Crucial el 08/10/2021.

 

Nuestra Constitución, como casi todas, es una transcripción literal de derechos fundamentales mezclada con generalidades engoladas, indefiniciones calculadas y errores de apreciación. Todo ello choca con la excesiva reglamentación de algunos asuntos que debería dejarse para los desarrollos legales. Fruto de todo eso es, además de muchas otras cosas, el artículo 47, que dice: “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción urbanística de los entes públicos.”

Casi todos los constitucionalistas están de acuerdo en que esto es un “desideratum”, un deseo o aspiración al que debe tender el ordenamiento general de la sociedad. Pero es que los hay que leen esto y, con las entendederas que la Naturaleza les ha dado, creen que donde dice “derecho” debe poner “obligación de los demás a darme por la cara”. Y no es así.

Por supuesto que la vivienda forma parte de los derechos fundamentales del hombre aunque no de forma directa sino indirecta. El Estado ha de proveer al individuo de unas oportunidades en las que él pueda disfrutar de ella con sus propios medios. Y eso es lo que dice el art. 25 de la Declaración Universal de los Derechos del Hombre:  “Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.” A lo que está obligado el Estado es a eso, a facilitar un medio social y económico en el que desenvolvernos laboralmente para acceder a la vivienda.

Pero es que también parto de la base de que no considero la vivienda como un bien más de mercado, como una mercancía. En eso me distancio mucho de los liberales clásicos. Cuando una administración local desarrolla un plan de urbanismo y planifica una zona de nuevas viviendas en un bien limitado como es el suelo, no podemos estar en manos de especuladores que lo acaparen y perviertan el destino de ese suelo. La vivienda ha de tener distinto tratamiento mercantil del que deben tener el resto de bienes. No es un bien como otro.

Por ello, se ha de regular que los grandes tenedores de viviendas pongan lo antes posible las mismas en el mercado y a precios accesible y hay que incentivar fiscalmente el alquiler tanto para el inquilino como para el propietario, además de darles a ambos garantías y estabilidad. Quien tiene docenas de viviendas para negociar con ellas debe aceptar que la administración marque unas reglas mucho más estrictas de lo que lo hace con otros bienes porque en España el acceso a la vivienda es extremadamente difícil para mucha gente y especialmente los jóvenes. Y parte de la función del Estado, obligada por ese artículo 47, es esa.

Sin embargo, esto no debe ser igual con los pequeños, que yo definiría como quienes tienen hasta 5 viviendas en propiedad. A ellos, además de ofrecerles los beneficios fiscales antedichos, no les establecería ninguna obligación ni prohibición en cuanto a qué hacer con ellas y sí habría que insistir en su protección como propietarios en cuando a los problemas que puedan ocasionar inquilinos morosos. Todo de cara a promover, pero no obligar, a la puesta en alquiler de sus viviendas.

Pero esta intervención en el mercado de la vivienda no es más que un parche, no es la solución al problema de la misma. La solución sólo pasa por un plan de construcción y compra de viviendas para la creación de un parque público de alquiler que, de forma transparente, sirva para la emancipación de los jóvenes y de quienes se juzgue oportuno que lo disfruten.

Esos contratos de alquiler a precios sociales deben ser temporales, nunca permanentes salvo por razón de la elevada edad del inquilino o situaciones de dependencia o asimilables. Y las revisiones estarían sujetas a que subsista la situación de necesidad. No deben volverse a cometerse dos errores que, entre otros, propiciaron la subida del precio de las viviendas en España, que fueron la desgravación fiscal, incluso por segunda vivienda, y la construcción de vivienda social para su venta.

Por otra parte, un intervencionismo de los precios en el mercado de alquiler, sin otras medidas accesorias de ventajas fiscales y garantías a los propietarios frente a los inquilinos, sólo puede propiciar, como ha sucedido ya en Berlín o Barcelona, el efecto contrario al buscado: la contracción de la oferta y la subida de precios. Y la regulación que propone el Gobierno va, por desgracia, en esa línea. En esto son tan inútiles como en lo demás. Ninguna sorpresa.

 

 

 

miércoles, 29 de septiembre de 2021

TODOS A LA CÁRCEL II

Publicado en Minuto Crucial el 24/09/2021

Estamos asistiendo al rodaje de la segunda parte de la película más berlanguiana de Berlanga. El maestro lo tendría hoy muy fácil para dirigirla. Sólo hay que ir al Congreso y gritar ¡acción!

Tenemos un gobierno con una extraña relación con las cárceles. Desea tipificar como delitos los de apoyar al bando ganador en la Guerra Civil, lanzar piropos por la calle o que los médicos se nieguen a abortar. A la vez, lo contrario: dejar de considerar delitos la quema de banderas españolas o los insultos al Rey. También hay en el Gobierno, y entre quienes lo apoyan, el deseo de ilegalizar partidos plenamente constitucionales sólo porque practican una oposición contundente, como la que casi nunca, con la excepción de UPYD y de unos pocos en el PP, han tenido en frente. De seguir así, dentro de poco será delito negar el cambio climático, llamar moros a los moros o defender el papel de España en el Descubrimiento de América.

Y por otro lado, y aquí está la paradoja, su continuidad depende también de las cárceles. Tiene ahora mismo al menos tres frentes carcelarios con grandes posibilidades de dinamitarlo hasta los cimientos: una ministra investigada por traer ilegalmente a un terrorista saharaui, un bolivariano pendiente de extradición que sabe mucho de la financiación de Podemos y, para colmo, a Puigdemont en Cerdeña, que es como una bomba colocada bajo la mesa de “negociación” con el Gobierno de la Generalidad, como aquella que colocara Claus von Stauffenberg bajo la mesa  de Hitler en la Operación Valkiria.

El gobierno más indigno de la Historia reciente de España, dirigido por el mismo partido de Filesa, GAL, Roldán, ERES, Faffe…  ahora depende más de la Justicia que de los votos. Mejor dicho, de que NO haya justicia. Así se entiende mucho mejor el deseo irrefrenable de los partidos en el Gobierno por controlarla. Y el de los medios de comunicación subvencionados y la asociación de “Jueces contra la Democracia” para poner a los suyos al mando.

Si estos tres frentes, y alguno más, se le ponen cuesta arriba, es más que probable que tengamos elecciones la próxima primavera. No podemos tener impunemente un Gobierno que introduce ilegalmente a terroristas en España o recibe financiación ilegal de Venezuela o Ecuador. Y lo de Puigdemont podría ser, probablemente, un obstáculo tanto para la pretendida mesa de negociación (rendición, más bien) como para la elaboración de los presupuestos. Con Puigdemont en Estremera y las hordas lazis quemando la calle un día tras otro, a ver qué partido nacionalista va a ser el guapo de prestar su voto a Sánchez para los presupuestos. Ni catalán, ni vasco, ni valenciano ni gallego. Y los necesita a todos.

Así que, como de costumbre, tenemos que confiar más en la Justicia que en los electores para desalojar al bellaco de la poltrona monclovita. Si por sus electores fuera, España se dividiría en las ocho naciones que ha contado Iceta, con sus ocho empresas públicas de energía, ocho ministras de igual-dá, ocho selecciones de fútbol y ocho presidentes con pensión permanente revisable al alza, como Sánchez y Aragonés. Por cierto, esa pensión vitalicia bien vale una reverencia a la bandera regional catalana mientras se quema impunemente la española todos los días en Cataluña.


LA MESA DEL MONÓLOGO.

 Publicado en Minuto Crucial el 17/9/2021


Ya hemos tenido la primera sesión de esa mesa tan deseada por el nacionalismo, la de la postración del Estado ante los independentistas catalanes. Su sola celebración ya supone un triunfo para ellos, como así se han encargado de repetir engolados hasta el cansancio. Y lo es porque esa negociación da carta de naturaleza al “conflicto”, esa palabra ya usada por los etarras para definir lo que no era más que su lucha terrorista contra la democracia. El mismo pretendido conflicto entre Cataluña y España que, en realidad, es una declaración de guerra permanente entre una mitad de Cataluña a la otra mitad y al resto de españoles. Esa mesa es como la Rendición de Breda pero al revés: España postrada ante sus enemigos.

El nacionalismo es un pozo sin fondo y ninguna negociación, cesión, componenda o arreglo temporal logrará apartarlo de su último fin que es la independencia. Pero no hablo sólo del catalán. Hablo también del resto de movimientos periféricos y centrífugos que van desde el BNG a Compromís pasando por el PNV. Todos ellos apoyado por personajes socialistas tan nefastos y antiespañoles como Francina Armengol, María Chivite o Ximo Puig, que asientan su poder local en el apoyo del nazionalismo excluyente y en el comunismo de las franquicias de Podemos.

El siniestro Iceta, el que ha contado las naciones que hay en España y al que le salen nada menos que ocho, ha comparado este proceso con las negociaciones tras la guerra del Vietnam. Sin reírse nada. Pues no, ahí le ha debido bailar el año. La comparación correcta debe ser con los pactos de Munich de 1938, en los que Francia e Inglaterra entregaron lo que no era suyo, Checoslovaquia, a Hitler para intentar contentarle. Aquí pasa igual: Sánchez amaga con querer entregar lo que no es suyo, la soberanía nacional, a los golpistas catalanes para ver si se aplacan. Y no, no se aplacarán con nada que no sea el reconocimiento de lo que no fueron nunca, una nación, y la independencia, algo que tampoco tuvo Cataluña jamás.

Así que no hay que equivocarse. Esto no es un asunto de buenas intenciones traicionadas. El fondo aquí es que, como en la mesa de la última cena de Jesucristo, todos deberían sentarse en el mismo lado. Todos en la mesa comparten la idea de que los españoles hemos de ceder cosas fundamentales para que los nazionalistas no echen de nuevo, como decía mi padre, el carro por el pedregal. Que será inútil el intento porque terminarán echándolo.

Sánchez es seguramente más listo que los independentistas y también los venderá a ellos. A pesar de estar ideológicamente de acuerdo, como lo expresa su definición de España como “plurinacional”, está haciendo todo este paripé para  alargar la legislatura lo más posible y recoger los frutos electorales de una previsible recuperación económica mundial. Y después, a pocos meses para que finalice, romperá ofendidísimo la mesa y se declarará lo que no es, un patriota español, para intentar recoger de nuevo el voto del centro izquierda, tradicionalmente aborregado, que se hinchará de decirnos “¿Lo veis? ¿Veis como no es un vendido antipatriota?”. Pues no, no lo vemos. Y no lo vemos porque sí lo es. Es un traidor de tomo y lomo que vendería hasta a su señora madre con tal de mantenerse un día más en el cargo, cosa que no es nada previsible a partir de que acabe la legislatura, día en el que Sánchez pasará, como expresidente, a disfrutar de un sueldo vitalicio y una prebendas que jamás mereció.

A la hora de escribir esto, el CIS de Tezanos, con el desahogo que le caracteriza, se atreve a pronosticar un aumento de votos para el PSOE y una disminución para el PP. Eso, con el mismo desparpajo con el que nos amenazó en abril con una victoria de la izquierda en las elecciones del 4 de mayo en Madrid. Ni Rapel, Aramís Fuster o la bruja Lola juntos tienen tanta desvergüenza. No tienen en cuenta en absoluto la cantidad de españoles de bien que, desde todos los rincones de España, están cada día más asqueados de ese grupo de indeseables que está a los mandos.

En resumen, en esa amplia mesa no estará Cristo pero todos serán Judas. El vino será la sangre de los españoles que la derramaron por la unidad y permanencia de España, nuestros derechos y tradiciones y el pan será nuestra carne lacerada por las mentiras y los insultos de todos ellos. Eso, mientras se lo consintamos, claro.